Agentes de cambio cultural

Tenemos la responsabilidad de cambiar el mundo

Por James Davison Hunter

Para comprender cómo cambiar el mundo, se debe comenzar por entender qué es lo que se debe cambiar. En pocas palabras, todo depende de cómo entendemos la naturaleza de la cultura. Qué quiere decir “cultura” y qué es lo que la compone son dos cosas de importancia fundamental.

Puede encontrarse todo un abanico de opiniones acerca de la culturaen la actualidad, pero una perspectiva sobre este asunto ha logradopredominar en la imaginación del público. Esta visión es repetida porlos políticos en su retórica de campaña y reforzada por los medios populares.Voluntaria o involuntariamente, las personas de fe (no solo loscristianos) y las instituciones que ellas representan y a las que sirventambién la han adoptado.

La sustancia de esta visión puede resumirse aproximadamente comosigue: la esencia de la cultura se encuentra en los corazones y las mentesde los individuos, en lo que, generalmente, llamamos “valores”. Losvalores son, en pocas palabras, preferencias morales; inclinaciones hacialo que es bueno, justo y cierto, o una adhesión consciente a ello. La culturase manifiesta en las formas en que estos valores guían las decisionesconcretas que los individuos tomamos sobre nuestra forma de vivir, esdecir: cómo pasamos el tiempo, cómo trabajamos, cómo jugamos, conquién nos casamos, y cómo y por qué; cómo criamos a nuestros hijos;a quién o qué adoramos; etc. Según este punto de vista, la cultura está formada por la acumulación de valores que sostienen la mayoría de laspersonas y las decisiones que ellas toman basándose en esos valores.

Una versión ligeramente más compleja de esto se encuentra enla posición de quienes hablan de “cosmovisiones”. Una cosmovisión,según la definición de Charles Colson, es “la suma total de nuestrascreencias acerca del mundo, el ‘cuadro general’ que dirige nuestras decisionesy acciones diarias […]. [Es] una forma de ver y aprehender todala realidad”. En este sentido, el cristianismo no es solo un conjuntode doctrinas y creencias, y los valores basados en ellas, sino una ampliae inclusiva comprensión del mundo; una cosmovisión que compitecon otras cosmovisiones. ¿Dónde se originan las cosmovisiones? En suspropias palabras: “Son las grandes ideas que informan la mente, enciendenla imaginación, movilizan el corazón y moldean la cultura”.

Mente. Imaginación. Corazón. Aunque son impulsadas por ideas, lascosmovisiones existen fundamentalmente en los corazones, las mentesy las imaginaciones de los individuos, y toman forma en las decisiones yelecciones que hacen esos individuos. Como expresa Colson: “Nuestrasdecisiones están determinadas por lo que creemos que es real y cierto,bueno y malo, justo y bello. Nuestras elecciones están determinadas pornuestra cosmovisión”. Basándose en esto, llega a la conclusión de que“la historia es poco más que el registro del surgimiento y el ocaso de lasgrandes ideas, las cosmovisiones que forman nuestros valores y nos impulsana actuar”. “Para tener éxito en la tarea de restaurar una influencia moralen la cultura”, dice, debemos “cultivar una mente cristiana” y “viviren la práctica una cosmovisión bíblica”.

Lo que todo esto significa es que si una cultura es buena es porquelos buenos valores que han sido adoptados por los individuos losllevan a tomar buenas decisiones, a elegir bien. Por el contrario, si unacultura es decadente y está en declinación, es porque los valores o cosmovisionesa las que adhieren los individuos están errados, en el mejorde los casos; o son inmorales, y esos valores corruptos llevan a malas elecciones. Por efecto acumulativo, esas ideas erradas, esos valores corruptosy esas malas elecciones crean una cultura enferma einmoral.

