¿Qué sucedió con el evangelismo?

Hacer de cada iglesia local un centro evangelístico

Algunos sostienen que el evangelismo ya nunca volverá a ser como el fuerte movimiento de antaño. ¿Será verdaderamente así?

Por Oswald J. Smith

¿Acaso han pasado ya los gloriosos días del evangelismo, y para siempre? ¿Es que las ciudades no volverán a ser agitadas por poderosos avivamientos como en los días pasados? ¿Es vierto que los días del avivamiento han pasado, y que el evangelismo ha muerto? Mi respuesta es sí y no.

El otro día vi un periódico que venía con una fotografía de D. L. Moody y un breve reportaje sobre su gran campaña en Toronto en 1894. Hablaba de las enormes multitudes y de su predicación. “La historia de D. L. Moody es la de una época de evangelismo heroico que se ha ido, quizá para no volver. Aquella época tuvo un brillo espiritual propio. No habían radios, ni teléfonos, ni trenes, y tampoco hasta que Moody era ya muy viejo, lámparas eléctricas”.

Tengo en mi biblioteca un viejo y gastado volumen de los sermones de Moody, tomados en taquigrafía durante sus prédicas. Sus frases poco gramaticales están registradas tal como caían de sus labios. La instrucción que daba desde la tarima, sus advertencias en contra de los buhoneros, que sacaban beneficios vendiendo su fotografía, sucesos insignificantes; todos se hallan registrados tal y como sucedieron, y por uno que estuvo presente y que vio con sus propios ojos aquello de lo que escribió.

Atesoro este volumen debido a que está lleno de la atmósfera de evangelismo, una con la que la mayor parte de la generación actual no está familiarizada. Porque, al leer de nuevo los inspiradores y conmovedores mensajes del famoso evangelista, y testifico, como antaño, las escenas que significaron tanto para la Iglesia, vuelvo a ver las grandes multitudes, las grandes masas de gente hambrienta. Pero lo que pregunto ahora es: ¿se volverá a repetir esto?

Los días heroicos del evangelismo parecían desvanecerse alrededor del tiempo de mi adolescencia. Fue mi privilegio tener una vislumbre de ellos por lo menos en su gloria decadente. Mi corazón de joven se embargaba de emoción siempre que estaba en contacto con estos mensajes. Pero fueron ya de los últimos. Fue alrededor de la segunda década del siglo XX que el viejo espíritu del evangelismo abandonó la escena.

Pero el evangelismo no ha muerto. En absoluto. Ni puede morir porque es el método de Dios, el único capaz de llevar a cabo su obra. Así, Él está suscitando grandes movimientos de magnitud nacional y centros específicamente para el evangelismo, y en estos se mantendrán ardientes las llamas del evangelismo.

Estos centros son obras establecidas, dedicadas preeminentemente a la conversión de personas, a la edificación de los creyentes y al evangelismo a escala mundial; enfatizando especialmente las cuatro cosas esenciales: la salvación, la vida profunda, las misiones y la segunda venida de nuestro Señor. Así trata por todos los medios de hacer llegar el mensaje del Evangelio a las masas sin Cristo.

Algunos pueden ser llamados a viajar de lugar a lugar, pero el tipo más valioso de evangelismo es el efectuado mediante el establecimiento de unos cuarteles generales en los que el fuego de avivamiento nunca se extinga, y desde ahí como centro, trabajando para alcanzar a todo el mundo.

Debemos tratar por todos los medios de llevar el Evangelio a las personas sin Cristo tanto en nuestro país como en el extranjero en el lapso de tiempo más corto posible. Y, después de todo, esto es lo más importante. Para vivir tenemos que dar. Para recibir tenemos que dar. Por esto fue que Cristo vino, vivió, murió y envió al Espíritu Santo. Esto constituye la tarea suprema de la Iglesia. Para esto existimos. Nuestra principal ocupación la constituye difundir el Evangelio y hacerlo por medio de todos los canales posibles.

Especialmente tenemos que presentarlo a las personas sin Cristo. Despojándonos de egoísmo tenemos que interesarnos igualmente en llevarlo a los países extranjeros así como al campo propio, porque así, siguiendo el programa de nuestro Señor, que es el de predicar el Evangelio “en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones” (Mateo 24:14), es como mejor aceleraremos su retorno, ya que Dios visita a los gentiles con el propósito de “tomar de ellos pueblo para su nombre” (Hechos 15:14).

¡Ah, qué visión! ¡Qué llamamiento! ¡Qué obra! ¿Cómo alguien puede hallar defectos en este programa? ¿Hay algún hombre que ame al Señor y que esté por los grandes fundamentos de la fe, que pudiera rehusar unirse cien por ciento a una causa así? ¡Cómo deberíamos de alabar al Señor por un evangelismo sano, verdadero y escritural! Un movimiento ardiendo por las personas, nacido no de los hombres, ni de la voluntad del hombre, sino de Dios.

¡Oh, entonces evangelicemos, y mantengámonos así, perpetuamente así, a fin de que los hombres y las mujeres puedan tener una ocasión para oír el Evangelio y ser salvados! Que los pastores, los verdaderos ministros, se den a sí mismos al evangelismo en sus propios púlpitos, y que hagan de sus propias iglesias locales centros evangelísticos, porque Dios bendecirá al evangelismo como no bendecirá ninguna otra cosa más. Él impondrá su sello de aprobación sobre Él para salvación de las personas, y para la restauración de los que se habían apartado, porque el evangelismo es todavía la consigna para el día de hoy.

“Id, id a ganar a los perdidos; evangelizad, sea cual fuere el costo; el Evangelio en toda la tierra predicad; id, este es el mandato del Señor. Evangelizad en cada tribu, a nadie el Evangelio podéis negar; id y relatad cómo Él murió; id, proclamad al Cristo Crucificado”.

Por Oswald J. Smith
Tomado del libro:Pasión por las almas
Portavoz

Pasion por las Almas

 

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