Lo que Dios nos ha dado

Porque el Señor nos hizo nuevas personas

Al recibirlo en nuestra vida, nos hizo nuevas personas dándonos tres cosas fundamentales.

Por Jane Hunt

Hace muchos años, una amiga me regaló un reloj suizo. Tenía un diseño muy inteligente que hacía que cada hora saliera un pajarito de su casita. Pero no era muy exacto, siempre se atrasaba. Hacía “cu-cú” ¡cuando no debía! Como me gustaba tanto, lo llevé al relojero. Con cuidado examinó las entrañas de mi preciado regalo y dijo que necesitaba un nuevo resorte. Riéndose me dijo: “En realidad su reloj necesita un nuevo corazón!

Lo mismo sucede con muchas personas. Todos necesitamos un nuevo corazón. Mire a su alrededor. ¿Cuántos padres han enseñado a sus hijos a mentir, robar, gritar y pegarle a otros? Muy pocos, si es que los hay. Sin embargo, muchos niños mienten, roban, gritan y le pegan a otros. ¿Por qué? Porque son egoístas y quieren todo para sí mismos.

Según La Palabra de Dios, nacimos con una naturaleza pecaminosa. El Salmo 51:5 dice: Yo sé que soy malo de nacimiento; pecador me concibió mi madre”. Y Jeremías 17:9 añade: “Nada hay tan engañoso como el corazón. No tiene remedio. ¿Quién puede comprenderlo?”.

Pero la buena noticia es que Dios dice: “Les daré un nuevo corazón, y les infundiré un espíritu nuevo”(Ezequiel 36:26). Cuando usted establece una relación genuina con Jesucristo, Dios le da un nuevo corazón.

Su necesidad es similar a la de un enfermo del corazón cuya única esperanza es un trasplante. En sentido espiritual, Dios elimina su corazón enfermo y lo sustituye con uno nuevo.

Después del trasplante divino comienza lentamente la recuperación. Como Dios promete, su nuevo corazón empieza a sentir el amor perfecto. Su egocentrismo se convierte en cristocentrismo. Usted recibe la cura para reemplazar el odio y la medicina para la amargura. Enfrenta al mundo con una nueva libertad, y ve el futuro como nunca antes.

“Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva la firmeza de mi espíritu”(Salmo 51:10). Cuando cambia su corazón, cambia su vida. Puede amar a quienes no lo merecen, ser amable con quienes no lo son, perdonar lo imperdonable. Todo esto es posible porque ahora tiene un nuevo corazón, el corazón de Dios.

Su mente

Aquella noche fría, el fuego calentaba nuestra conversación. Estaba pasando un tiempo especial con una de mis mejores amigas, a la cual había conocido por muchos años. En varias ocasiones yo empecé a decir algo y antes de que mis ideas estuvieran bien formadas, ella terminaba la oración. Si mal no recuerdo, dos veces dijimos la misma palabra, al mismo tiempo.

Mi amiga y yo estamos unidas en mente y espíritu. Conocemos nuestras sensibilidades y tristezas… así como nuestras preferencias y dolores.

Eso es lo que Dios quiere que tengamos con Él cuando hablamos de la mente de Cristo. Él quiere que usted conozca su corazón por medio de La Palabra y que sus pensamientos saturen los suyos. Su plan desde el principio ha sido que su divina naturaleza se convierta en “la segunda naturaleza de usted”.

Cuando le entregó su vida a Cristo, usted recibió una “nueva naturaleza”. Naturaleza significa sencillamente hacer lo que nos viene en forma natural. Dios le ha dado la capacidad de pensar como Él piensa, en forma natural. ¡Qué don tan extraordinario!

Una escritora amiga mía, me dijo que cada vez que se sienta a escribir primero ora pidiendo la mente de Cristo, le pide que sus pensamientos fluyan a través de ella mientras escribe o trabaja. Su comentario me impactó grandemente. Ahora yo hago lo mismo.

En medio de tanta confusión, necesitamos la mente de Cristo. Cuando tenemos conflictos, cuando la crítica hace más daño y los consejos son contradictorios, necesitamos la mente de Cristo porque mientas vivamos, siempre habrá quienes nos ataquen mental y emocionalmente.

¿Recuerda a los “amigos” de Job? Aunque él no hizo mal alguno, lo acusaron de haber pecado. El patriarca se sintió agobiado por su interminable palabrería.

Tal vez hay ocasiones en que usted se siente como Job y duda de la verdad. Los consejeros hablan y hablan, tejiendo redes de palabras. Se siente atrapado. ¿Cómo soltarse? Si desarrolla la mente de Cristo, quedará libre de las redes del mundo que lo quieren atrás y derrotar.

Conocemos la mente de Cristo cuando compartimos una relación con Él. Es algo progresivo, que viene de estar unidos a Él. Es una unidad de mente y espíritu. ¡No hay mejor base para una amistad!

Su poder

Todos estamos sujetos a la ley de gravedad, que es la fuerza que atrae todos los cuerpos hacia el centro de la tierra. De la misma manera, los miembros del “Club no puedo” son atraídos hacia la derrota y no solo al piso, sino al pecado.

¿Se siente usted ligado a un pecado específico? ¿Le parece imposible salirse del “Club no puedo”? Dios no quiere que sus hijos tengan el “no puedo” como lema de su vida. Cuando usted es salvo, Él le da su Espíritu Santo para que tenga el poder de Dios. Él ha propinado un fuerte golpe al club. Él hace posible que usted domine cualquier pecado. ¿Cómo? Sustituyendo una ley con otra: pues por medio de él la ley del Espíritu de vida me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte”(Romanos 8:2).

¿Cómo puede una masa de metal de 190 toneladas desafiar a la ley de gravedad? ¡Imposible! “No puede hacerse”. Pero sí es posible… porque utiliza una ley superior. Cuando por fe entrega a la ley de la aerodinámica, usted puede subirse a un avión con plena confianza de que lo transportará de una ciudad a otra. La gravedad de que no la transportará de una ciudad a otra. La gravedad no lo mantiene pegado al suelo.

En forma similar, cuando por fe usted entrega su vida al control del Espíritu, las declaraciones de “no puedo” dejan de tener efecto en su vida. Cuando Dios envía su Espíritu al suyo, le proporciona poder, ya no está esclavizado por la ley del pecado. El “no puedo” se convierte en “sí puedo”.

Por Jane Hunt
Tomado del libro:Viéndonos como Dios nos ve
CLC

Viendonos Como Dios Nos Ve (Ed. Bolsillo)

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