“Necesitamos líderes con unción y carácter”

Entrevista Exclusiva a John Arnott

Fue uno de los hombres que Dios usó para el avivamiento en la Argentina en la década de los noventa. Hoy vuelve a nuestro país y nos da su mirada de lo que Dios está haciendo.

John Arnott es el pastor de la Iglesia Toronto Airport Fellowship, Canadá, y protagonista de un avivamiento espiritual que se desató en su congregación en 1994, conocido como “la bendición de Toronto”, y que alcanzó no solo a muchos países del mundo sino que nuestro país fue especialmente bendecido por ese avivamiento. Aquella visitación del Espíritu transformó sus ministerios de una manera drástica y miles de cristianos de todo el globo recibieron su influencia renovadora. Junto a su esposa Carol, han recorrido muchas naciones ministrando acerca del amor del Padre, la gracia, el perdón y el poder del Espíritu Santo. En el marco de la convención de la iglesia Catedral de la Fe, La Corriente del Espíritu tuvo la oportunidad de compartir una charla profunda y sincera con el pastor John.

L.C.: Su primera visita a nuestro país fue el 1993. Y luego de eso su vida y su iglesia fueron revolucionadas. ¿Qué ha acontecido en estos años?

J.A.: Así es. Cuando vine por primera vez fue para ver el avivamiento que acontecía en la Argentina. Asistí las grandes reuniones con Carlos Annacondia, conocí las iglesias de Omar Cabrera y el mover de la unción con Claudio Freidzon. En aquel tiempo invité al pastor Claudio a visitarnos a Toronto ya que quería que orara por nosotros. Su oración fue sencilla pero al instante supe que algo fuerte iba a pasar, que había sido tocado y lleno de algo muy fuerte. No pasó mucho tiempo hasta que el Espíritu Santo se manifestó con poder. Fue tal su intensidad que me dejó shockeado. Esa manifestación se extendió sobre los hermanos de la congregación y ya no volvimos a ser los de antes. El mover fue muy fuerte; comenzaron a llegar hermanos de todas partes y tuvimos que ir a un lugar más grande. En ese entonces éramos una congregación de unas trescientas personas. Ahora somos dos mil y hemos abierto iglesias en muchos lugares del mundo. Luego hemos salido a ministrar por todas partes. Hoy en día atendemos varias redes de iglesias en India, Ucrania, África y Oriente.

L.C.: ¿Actualmente qué está haciendo el Señor en su congregación?

J.A.: Las mismas cosas pero no con la misma intensidad. Al principio fue como que recibimos mucho de Dios. Fue un tiempo donde venían de todo el mundo; ahora estamos enviando, estamos saliendo a abrir iglesias. Muchos de nuestros pastores están en distintas partes del mundo.

L.C.: Después de veinte años de aquel avivamiento, ¿cómo lo analiza a la distancia?

Me gustó todo. La intensidad del Espíritu Santo, las manifestaciones de su presencia y los resultados que produjo. Los que venían a ser ministrados experimentaban cosas extrañas y muchos no entendieron esas manifestaciones. Le echaron la culpa al diablo, pero la mayoría de las veces no era él. Necesitamos tener más fe en la habilidad de Dios para bendecirnos que en la habilidad de Satanás para engañarnos. Era el Espíritu Santo que “jugaba” con nosotros. Nos llenaba de gozo, de libertad, y eso fue muy bueno para la gente, aunque muchos pastores no lo entendieron. Realmente no me arrepiento de nada; quisiera tener ese mismo poder ahora. Cuando la gente se iba tenía algo en su corazón, estaba llena del amor de Dios, su paz y su sanidad. Y si te levantas del suelo con una nueva revelación, ¿qué importa cómo lo hizo el Espíritu en tu vida?

L.C.: ¿Aquel fue un avivamiento de sanidad?