El libro, Y ahora… ¿cómo viviremos?, de Colson, ha tenido particularinfluencia en promover esta perspectiva en los círculos cristianos y es,por tanto, digno de ser considerado en mayor detalle. Una ilustraciónque él ofrece para explicar cómo funciona una cosmovisión es el casode la teoría secular de la evolución: en resumen, el darwinismo. Colsonargumenta que nuestra visión de nuestro origen influye profundamenteen nuestro entendimiento de la ética, la ley, la educación y, aun, lasexualidad. Si los seres humanos son producto de fuerzas evolutivas,entonces, “la moralidad no es más que una idea que aparece en nuestramente cuando hemos evolucionado hasta un determinado nivel”. “Si eldarwinismo es cierto, entonces, no hay ley divina o un orden moral trascendentey la ley queda reducida a una herramienta de dirección quese utiliza en el servicio de la ingeniería social”. “Si los seres humanosson parte de la naturaleza y nada más […] entonces, la mente es simplementeun órgano que ha evolucionado de formas más básicas en lalucha por la existencia […] y su valor depende de si funciona, si permiteque el organismo sobreviva”. Así, el darwinismo es el meollo de la cosmovisiónmoderna y explica gran parte del relativismo prevaleciente ennuestra cultura y las peligrosas ideologías que han surgido de él. Pero eldarwinismo, según explica Colson, conlleva varios problemas empíricosy científicos. Lo más importante: la teoría secular de la evolución nopuede explicar la estructura irreduciblemente compleja de la naturaleza.

Dadas las fallas en su lógica y su ciencia, ¿por qué, entonces —preguntaColson— es el darwinismo el credo oficial en nuestras escuelas públicas?”.Y responde su propia pregunta: “Porque el asunto, en realidad,no es lo que vemos a través del microscopio o del telescopio; es aquelloa lo que adherimos en nuestro corazón y nuestra mente. El darwinismofunciona como la piedra angular que sostiene una cosmovisión naturalista”.El centro de la controversia sobre el origen humano “no es la ciencia; es una lucha titánica entre cosmovisiones opuestas: entre elnaturalismo y el teísmo […]. Solo cuando los cristianos entendamosesto, dejaremos de perder debates”, sostiene.

Ahí está, en resumen. No solo la mayoría de los científicos, los abogados,los especialistas en ética y los educadores, sino también nosotroshemos adherido a malas ideas en nuestros corazones y nuestras mentesy, por ello, hemos tenido malas consecuencias. Las malas ideas forman la base de los valores destructivosy estos, a su vez, llevan a malas decisiones y elecciones. Al final, todasestas cosas, acumuladas, llevan a una cultura enferma y en declinación.

Pero las mismas ideas pueden aplicarse en el sentido contrario. Siqueremos cambiar nuestra cultura para mejor, necesitamos que cadavez más individuos posean valores correctos y la cosmovisión correctapara, por lo tanto, tomar mejores decisiones. Las decisiones que toman los individuos comunesson de vital importancia. “Fácilmente olvidamos que cada decisiónprivada contribuye al ambiente moral y cultural en que vivimos, yse multiplica en círculos cada vez más amplios; primero en nuestra vidapersonal y familiar, y, luego, en la sociedad en general”. El asunto estáen las decisiones y las elecciones que hacemos. “En cada elección, encada decisión que tomamos, estamos ayudando a vencer las fuerzas dela barbarie […] o nos dejamos llevar por ellas”.

Con este marco conceptual en mente, Colson, luego, plantea cuatroobjetivos: “Primero, los cristianos deben ser buenos ciudadanos. Segundo, los cristianos deben cumplir su deber cívico en todas las áreasde la vida. Tercero, los cristianos deben participar directamente en lapolítica. Cuarto, la iglesia debe actuar como la conciencia de la sociedad,como una limitación al mal uso de la autoridad de gobierno”. Yresume su estrategia de la siguiente forma: “Para que nuestra cultura seatransformada, debe suceder de abajo hacia arriba; desde los creyentescomunes que practican la apologética apoyados en la cerca de su casao en una reunión informal con los vecinos […]. La verdadera influenciapara el cambio cultural proviene de transformar los hábitos y las disposiciones de las personas comunes”.

