Cristo por sobre todo

La preeminencia del Señor

Gracias al Señor es por quien obtenemos la victoria en todas nuestras situaciones.

Por WatchmanNee

Cristo es la vida del cristiano (Colosenses 3:4), y existe una distinción entre Cristo como nuestra vida y Cristo como nuestro poder. ¿Cómo vencemos nosotros? ¿Cómo podemos ser santos?

Muchas personas piensan que si pueden dominar su mal genio y son capaces de ser liberadas de los diferentes pecados tendrán la victoria y serán santas.Algunos se imaginan que si son pacientes, humildes y amables obtienen la victoria y son santos.

Otros creen que leyendo La Biblia y orando más, siguiendo al Señor con todo cuidado y, por tanto, siendo fortalecidos, obtendrán la victoria y semejante conducta traerá como resultado la santidad.Aún otros conciben la idea de crucificar su propia persona y su propia carne como medio para alcanzar la victoria y santidad.Algunas personas, al reconocer que el poder está en Cristo y que nuestra carne ha sido crucificada, creen que deben, por medio de la fe, hacer uso de su poder para lograr vencer y ser santos.

Esas suposiciones que hemos mencionado son equivocadas y a pesar de que alguna parezca la correcta, no lo es. Porque Cristo es nuestra vida. ¡Solamente eso es la victoria! ¡Solamente obtendremos la victoria por ese camino! ¡Cristo mismo es la vida victoriosa, santa y perfecta! Desde el principio al fin es Cristo y fuera de Él no tenemos absolutamente nada. Por tanto, ¡Cristo debe tener la preeminencia en todas las cosas! La vida victoriosa que nos ha dado Cristo no es una cosa, ni consiste en ser pacientes o amables, sino que es el Cristo vivo. Cristo no viene jamás a suplementar nuestra deficiencia. Lo que nos falta no es paciencia, sino una Persona viva. Dios, por así decirlo, no va a tomar un pedazo de tela de Cristo para remendar nuestro ropaje y esa falta de paciencia habla de la falta de Cristo. Por el contrario, Dios tiene la intención de que Cristo tenga la preeminencia en todas las cosas. El crucificar el yo no nos hace santos porque Cristo es la santidad y Él debe ocupar el primer lugar en todas las cosas.

Si Dios nos diese poder solamente nos convertiría en personas poderosas, en lugar de hacer que Cristo tuviese la preeminencia en nuestras vidas, pero con Cristo como nuestro poder, Él tiene el primer lugar en nosotros. El motivo por el que no tenemos poder es que no somos lo suficientemente débiles porque el poder de Cristo “se perfecciona en la debilidad” (2 Corintios 12:9). ¡No es que Cristo me haga poderoso, sino que Él es poder en mí!

No se trata de que Cristo me dé el poder para ser paciente, sino de permitir que Cristo sea “paciente en mí”. “¡Señor, te permito que ames por medio de mi persona!”. ¡No soy vencedor por la ayuda de Cristo, sino que permito que Cristo mismo sea el que vence por medio de mí. Me entrego al Señor al hacer uso de mi fe, y le permito que viva por medio de mí. No es cuestión de que yo viva gracias a la ayuda de Cristo, sino de que “Cristo vive en mí” (Gálatas 2:20). Yo vivo gracias a la vida de Cristo y también por la fe del Hijo de Dios. Cuando creemos y recibimos al Hijo de Dios, no solamente entra en nosotros su vida, sino su fe y por lo tanto, vivimos haciendo uso de su fe.

¡Cristo es la victoria! ¡Cristo es la paciencia! Lo que nosotros necesitamos no es paciencia, ni amabilidad, ni amor, solamente tenemos necesidad de Cristo y Él debe tener la preeminencia en todas las cosas. Cristo hace que se produzca en nosotros esa paciencia, esa amabilidad y ese amor al vivir en nosotros.

No debiéramos de ver solamente que hay un Salvador que murió en el Calvario en nuestro lugar, sino que debiéramos de darnos cuenta, aún de manera más real, de que este mismos vive ahora en nosotros y para nosotros. Él ha sido hecho por Dios para ser “nuestra sabiduría”, para ser a la vez nuestra “justicia” del pasado a fin de que podamos ser salvos y nuestra “santificación” del presente, para que podamos llevar una vida santa y nuestra “redención” del futuro para que nuestro cuerpo pueda ser redimido (1 Corintios 1:30). ¡Por tanto Él tiene la preeminencia en todas las cosas!

Por WatchmanNee
Tomado del libro:El plan de Dios y los vencedores
Vida

El Plan de Dios y los Vencedores

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