¿Qué es eso de los profetas “menores”?

De menores no tienen mucho

Por J. Lee Grady

Es un tanto desafortunado que los últimos doce libros del Antiguo Testamento sean conocidos como los de los profetas “menores”. El término se utilizó ya que los libros son cortos, no porque no fueran importantes. El corazón de Dios es fuertemente revelado en las profecías de Oseas, Joel, Amos, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahúm, Habacuc, Sofonías, Hageo, Zacarías y Malaquías.

Estos doce libros cortos son todo menos menores. Si tú nunca los has estudiado seriamente, te desafío a que comiences a indagarlos ahora mismo. Así como Jesús escogió doce discípulos nada sofisticados para predicar las gloriosas noticias de su Reino, Dios eligió estos doce desapercibidos profetas para predicar un mensaje de esperanza durante un período oscuro de la historia de Israel.

Cuando atravieso tiempos de incertidumbre, duda, temor o desesperanza, yo suelo volver a los “menores” para fortalecer mi fe. Estos libros de La Biblia nos recuerdan cinco verdades importantes:

  1. Dios usa personas insignificantes para hablar por Él. Los niños no saben nada acerca de Abdías, cuyo nombre simplemente significa “siervo de Dios”. Habacuc escribió poderosas oraciones proféticas, pero nosotros no conocemos sobre su vida o linaje. Poco se sabe sobre Miqueas, sin embargo, él profetizó con precisión que el Mesías nacería en la ciudad de Belén (Miqueas 5:2). Todo el mundo sabe que Joel era un don nadie, sin embargo, sus palabras fueron citadas el día de Pentecostés.
    Los profetas menores nos recuerdan que la unción espiritual nada tiene que ver con el estatus social, la popularidad o el prestigio que da el mundo. Dios escoge las cosas débiles para avergonzar aquellas que son fuertes.
  2. Dios habla aún en los tiempos más oscuros. Los profetas menores escribieron durante el tiempo en el que Israel estaba a punto de ser invadido y durante su cautividad. Los profetas trajeron advertencias duras y llamados contundentes al arrepentimiento, y eso nos recuerda que el Señor es soberano en su obra aún cuando nuestros enemigos parecen tener el control.
    ¿Estás desesperado por la condición moral o espiritual de tu país? No asumas que Dios nos ha apagado las luces y cerrado las puertas. Él desea hablarnos aún cuando las circunstancias se ven negras. Los profetas menores afirman que el Señor quiere hablarnos cuando parece que ya nada puede estar peor. Israel estuvo más de setenta años de juicio, pero Dios no dejó que se desesperaran. Él envió a Zacarías a decir: “Regresaré a Sión” (Zacarías 8:3). Cuando la palabra de Dios es declarada, ¡todo comienza a cambiar!
  3. Las promesas de Dios nunca fallan. Los profetas menores anunciaron la llegada de la redención y la restauración, pero a sus palabras le siguieron cuatrocientos “años de silencio” desde el fin de Malaquías hasta el nacimiento de Jesús. Los profetas hablaron de la reunificación de Israel, la venida del Salvador y el derramamiento del Espíritu Santo. Pero la semilla de su promesa profética había caído en la tierra seca y murió antes de que pueda llevar mucho fruto.
    Recuerda: los tiempos de Dios son diferentes de los tuyos. Aún cuando parece que Él guarda silencio, lo que ha dicho sucederá. ¡Un avivamiento está llegando! Habacuc escribió: Pues la visión se realizará en el tiempo señalado;
marcha hacia su cumplimiento, y no dejará de cumplirse.
Aunque parezca tardar, espérala;
porque sin falta vendrá”(Habacuc 2:3).
  4. Siempre hay esperanza para el justo. Aunque los profetas menores predijeron el juicio calamitoso, ellos también llevaron esperanza de restauración. A través de Amós, el Señor amonestó a Israel por sus caminos injustos, pero luego Él le prometió a Jerusalén: Repararé sus grietas,
restauraré sus ruinas
y la reconstruiré tal como era en días pasados” (Amós 9:11). Hay luz al final del túnel si eres un seguidor de Cristo.
    Si estás desanimado al ver amigos lejos de Jesús, miembros de tu familia que no han sido salvos, iglesias que parecen muertas o tu propio desierto espiritual, tú puedes tomar coraje de las palabras que Habacuc escribió: “Aunque la higuera no dé renuevos,
ni haya frutos en las vides… aun así, yo me regocijaré en el Señor,
¡me alegraré en Dios, mi libertador!” (Habacuc 3:17-18). ¡Nunca está todo tan mal como parece! El Señor ofrece verdadera esperanza para aquellos que acuden a Él.
  5. La fidelidad de Dios nunca cambia. Los profetas menores revelan el carácter de Dios con asombrosa profundidad. Oseas entendió que Dios ve su relación con nosotros como el pacto matrimonial. Jonás descubrió la inmensa compasión por los pecadores. Sofonías revela que el amor de Dios es tan intenso que Él se regocija en su Pueblo con gritos de gozo.
    Pero lo que más claramente está revelado por los “menores” es la fidelidad de Dios a su pacto con su Pueblo, incluso cuando nosotros fallamos. Estos profetas del Antiguo Testamento vivieron antes de la venida de Jesús, pero entendieron la gracia mejor que muchos de nosotros. Nuestro misericordioso Dios quería tanto una relación personal con nosotros que pagó el precio más caro para cambiar nuestro corazón. Me encanta como Miqueas lo dice: ¿Qué Dios hay como tú,
que perdone la maldad
y pase por alto el delito
del remanente de su pueblo?
No siempre estarás airado,
porque tu mayor placer es amar”(Miqueas 7:18).

Si tú estás desesperado, vuelve tu oído a lo que Dios quiere decirte. Sumerge tu mente en el mensaje que nos dan los profetas menores, y deja que el Espíritu Santo reavive la esperanza.

J. Lee Grady es editor de la revista Charismay director del Proyecto Mordecai(themordecaiproject.org).

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