Aunque es muy influyente en ciertos círculos cristianos, Colson noes, de ninguna manera, el único que adopta esta perspectiva sobre lacultura y el cambio cultural. Comentando sobre el Concilio VaticanoII, el científico político Robert George ha escrito que tal documentoinstruye sobre las formas en que “la obra de transformación de mentes ycorazones necesariamente incluye la obra de transformación cultural”. Carl Andersonreflejaeste mismo sentir en su libro Una civilización de amor: lo que todocatólico puede hacer para transformar la cultura, cuando declara que“la responsabilidad de los cristianos en nuestro tiempo es la misma queen el tiempo de Pablo: transformar radicalmente la cultura, no imponiendovalores desde arriba, sino por un proceso más sutil y, al mismotiempo, más profundo: vivir una vocación de amor en la realidad cotidianade nuestras vidas”.

Este fue el fundamento de su compromiso conla educación pública y es un sentimiento y un compromiso que aúnmotivan a muchas personas de buena voluntad hoy. Cambiemos losvalores de la persona común para mejor, y, a su tiempo, tendremos unasociedad buena.

 

Los valores y la táctica de la evangelización

Es esta visión implícita de la cultura la que motiva a ciertas comunidades

de cristianos a concentrarse en laevangelización como su primordial medio para cambiar el mundo. Laevangelización no es solo un medio para salvar almas, sino para transformarindividuos y, de una forma más indirecta, la cultura. La lógicaen que se sustenta esta posición es la creencia de que los problemas quetiene la sociedad surgen de la pérdida de vitalidad espiritual y de moral.Sea que el problema sea la codicia empresarial y los fraudes, la promiscuidadsexual, el aborto, la homosexualidad, la violencia en las escuelas, la decadencia reflejada en los medios populares, u otro, cada uno deellos señala la triste verdad de que las personas han perdido sus límitesmorales. Solo cambiando los corazones de los individuos que participande tales actos o los aprueban, entonces, puede hacerse un verdaderoavance para alejarnos del precipicio de la degeneración social. Segúnesta lógica, si los corazones y las mentes de las personas se convierten,esas personas tendrán los valores correctos, tomarán las decisiones correctasy la cultura cambiará. James Boice argumenta: “Necesitamosque se nos recuerde que la conversión genuina produce profundas diferenciasen la vida de una persona. Y son esas personas las que el paísnecesita. Las leyes no cambian nada; las personas, sí”.

Entre los cristianos conservadores, el ya fallecidoBill Bright, de Cruzada Estudiantil y Profesional para Cristo, inicióreuniones de ayuno y oración anuales para los líderes cristianos con estepropósito en mente. Bright invita a los líderes cristianos a “ayunar y orar porun avivamiento espiritual en todo el mundo”. El avivamiento espirituales la clave para cambiar al país. La lógica, como lo expresa en otraparte, es esta: “En mi opinión, la única manera de cambiar el mundoes cambiar a los individuos. Las personas cambiadas, en cantidades suficientes,producirán comunidades de estudio cambiadas, comunidadescambiadas, ciudades cambiadas, Estados y naciones cambiados; sí, enun sentido muy real, un mundo cambiado. Jesucristo es el Único quepuede cambiar a las personas desde adentro. Nosotros podemos ayudara cambiar el mundo llevando a las personas a Jesucristo”.

La Madre Teresa lo dijo en estas palabras: “La gente me pregunta: ‘¿Quées lo que convertirá a las personas y salvará al mundo?’. Mi respuesta es:‘La oración’. Lo que necesitamos es que cada parroquia venga ante Jesúsen el bendito sacramento de las santas horas de oración”.

Todos reconocen que hay mucho en juego. Billy Graham dijo: “Lamayor necesidad en este momento es la de una renovación moral yespiritual. Esto llega, en mi opinión, solo cuando nos volvemos en arrepentimientoy fe al Dios vivo, que está listo para perdonarnos y renovarnosdesde adentro”.

 

Los valores y la táctica de la acción política

Es interesante que este énfasis en los valores, la elección y la renovaciónespiritual también ha predispuesto a casi todos a concentrarse en la política como medio central para cambiar el mundo. El razonamientosigue esta línea: las malas leyes son resultado de malas decisiones tomadaspor individuos que son políticos, jueces y formadores de políticas.

Por tanto, para cambiar el mundo, es necesario que cada cristiano votepara cargos públicos a quienes tienen los valores correctos o poseen lacosmovisión correcta, y, por consiguiente, tomarán las decisiones correctas.

