¿Es importante el éxito académico?

Seamos más como Cristo

¿En qué piensas cuando escuchas el término “éxito académico?” ¿Te imaginas ceremonias de graduación o un diploma universitario?

Por supuesto, una persona puede obtener éxito académico obteniendo títulos y ser un fracaso en la vida. Pensé sobre esto hace algunos años cuando mi esposa Mary y yo tuvimos la oportunidad de viajar a Camboya donde nuestra hija mayor y su esposo trabajaban para una organización cristiana de desarrollo. Quizá recuerde lo que sucedió en Camboya en los 1970 donde el 40% de la población fue asesinado (los maestros y líderes cristianos fueron los primeros que asesinaron).

Durante nuestra visita fuimos al Museo del Genocidio donde muchas de las matanzas ocurrieron. Vimos torres de diez metros de alto con solo cráneos humanos dentro de ellas y un árbol inmenso llamado el Árbol de la Muerte, donde los líderes de Khmer Rouge llevaban a los bebés para matarlos. Me provocó mucho estupor saber que la mayoría de esos líderes asesinos fue educada en las mejores universidades. Eran personas brillantes con títulos tras sus nombres, pero llegaron a ser de los individuos más déspotas del siglo XX.

Obviamente, el éxito académico no puede ser medido solo con títulos, y debería incluir la mente de la persona y su alma también. ¿Qué es una perspectiva cristiana del éxito educativo? Consideremos Lucas 2:52 que dice:Jesús siguió creciendo en sabiduría y estatura, y cada vez más gozaba del favor de Dios y de toda la gente”. Este corto versículo aclara que Jesús creció en cada dimensión de su vida: la intelectual, la física, la social y la espiritual. Sugiero que este versículo puede servir como paradigma para definir el éxito en la educación. Provee el criterio para el éxito académico en cuatro dimensiones.

Primero, vemos la dimensión intelectual: Jesús crecía en sabiduría. Por supuesto, la educación se trata de conocimiento e intelecto. Pero, sabiduría es la habilidad de tomar el conocimiento que hemos recibido y aplicarlo a cada área de nuestra vida. Es la habilidad de tomar buenas decisiones en medio de las complicaciones, y a veces, las conflictivas demandas éticas de la vida.

Segundo, hay una dimensión física en la vida: Jesús creció en estatura. Quizá se le hace raro que el escritor mencione la dimensión física de Jesús. Después de todo, cuando muchos piensan en religión, piensan en algo que no es físico en naturaleza, algo removido de lo rutinario de la vida. La Escritura nos dice que nuestros cuerpos son el templo del Espíritu Santo, y por lo tanto, lo que hacemos dentro y a través de la dimensión física le importa mucho a Dios. Podemos hacer bien con la mente, con el intelecto, y aun con la sabiduría, pero si no cuidamos del cuerpo y del mundo que nos rodea, no tendremos éxito. El enfocarnos en la mente solamente nunca nos permitirá vivir una vida floreciente.

Muchas escuelas y instituciones cristianas se están dando cuenta de que cuando hablas de educación cristiana, incluye el lado físico de la vida, y por eso se enfatizan los programas de educación física, fisioterapia, descubrimiento de la naturaleza, programas médicos y de salud, y muchos más. La dimensión física se extiende a cuidar la creación de Dios. Eso también fue parte del mandato del Creador en Génesis.

La tercera dimensión de la educación es aprender a cómo relacionarnos con otros, cómo sobrellevar el conflicto, cómo comunicarse bien y cómo escuchar bien. La dimensión social: Jesús gozaba cada vez más del favor de toda la gente. Tenemos que aprender a vivir nuestra fe en un mundo quebrantado y complejo como seres sociales. Esto quiere decir que trabajamos arduamente en contra de prejuicios y racismo, buscando justicia para el pisoteado y oprimido, cuidando del pobre, porque todos fuimos hechos a la imagen de Dios. Un día, en la gloria como creyentes en Cristo, nos reuniremos alrededor del trono del Cordero juntos.

A diferencia de algunos hombres y mujeres santos y de significado en la historia, Jesús no era un ermitaño, desasociándose de la gente. Durante su vida, la dimensión social de ser humano fue muy importante. Fue, como dijo el teólogo Dietrich Bonhoeffer, un hombre para todos. Dios nos hizo para ser criaturas sociales. Génesis 2:18 dice: “No es bueno que el hombre esté solo”. Fuimos creados para interactuar. Fuimos creados para estar con gente y para la gente, y ser sostenidos por ella. Sabemos esto, no tan solo bíblicamente, sino también a través de disciplinas académicas tal como sociología, psicología, economía, historia, educación, comercialización y estudios de administración de empresas. Podríamos añadir otros a la lista. Todos apuntan a vivir la vida en sociedad.

La cuarta dimensión es espiritual: “Jesús creció en favor con Dios”. Aunque Jesús era Dios, entró a este mundo y dio atención a lo que comúnmente llamamos las disciplinas espirituales. Oró, y no solo cuando las cosas estaban difíciles (y sí que lo estuvieron para Jesús). Leyó y meditó en la Escritura. Frecuentemente se levantó temprano para estar a solas con el Padre. Ayudó a su prójimo. Guió a otros al Reino de Dios y a sí mismo como Salvador y Señor. Si Jesús, siendo el Hijo de Dios, necesitaba practicar estas disciplinas espirituales, ¿cuánto más nosotros? Hemos sido creados como criaturas espirituales, destinadas a vivir con Dios, para Él, habilitados por Él, para conocerlo personalmente y para vivir nuestra vida desde esta relación fundamental. Podemos tener gran intelecto, ser muy fuertes físicamente, tener habilidades sociales extraordinarias, pero si la dimensión espiritual falta, algo fundamental falta en la vida de esa persona.

Quizá puedes imaginar tu vida como una rueda con cuatro rayos: el intelectual, el físico, el social y la dimensión espiritual. En el centro de todo está Cristo. Lo que necesitamos saber sobre el éxito académico es que una vida Cristo céntrica quiere decir que puede jugar un deporte, estudiar matemática, literatura, historia, educación, negocios, ciencias, que puede reír y pasar tiempo con amistades, que puede tocar un instrumento musical o cantar, puede crear arte, puede tener trabajo, y todo tiene un propósito más alto. El marco de referencia para nuestra educación tiene que ser Cristo céntrica y todo para la honra de Dios. Esto es lo genial de una educación cristiana, y no se compara con nada en el mundo.

“Jesús siguió creciendo en sabiduría y estatura, y cada vez más gozaba del favor de Dios y de toda la gente”. Qué así mismo sea en nuestra vida, en nuestras iglesias y en nuestras instituciones.

Por Dr. Dennis Hollinger
Presidente de Gordon-Conwell Theological Seminary
Christianity Today

 

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