J.A.: Una sanidad emocional. Muchos fueron sanos físicamente, pero más sanos de la vergüenza, del odio, de la ira. El Espíritu Santo trae sus frutos: amor, gozo, paz, paciencia y dominio propio. Algunos dicen: “Bueno, menos mal que trae dominio propio porque las cosas que se ven parecen lo contrario”. Pero el dominio propio es para controlarlo a uno, no para intentar controlar al Espíritu Santo. Es para vivir una vida de santidad. Él hace como quiere. Es bueno ser lleno del Espíritu pero no hay que intentar controlarlo. Él toma el control y te conduce como quien se sienta al volante de un auto.

L.C.: ¿Cómo era el equipo de pastores y líderes con los que trabajaba?

J.A.: Eran muy especiales. Es que debemos entender que el Espíritu Santo fluye a través de las personas. Si oro por ti, el Espíritu fluye a través de mí. Por eso oramos por la persona para que reciban más y más. En una oportunidad, mi esposa Carol ha orado cuatro horas por una misma persona. Al regresar de mi primera visita a la Argentina, pensaba que el Espíritu Santo me usaría para salvar a las multitudes y sanar a los enfermos. Pero Él hizo otra cosa. Tuvimos un avivamiento de gozo. La gente decía: “Bueno, no sé si fui sano de mi enfermedad pero me siento tan bien, siento tanta alegría, me siento muy amado”. Me tomó un tiempo entender esto, pero eso también es sanidad.

L.C.: ¿Qué más conoció de Dios después de aquella visitación?

Personalmente lo viví como una revelación del amor de Dios. Algo sucede cuando la gente cae, tienen una revelación de cuán especiales son para Dios. Y yo disfrute el comprobar que se sienten amados por Dios, y ese amor los sana. También entendí que Dios es tripartito: el Padre ama, Jesús sana y el Espíritu Santo unge. Los tres son uno y trabajan en equipo. A veces solo tomamos conciencia de la obra de Jesús y un poco del Espíritu, pero creo que necesitamos hacer énfasis en el amor del Padre porque la Iglesia lo ha perdido. Estamos muy enfocados en el éxito; todos queremos crecer, pero antes necesitamos ser llenos del amor. ¿Cuál es el principal mandamiento? Ama a Dios con todo tu corazón. Primero debemos amar a Dios y después responder a la gran comisión. ¿Qué ocurre si nos concentramos en la gran comisión pero no cumplimos con el primer mandamiento? No amamos a nuestra familia, no amamos a la gente, y ese no es el corazón de Dios.

L.C.: ¿Crees que Dios lo ungió para ese ministerio?

J.A.: Sí. Sirvió para el mundo. Carol y yo hemos predicado lo mismo en Canadá, Inglaterra, Australia, India y muchas partes más, y siempre hemos visto el mismo resultado: un impacto poderoso del Espíritu, trayendo gran sanidad y libertad. Dios quiere sanarnos en cuerpo, alma y espíritu, y además quiere sanar nuestras relaciones los unos con los otros. El Padre está muy interesado en desarraigar las obras de nuestra carne, derribando las mentiras y fortalezas del enemigo que engañan. Él quiere hacer esto para que podamos reaccionar a cada situación y a cada relación personal con el amor y compasión de Cristo, no con juicio y crítica. Nuestras armas más poderosas en este proceso son el arrepentimiento y el perdón, basados en la cruz de Cristo y el amor de Dios.

L.C.: ¿Para qué somos ungidos?

J.A.: La unción del Espíritu Santo es dada para glorificar a Jesús y hacer venir su Reino. En su misericordia y amor Él viene a llenarnos con las verdaderas riquezas para que podamos recibir lo que el mundo necesita desesperadamente: la intimidad con Dios, la realidad de su presencia y luego, entonces, compartirlo con los demás. No osemos utilizar la unción para ganar riquezas, gloria o credibilidad para nosotros mismos en ninguna forma. Dejemos que Él nos use para un solo propósito: que Jesús sea honrado y glorificado a través de nuestras vidas.

La fe en el mundo

L.C.: ¿El mundo está más cerca o más lejos de Dios?

J.A.: La gente de los países desarrollados están lejos pero la de los países en desarrollo están muy abiertos.