En cierto nivel, no hay nada de excepcional en el esfuerzo por cambiarel mundo por medio de la política. Cristianos de diversas tradicionesy de tendencias políticas tanto conservadora como liberal adoptanla lógica de la estrategia política para el cambio. Ellos afirmarían conentusiasmo que la política es un ámbito de acción legítimo para loscristianos. “El papel adecuado para un ciudadano cristiano —señalaun evangélico— es participar en el gobierno tan plenamente como sullamado y sus capacidades puedan llevarlo, sea limitándose a votar oactuando como funcionario gubernamental”. “Los cristianos tienenlas mismas posibilidades de marcar buenas políticas públicas, y no solode protestar después de que se hayan fijado malas políticas”, continúa. Una vez más: los creyentes de todo el espectro de tradiciones dentro delcristianismo histórico no tendrían objeción al respecto.

Al mismo tiempo, muchos cristianos, aunque apoyan una tácticapolítica para cambiar el mundo, también reconocen las limitacionesde esa táctica y advierten sobre ellas. La mayoría de los cristianos estaría deacuerdo en que los políticos no pueden resolver todos los problemas delmundo y, más aún afirmarían, como un principio teológico, su desconfianzade cualquier poder mundano. El Reino de Cristo, realmente, noes de este mundo.No obstante estas salvedades, la realidad es que la política es latáctica escogida por muchos cristianos que piensan en cambiar el mundo.

La tarea debe ser aumentar el número de cristianos que trabajan en elámbito de la ley y las políticas públicas en todos los niveles del gobiernoy, de no lograrse esto, movilizar la indignación popular para presionara los políticos para que apoyen las políticas y las leyes que son compatiblescon los principios cristianos. Para algunos, la lógica es simple: silos cristianos pueden hacer entrar a su gente en los cargos políticos ymantener sus leyes, todo estará bien. Como explicó James Dobson, deEnfoque a la Familia: “El lado vencedor es el que gana el derecho deenseñar lo que cree a sus hijos. Y si podemos hacer eso —escribiendolos planes de estudio, diciéndoles qué creer y dándoles el ejemplo de loque queremos que comprendan—, en una generación, podemos cambiar toda la cultura”.

Jim Wallis, que preside lacomunidad Transeúntes, señala en Elalma de la política: “El carácter fundamental de la renovación social,económica y cultural que necesitamos con urgencia requerirá un cambio,tanto de nuestros corazones como de nuestras mentes. Pero esecambio exigirá una nueva clase de política: una política con valores espirituales”.En el mismo sentido, el antídoto para la crisis que se ofrece en El clamor por la renovación, por ejemplo, es “una renovada visión política”. Esta visión, se aclara, “depende de valoresespirituales”, porque solo esos valores pueden brindar “la direccióny la energía moral” que se requieren para renovar “nuestro empobrecidoproceso político”. “Al buscar las virtudes bíblicas de la justicia y la rectitud,razona el manifiesto, la comunidad cristiana puede ayudar a un públicocínico a hallar un nuevo terreno político”. En todo, el objetivo delos cristianos es ofrecer “una visión política con valores espirituales quetrascienda las viejas y fallidas categorías que aún aprisionan el discursopúblico y sofocan nuestra creatividad”.

 

Los valores y la táctica de la reforma social

Una tercera táctica que emana de esta teoría de trabajo es la decambiar la cultura por medio de una renovación de la sociedad civil: lasinstituciones que median entre los ciudadanos, el Estado y el mercado.

La premisa de esta táctica es el reconocimiento de que la política y laspolíticas públicas, aunque tienen su lugar en la trama general de lascosas, están limitadas en cuanto a lo que realmente pueden lograr. DonEberly, quizás el más elocuente propulsor de esta táctica, lo expresa deesta forma: “Los asuntos más apremiantes de nuestro tiempo son denaturaleza social y cultural, para los cuales no existen soluciones fácilesde parte del gobierno”. Dada la debilidad de la política, “la soluciónes recuperar la persona individual en la sociedad civil”, “revivir las dimensiones espiritual y moral de la democracia”, “efectuar una renovaciónmoral, cívica y democrática de amplia base”. “La supervivenciade la democracia depende de la presencia de tal disposición, hábito yvisión democrática entre los miembros de la sociedad”. ¿Cómo se lograesto? Elberly afirma: “[…] en las páginas de la historia hay una fuerteindicación de que las asociaciones voluntarias se convierten en los mediosde corrección social cuando otras formas de acción pública —comoel cambio legislativo— no alcanzan. Las asociaciones privadas y los movimientosde reforma moral han producido, muchas veces, progresos,después de que se instalara la comprensión de que el gobierno no podíao no estaba dispuesto a hacer estas cosas”.

