Cuando un líder te desilusiona

Cómo enfrentar la desilusión y ser libres del pasado

Por J. Lee Grady

Durante la década de los ochenta, fui miembro de un ministerio cristiano vibrante que estaba enfocado en alcanzar estudiantes universitarios. La gente involucrada era apasionada por Cristo, sentía fervor por el evangelismo y estaba ansiosa por enviar misioneros al mundo. No hay duda de que éramos parte de un avivamiento. Pero seres humanos imperfectos estaban involucrados, y como la mayoría de nosotros tenía menos de 30 años no teníamos idea de lo que estaría por venir.

Éramos idealistas, poco preparados y horriblemente ingenuos. Como resultado, se cometieron muchos errores. Usamos mal Las Escrituras. Se lanzaron juicios livianamente. Personas salieron lastimadas. Matrimonios se disolvieron. Iglesias se cerraron. Y algunas personas nunca superaron el hecho de que cristianos le hayan hecho daño a otros.

A cada lado a donde voy conozco cristiano que fueron heridos en la iglesia o dañados por palabras o acciones de líderes. Algunas de estas personas están amargadas. Otras se rindieron con respecto a la iglesia. Algunos hasta han abandonado la fe. Y otros sufren el desorden espiritual del estrés postraumático. Si tú o alguien que amas ha sido herido, yo recomiendo que tomes los siguientes pasos:

 

  1. Perdona desde tu corazón. El primer paso siempre es el perdón. No caigas en la trampa de justificar tu derecho a estar ofendido. Quizá estés tentado a gritar: “¡Pero tú no entiendes lo que me hicieron!”. Dios sí te entiende pero también requiere dejar ir al dolor. La Palabra es clara: “…perdonen si alguno tiene queja contra otro. Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes” (Colosenses 3:13).
  2. Aprende de los errores de otros. Tengo mentores que me enseñaron mucho acerca del Señor, del liderazgo y del ministerio. Pero también he aprendido mucho al observar los errores que cometieron otros líderes. Si alguien en tu ministerio te hiere, hazte una nota mental: “Esta no es la manera en la que yo quiero tratar a las personas”. De hecho, tú puedes tornar tus desilusiones en bendiciones si aprendes de ellas.
  3. Permanece humilde. El orgullo desemboca en un alma amargada. Si tú permites que el odio o el resentimiento se alojen en tu corazón, no pasará mucho tiempo hasta que tu carácter se haya contaminado completamente. El deseo por probar que tienes razón inflará tu ego y Dios te resistirá. Pablo les dijo a los gálatas: Si alguien cree ser algo, cuando en realidad no es nada, se engaña a sí mismo” (Gálatas 6:3). No permitas que los errores de los otros te conviertan en un monstruo.
  4. Trata de hacer la paz. Nunca permitas que la ofensa destruya una relación. Es infantil alejarse. ¿Sabe el líder cómo él o ella te lastimó? Reúnete con él ¾o con ella¾ y comparte tu corazón. Dale la chance de disculparse o darte una explicación. Nuestra tendencia siempre es magnificar los errores de la otra persona mientras nos excusamos de nuestro propio comportamiento. Nunca es sabio romper con una relación sin hacer el esfuerzo por reconciliarse. Si tú sientes que no puedes hablar con la persona porque te intimida, escribe una carta preguntando por un encuentro.
  5. Manténte en comunidad. El diablo es un lobo: él aísla a sus víctimas antes de atacarlas. Mucha gente que fue herida por líderes dejó la iglesia. Está bien tomar una pequeña pausa para recuperarse. Pero si tú vas dos meses, luego seis, luego un año sin estar cerca de una comunidad con otros cristianos, te haces vulnerable a ti mismo. Puedes ser tentado a creer que no hay pastores o congregaciones saludables en tu vecindario, pero te reto a que no lo creas.
  6. Busca un buen consejero. Nunca es bueno atravesar por la ruptura de una relación sin tener una perspectiva externa. Quizá tú piensas que eres la víctima hasta que un amigo señala tu propia mancha. Comparte lo que te sucede con gente confiable y espiritualmente madura, y pregúntale cómo debes responder. Si lo que te hizo el líder fue criminal (como un abuso sexual o explotación financiera) quizá entonces debas consultar a un abogado. Pero en la mayoría de los casos, tú simplemente necesitarás perdonar y renunciar a cualquier deseo de venganza. Practica Romanos 12:17: No paguen a nadie mal por mal. Procuren hacer lo bueno delante de todos”.
  7. Rompe con la manipulación. Algunas veces los líderes inmaduros hacen juicios severos contra ciertos miembros de la iglesia. Otros usan su autoridad para castigar lo que ellos perciben como desleal, y la persona se siente maldita. Cosas inapropiadas como estas tienen el poder de mutilar la espiritualidad de las personas. Si esto es lo que te ha sucedido, pídele a un pastor o a un amigo maduro que ore por ti y quiebre el poder de estas cosas para que puedas ser sanado.
  8. Continúa hacia delante. He conocido cristianos que cuidaban de las mismas heridas luego de treinta años. Mantenían vivo su dolor al revivir la ofensa una y otra vez. Como resultado ellos estaban frenados en una máquina del tiempo, y nadie quería juntarse con ellos porque su sarcasmo era muy tóxico. Tú tienes que dejarlo ir. Di lo que Jesús dijo en la cruz: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34).

Deja tus ofensas en la cruz. No permitas que las decepciones te encierren en un pasado infeliz cuando el Señor tiene un futuro pleno para ti.

Por J. Lee Grady
Editor principal de la revista Carisma y el director de El Proyecto Mordecai (themordecaiproject.org)

 

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