Háblenme de amor

Porque si hay alguien que sabe del amor es el Padre

Cuando el apóstol Pablo habla delamor, nos habla del amor de Dios. No del cariño de un padre por sus hijos, ni de una esposa por su marido. No es del cariño humano. Es del amor de Dios. Pocos versículos de la Biblia nos hablan tan claro de esto como en el libro de Juan. Juan 3:16 es una cita que hemos leído, oído y predicado cientos de veces y cada vez que lo hablamos luce más y más lindo:Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna”.

¡Tanto amó Dios al mundo! ¿Qué mundo ama? Un mundo impío que le ha dado la espalda, que lo ha traicionado y lo ha injuriado. Sin embargo, tanto amó Dios a ese mundo perdido, enemigo suyo, que nos ha dado a su Hijo Unigénito. ¡Qué maravilloso regalo nos dio! Regaló su Hijo a un enemigo. Dio su propio Hijo en sacrificio para que todo el mundo que crea en ese Cristo maravilloso, tenga la oportunidad de ser salvo. Todo el que creyere en Cristo, en el sacrificio que hizo en la cruz, en la sangre que vertió en el Calvario, no se perderá, sino que tendrá vida eterna. Dios le dio vida a través de su Hijo a sus enemigos, a los impíos más grandes, a los blasfemos, a los idólatras, a los hechiceros y a cuanto pecador hay aquí abajo en la Tierra. Y nos dio vida al sacrificar a su propio Hijo. Eso es amor.

Es más grande que dar limosna. Cualquier rico da limosna de lo que le sobra, eso no es amor de Dios. Él dio lo que más amaba, lo más grande en el cielo, su Hijo. Así es su amor. La naturaleza de Dios es su amor. Lo que Él realmente es, respira, habla, piensa y ejecuta es amor. El amor de Dios en nosotros es la disposición de perder lo que más amamos con tal de que se salve alguien que está perdido. Eso fue lo que el Señor hizo.

Moisés estuvo dispuesto a dar su vida por el pueblo de Israel porque tenía amor de Dios. Al conocer que el Señor estaba tan airado por tanto pecado de Israel y que Dios le había dicho que destruiría el pueblo, Moisés se para en la brecha y le dice: “¡Qué pecado tan grande ha cometido este pueblo al hacerse dioses de oro! Sin embargo, yo te ruego que les perdones su pecado. Pero si no vas a perdonarlos, ¡bórrame del libro que has escrito!”(Éxodo 32:31-32).

En otras palabras le dijo: “Mándame al infierno antes de destruir a este pueblo”. Moisés estaba dispuesto a darse porque tenía el amor que se da, que se entrega a sí mismo por los demás. Dios iba a destruir el pueblo de tal forma que ni su nombre iba a ser recordado (Deuteronomio 9:14). Pero por la intercesión de Moisés, no lo destruyó.

Cuando el amor de Dios se mueve a toda plenitud salva, sana y a hace obras increíbles. Cuando ese amor se manifiesta en nosotros, este mueve al Señor porque es su propia naturaleza que se manifiesta en nosotros actuando. El amor de Dios es un anhelo sobrenatural que se manifiesta a través de nosotros, que viene directo del cielo para que se salven los perdidos, los hundidos, los que van rumbo a la condenación.

En 1 Pedro 4:8 leemos: “Sobre todo, ámense los unos a los otros profundamente, porque el amor cubre multitud de pecados”. ¿A qué amor se refiere? ¿Cuál es el amor que cubre multitud de pecados? Santiago 5:20, contesta esta pregunta:“recuerden que quien hace volver a un pecador de su extravío, lo salvará de la muerte y cubrirá muchísimos pecados”.

Ahí vemos cuál es el amor que cubre el pecado de los que se pierden. Es el amor que se da; el que hace que uno se mueva en busca de los perdidos. Es cosa maravillosa lo que dice Santiago: que podemos salvar de muerte las almas. ¿Y cómo es esto? Pues porque Cristo es la puerta a Dios, pero nosotros somos la puerta a Cristo. Somos los instrumentos que, usados por el Espíritu Santo y llenos de su amor, no nos cansamos de procurar que los pecadores procedan al arrepentimiento.

Hay gente que dice: “¿Por qué yo tengo que convertirme si nunca le he hecho mal a nadie?”. Eso no es amor de Dios, son buenas cualidades. El amor divino es un anhelo sobrenatural de que se salve la humanidad, que los perdidos escapen del infierno. Es un anhelo de que se manifieste lo eterno. La limosna es algo precioso, pero eso no es eterno, ella por unos días satisface la necesidad de alguien y luego vuelve a las mismas condiciones. El amor de Dios satisface lo eterno, trae a manifestación lo que va a permanecer para siempre. Los milagros no son eternos, la profecía no será eterna, eso pasará pronto. Las lenguas y la ciencia no van a ser eternas (1 Corintios 13:8). Pero el amor nunca dejará de ser, es el mayor de todos y permanecerá para siempre.

Es importante que oremos para que se manifiesten todos los dones en nosotros; debemos anhelarlos. Pero, por sobre todas las cosas anhele que la plenitud del amor de Dios se manifieste en usted, porque sin Él todo lo demás se manifiesta en vano. Es lamentable que hoy en día esto no sea de preocupación en la Iglesia de Jesucristo. Muchas congregaciones se ocupan más de los dones y las finanzas, que son importantes, pero lo más importante está postergado. Ya casi no se habla del camino excelente del que habla Pablo, refiriéndose al amor cuando dice: “Ustedes, por su parte, ambicionen los mejores dones.Ahora les voy a mostrar un camino más excelente” (1 Corintios 12:31).

Cuando se habla de amor no se explica lo que es. Si nos vemos dentro de la esfera del amor, Dios estará en nosotros. Cuando Él está en nosotros, se manifestarán los dones, pues todo Dios estará manifiesto. Todo estará disponible y al alcance del que se ha sumergido en el perfecto amor.

Lo más grande es el amor de Dios que ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo. El amor es la naturaleza de Dios, su sentir, lo que Él realmente es, manifestado en nosotros por el Espíritu de Dios dentro de nosotros. Por lo tanto, no escondamos eso, no lo impidamos, dejemos que brote de adentro hacia fuera como fuente de agua.

Por YiyeÁvila
Tomado del libro: Perfecto amor
Unilit

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