Esta táctica, entonces, se centra en “movimientos de reformavoluntarios, de base amplia, dirigidos por ciudadanos y líderes de lacomunidad que permean los sectores de la sociedad que moldean sucarácter”. En esta táctica, la cultura es mejorada por medio de movimientossociales de reforma moral que apuntan a problemas específicosdentro de la familia, las escuelas, los vecindarios y las asociacionescívicas. Lo que estos movimientos tienen en común es “el deseo comúnde infundir carácter, tratando al individuo como capaz y responsable deejercer el dominio propio”.

En una iniciativa bipartidista titulada “Renovar nuestra cultura”,se enumeran siete indicadores culturales como “acciones mensurables”que serían fundamentales para el desarrollo de una cultura sana. Estasson: padres más involucrados; sostener matrimoniosfuertes; proteger a los niños de las drogas; crear una mayor seguridadpara los niños y las comunidades; reducir la consumición de formas de entretenimiento violentas y perversas, reducir el número de abortos ynacimientos fuera del matrimonio. El objetivo de este plan es “habilitara los individuos para que asuman la responsabilidad de cambiar las vidasy las comunidades”.

 

Conclusión

Es obvio que las tácticas espirituales, políticas y sociales para enfrentarlos actuales desafíos y las presentes perplejidades de nuestro tiempono son mutuamente excluyentes. La mayoría de los cristianos diría queestas iniciativas pueden funcionar en conjunto. Una de las razones porlas que son compatibles es que, por diferentes que parezcan, compartenlas mismas premisas fundamentales. “La cultura cambia cuando cambianlas personas”, o, como lo diría Charles Colson, “las personas transformadastransforman las culturas”. Esto sucede de manera sustancialy perdurable solo cuando hay un cambio en el corazón y la mente de lapersona, por medio de los valores y las ideas que guían su vida.

Hay varios elementos importantes implícitos en esta visión. Primero,el cambio real debe producirse individualmente: de uno en uno.Aun en la táctica de la reforma social, sus propulsores apuntan a “rehacerla cultura y el país, de a un alma por vez”. “Nuestros mayoresavances en el mundo de la renovación cultural se harán no en el ámbitode la política, sino en las familias, las comunidades, las iglesias y lasentidades de beneficencia; de a una persona por vez”. Aunque desean

hacer impacto en las instituciones de la sociedad civil, “la transformacióncultural es producida por la transformación personal”. Segundo,el cambio cultural se produce por la voluntad de que exista. Por ello, esdeliberado y planeado, en la medida que las decisiones que tomen losindividuos transformados sean racionales y coherentes, y sus elecciones,conscientes y deliberadas. Como ha dicho el vocero de Renovar Nuestra Cultura: “Querer una cultura más sana es poder tenerla”. “¿Nos atreveremos a creer que el cristianismo aún puede prevalecer?”,pregunta Charles Colson. “Debemos creerlo […]; esta es unaoportunidad histórica”.Tercero, el cambio es democrático; se producede abajo hacia arriba, entre los ciudadanos comunes, las personas comunes.

A la luz de esto, podemos ver cómo una persona puede marcaruna diferencia significativa en el mundo. Una persona puede plantarseen la encrucijada y cambiar las cosas para bien, como Martín Lutero,Juan Calvino, Charles Wesley, Jonathan Edwards, William Booth, elobispo Tutu, Juan Pablo II, Dorothy Day; o para mal, como FrederickNietzsche, Adolf Hitler, Joseph Stalin, etcétera.

 

Por James Davison Hunter
Tomado del libro: Para cambiar el mundo
Editorial: Peniel

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