Esto es Iglesia

Y no una organización como podría considerarse

Es un organismo vivo compuesto por seres humanos que luchan y lloran, formando todos juntos una comunidad de alabanza y servicio.

Por Bill Hybels

Es jueves. Estoy en medio de una semana muy agitada y suena mi teléfono. Es un padre de WillowCreek, mi congregación, a cuyo hijo lo acaban de arrestar. “Bill, ¿pudieras venir a tomarte una taza de café conmigo?”. Conozco bien a esta persona. No interrumpiría mi día a menos que algo grande estuviera sucediendo.

Dejé todo lo que estaba haciendo y manejé hasta el restaurante, mi curiosidad crecía según iban pasando los kilómetros. Parecía estar muy tenso cuando habló conmigo.

El restaurante estaba vacío con la excepción del cubículo donde estaba sentado este papá con sus codos sobre la mesa y su cabeza entre las manos. Me senté frente a él, lo miré y escuché con atención cuando comenzó a hablar. Era eficiente, aun en medio de su evidente dolor.

Yo escuchaba cada una de sus palabras mientras el Espíritu me susurraba al oído: “Esto es Iglesia”.

Todo lo que estoy tratando de hacer en la oficina al contratar personal, proveer fondos para instalaciones y aprobar programas de ministerios logra su clímax cuando se concentra en un momento único como este en un restaurante griego en el que se suple una necesidad en la vida de alguien que es muy importante para Dios. Todos debemos estar conscientes de esto.

Es domingo. Todos están listos, toda la logística está preparada, y mientras salgo del culto de adoración de las once y cuarto hacia el lago, veo muchos miembros de la iglesia aglomerados junto a la orilla, llenos de entusiasmo por los bautismos de cientos de hombres, mujeres y niños que ocurrirán ese día. Mientras me acerco al agua, siento que tira de mí un hombre a quien reconozco al instante. Hace treinta años llevé a esa persona a Cristo y lo bauticé en estas mismas aguas.

Años después, lo ayudé a guiar a su hijo a Cristo, a quien también bauticé.

Hoy, me dice, su nieto quiere bautizarse en ese momento. Quiere saber si hay alguna posibilidad de que sea yo quien lo bautice. Los administradores están reclamando mi atención, los otros pastores ya están hasta la cintura en el lago, y la congregación está impaciente por comenzar.

Mantengo mis ojos en el rostro de este hombre, con la determinación de que, a pesar de las demás cosas que tengo que atender, no me voy a perder ese momento. Tres generaciones de hombres en cuyas vidas se ha visto una maravillosa obra de gracia. Y Dios me permitía ser parte de todo esto. “Esto es iglesia”, me susurra el Espíritu mientras las lágrimas llenan mis ojos. Le digo al hombre: “Ten a tu nieto cerca de ti hasta que hayamos terminado. Voy a bautizarlo al final”.

Es martes. Mi equipo de liderazgo y yo estamos en una reunión y necesitamos comenzar. La agenda es ambiciosa, y el reloj avanza.

Dedicamos los primeros momentos a intercambiar lo que nos estaba sucediendo a cada uno, y supimos que esa misma semana el padre de una miembro del equipo tuvo que salir de la casa para recibir cuidado a largo plazo. Ella explicó que tanto ella como su esposo y sus hermanos se sentían como si estuvieran tirando a su padre de la familia. Se sentía extremadamente culpable mientras manejaba hasta el lugar que ahora su padre debe llamar hogar. La montaña rusa emocional, la desesperanza y la desilusión que enfrentaba eran más de lo que podía soportar.

Miré a los ojos de todos los que rodeaban la mesa y lancé un vistazo a la pancarta en blanco que estaba en posición de atención, lista para el comienzo de la reunión, y el Espíritu me susurró una vez más: “Esto es Iglesia”.

Lo que está sucediendo en este momento, de eso se trata la Iglesia. Incluso, en medio de una reunión muy importante en la cual planeamos resolver “problemas muy importantes”, yo siempre me hago recordar que la razón por la cual asistimos a esas reuniones, la razón por la cual hacemos todas las cosas que hacemos aquí, es crear un ambiente donde podamos ministrar a las personas que se abren paso por la vida luchando o llorando durante épocas de desaliento.

Cristo dijo que iba a construir “su iglesia”, una comunidad de personas reales con corazones reales que laten, atentas unas a otras, sensibles unas a otras y dispuestas a extender misericordia, gracia y amor.

He estado recordando durante toda la semana lo que en verdad define la Iglesia. No es una organización amorfa de sentimientos corporativos a favor de la cual paso todas estas horas tratando de arreglarla o avanzarla. Es un organismo vivo, que respira y late, y que se desarrolla en tiempos actuales en miles de formas que escogemos para cuidarnos unos a otros, escucharnos unos a otros, sostenernos unos a otros cuando de pronto se nos vira el mundo al revés.

Interdependencia, vulnerabilidad, escuchar, darnos a nosotros mismos. ¿Puedes escuchar cómo el Espíritu te susurra ahora: “Esto es iglesia”?

Por Bill Hybels
Tomado del libro:Axioma
Editorial Vida

Axioma

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