L.C.: ¿Por qué esto se da así?

J.A.: Por el secularismo que avanzó en estos países prósperos. Latinoamérica, por ejemplo, tiene tradición cristiana y no está tan aferrada al materialismo. Pero quizás otra de las razones sea que Dios los ama mucho y los bendice con su presencia (risas).

L.C.: John Wesley decía que la fe en Dios te lleva a la prosperidad, pero esta puede alejarte de Dios.

J.A.: Claro, pero no debería ser de esta manera. Si una mujer de fe se casa con un hombre próspero no por eso debería arruinar su carácter. La humildad es una característica que Dios valora mucho. Él es humilde, no arrogante, y quiere que seamos como Él. El dinero puede dar privilegios, pero no por eso volverte orgulloso. Hombres como Abraham eran ricos y no se corrompieron.

L.C.: Si países protestantes que fueron prosperados terminaron perdiendo la fe, ¿nos puede pasar a nosotros los latinoamericanos?

J.A.: Es posible. Pero yo miro a Corea, con un testimonio de fe tremendo. Hoy la mitad de la población es cristiana. Ha prosperado mucho pero no ha caído la espiritualidad.

L.C.: ¿Qué debemos hacer para que la fe que hay los países de habla hispana continúe creciendo?

J.A.: El Señor dice a través de Miqueas 6:8 lo que espera de nosotros: “hacer justicia, amar, tener misericordia y caminar en humildad”. Cuando caminamos de esta manera Él seguirá manifestándose cada día más.

L.C.: Jack Olson dijo: “Encuentro una reserva de fe en Latinoamérica y en África”. ¿Es así?

J.A.: Sí. Yo también lo veo así. Por ejemplo en países como Argentina, Colombia, México, Guatemala. Pero también en Oriente. Dios está haciendo grandes cosas en China, Corea, Indonesia y en países de religión musulmana pero con un gran crecimiento de cristianos. Uno de los grandes avivamientos de este momento ocurre en Irán. El gobierno trata de aplastarlos, pero Jesús se les está apareciendo en sueños personalmente. Hace poco hicimos dos escuelas de capacitación con pastores iraníes. Ellos tienen historias horrorosas de persecución y tortura. Pero están teniendo sueños, revelaciones y visiones. Nos contaron que un pueblo con cerca de cinco mil habitantes, la mitad de ellos tuvo el mismo sueño en la misma noche. Jesús se les apareció y les dijo: “Síganme”. Es tremendo. Esto sucede en Irán, y está pasando en otros países musulmanes como Egipto. En Siria también Dios está obrando de manera poderosa.

Un mensaje para hoy

L.C.: Después de haber visto todo sobre el mover de Dios, ¿qué consejo le daría a los pastores que esperan una visitación en sus vidas?

J.A.: Que sean hombres que busquen el carácter de Dios, que sean sanos en la doctrina y valientes en la verdad pero también amorosos, bien cimentados en el amor. Que puedan manifestar el amor del Padre. Algunos ministerios parecen muy agresivos y frontales, pero no son apoyados por el Espíritu Santo. Tenemos que ser personas de carácter pero a su vez ungidas en dones. Jesús fue un hombre de perfecto carácter y con una unción increíble. A veces vemos gente con mucha unción pero con problemas de conducta, y otros con mucho carácter pero sin poder. Necesitamos líderes en los que la gente pueda confiar, con carácter, con competitividad, con motivación y con conocimiento de Dios. Cuando tienes estas características la gente te va a seguir. Yo oro por estos pastores y líderes.

L.C.: ¿Cómo será el próximo avivamiento?

J.A.: Creo que va a eclipsar y sobrepasar el libro de los Hechos. Aquellos primeros cristianos conquistaron el mundo conocido manifestando el Reino de Dios con señales y maravillas y un estilo de vida de honestidad e integridad. Dios va a manifestarse en este tiempo a través de cristianos que demuestren integridad, poder y amor. Los hombres conocerán y adorarán a Dios.

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