Estemos a cuenta

Libre de toda deuda

Comience este año con la determinación de ponerse a cuenta no solo con Dios sino también con los hombres.

 Por Omar Cabrera

Cuando levantan sus manos, yo aparto de ustedes mis ojos; aunque multipliquen sus oraciones, no las escucharé, pues tienen las manos llenas de sangre” (Isaías 1:15).

Al leer este texto nos asombramos y surgen preguntas que nos hacen dudar. ¿Cómo puede ser? ¿Aunque ore más, el Señor no me oirá? Pero Dios nos explica el porqué de estas palabras: “ …tienen las manos llenas de sangre. ¡Lávense, límpiense! ¡Aparten de mi vista sus obras malvadas! ¡Dejen de hacer el mal! ¡Aprendan a hacer el bien! ¡Busquen la justicia y reprendan al opresor! ¡Aboguen por el huérfano y defiendan a la viuda!”(vv. 15-17).

Y en el versículo 18 nos dice: “Vengan, pongamos las cosas en claro”.

Dios lo invita a presentarse delante de Él y a ponerse “a cuenta”. ¿Se imagina a Dios en su escritorio, sacando la libreta, abriéndola y diciendo: “Bueno, acá está registrado ‘esto’… al lado ‘aquello’… y aquí ‘todo lo demás’”? Dios nos llama a estar a cuenta con Él.

En algunas oportunidades, cuando escuchamos La Palabra de Dios, pareciera que esta nos entra por un oído y nos sale por el otro. Pero si tenemos el anhelo de recibir, y prestamos atención a lo que Dios no dice, su promesa es “¡Comerán lo mejor de la tierra!”(v.19).

O sea que si queremos, si lo anhelamos, si tomamos sus cosas con seriedad, y también si somos sensibles a la voz del Señor, comeremos el bien de la tierra, de lo mejor de ella. También nos aclara: “¿Se niegan y se rebelan? ¡Serán devorados por la espada!”(v.20).

Es nuestra decisión. Dios claramente establece una vida de bendición o maldición que se ve sujeta a mi decisión de estar a cuentas con Él.

Si viene a estar a cuenta con Dios, todo lo que está al rojo vivo en su vida (interesante es notar que en contabilidad las deudas se marcan con el color rojo), será emblanquecido como la nueve, como blanca lana, pero esto solo sucederá si usted quiere, si tiene la voluntad de que así sea. Si es sensible, si escucha lo que Dios dice, entonces podrá comer el bien o de lo mejor de la tierra y tendrá abundancia, la prosperidad que Dios quiere darle. Si no quiere escuchar y es revende, sufrirá las consecuencias. Y Dios a esto le pone su firma: “El Señor mismo lo ha dicho” (v.20).

El Señor lo llama a estar “a cuenta” con Él, porque “…la santidad, sin la cual nadie verá al Señor”(Hebreos 12:14). Solo “la oración del justo es poderosa y eficaz”(Santiago 5:16). Por eso Dios dice: “aunque multipliquen sus oraciones, no las escucharé”.

¿Se quedó sordo? ¡No! En 1 Pedro 3:12 encontramos la respuesta: “los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos, atentos a sus oraciones; pero el rostro del Señor está contra los que hacen el mal”.

Algunos dicen: “¿Por qué Dios no me socorre? ¿Por qué no es mi pronto auxilio en la tribulación? ¿Qué pasa?”. Algo bien claro: “Por más que se multipliquen tus oraciones no te voy a oír, porque tus manos están llenas de sangre; y el rostro del Señor está contra aquellos que hacen el mal” (paráfrasis).

Para entrar en la presencia del Señor debemos estar en estado de gracia; para acercarnos a su trono tiene que haber en nosotros un corazón contrito y humillado; porque “Dios, no desprecias al corazón quebrantado y arrepentido”(Salmo 51:17).

Si pensamos servir a las riquezas en la Tierra, y a Dios, en el más allá, esto es servir a dos señores. Dios dice al respecto: “¡Aparten de mi vista sus obras malvadas!”(Isaías 1:16). ¿Qué clase de obras? Robo, hurtos, cohecho, desfalco, sobornos, malversación, sustracción, intereses exagerados, ser deshonestos en los precios, en las pesas y en las medidas.

Cuenta una historia que una vez el carnicero se quejó al panadero diciéndole: “¿Cómo es esto? Te pedí un kilo de pan y me mandaste ochocientos gramos?”. Y el panadero le respondió: “A mí se me perdió la pesa de un kilo, y como le había comprado a usted un kilo de carne, lo puse en la balanza y lo utilicé en lugar de la pesa perdida, para poder enviarle el kilo de pan que me pidió”. De todas estas inmundicias e iniquidades son las obras de las que nos tenemos que lavar; así como debemos limpiarnos del cobro de porcentajes abusivos y de quedarnos con una comisión mayor a la que corresponde.

Dios nos llama a ser justos en nuestros negocios. Proverbios 20:10 dice: “Pesas falsas y medidas engañosas: ¡vaya pareja que el Señor detesta!”. En Ezequiel 45:9-10, Dios le dice al pueblo: “Así dice el Señor omnipotente: ¡Basta ya, príncipes de Israel! ¡Abandonen la violencia y la explotación! ¡Practiquen el derecho y la justicia! ¡Dejen de extorsionar a mi pueblo! Lo afirma el Señor. ¡Usen balanzas justas, y pesas y medidas exactas!”.

En Ezequiel 22:12, Dios acusa al pueblo, diciendo: “También hay entre los tuyos quienes aceptan soborno para derramar sangre. Tú practicas la usura y cobras altísimos intereses; extorsionas a tu prójimo y te olvidas de mí. Lo afirma el Señor”.

Debemos estar “a cuenta”. En otras palabras, no deberle nada a nadie. En la actualidad esto significa que si usted utiliza tarjetas de crédito, adeuda dinero; pero si paga en término, estará “a cuenta”.

Crea que Dios puede bendecirle. No tendrá que vivir constantemente con la soga al cuello porque no le da el presupuesto. La Palabra de Dios nos habla de que una vez que tengamos la bendición, tenemos que ser responsables en pagar las deudas y nuestras cuentas.

Que el Señor le de el poder para cancelar toda deuda, para romper esa herencia de endeudamiento que recibió, quizá, de sus padres. Sea libre de las maldiciones que vinieron sobre su hogar porque hubo seres que queridos que robaron para hacer fortuna porque fueron deshonestos al fijar precios, injustos en los intereses, desleales en los pesajes. Que todo ese peso se caiga de sus hombres, y determínese a entrar en la bendición. Obedezca al Señor, para comer lo mejor de la tierra.

Por Omar Cabrera
Tomado del libro:Prosperidad y riquezas
VDF Producciones

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