“No soporto a muchos cristianos”

Un diagnóstico atrevido sobre muchos seguidores de Cristo

Amo a Cristo. Son sus seguidores los que me vuelven loco. La verdades que hay muchos cristianos que me disgustan. No me gustanpara nada, ni un poquito siquiera. Muchas veces habría preferidomás bien estar cerca de paganos quede esos autollamados creyentes criticones y estrechos de menteque se creen justos.

Me relaciono bastante con cierto pastor de una iglesia numerosa.Una vez ese pastor le dijo a un reportero que oraba seis horas al día. Asombrado, el periodista le preguntópor qué oraba tanto. El pastor contestó con sinceridad: «Mi iglesiaes muy numerosa y allí hay muchas personas que detesto, por loque necesito orar seis horas puesto que eso me ayuda a amarlos».

Aquí tengo una lista breve de razones. Me disgustanmuchos cristianos porque pueden ser muy sentenciosos. Actúancomo diciendo: «Soy más santo que tú», y pueden ser increíblementecondescendientes. Se van a pelear y discutir por las cosasmás tontas: usted lee una versión de la Biblia que no debe leer.En su iglesia tienen un estilo de adoración inadecuado.Usted no enseña suficiente el Antiguo Testamento.

Esos «expertos en iglesia» son, con frecuencia, los mismos queno conocen el nombre de su vecino que no es salvo. ¡Ay! Luego, cuando salimos de los temas de la iglesia, es todavíamás divertido: si escucha música secular es porque usted es del diablo.No se haga tatuajes.No mire tv.

No puedo imaginarme a Jesús dedicándose a prohibir esascosas.

Otro que me entristece es el “iracundo predicador callejero”:¡arrepiéntanse o arderán! ¡Ustedes, pecadores, van camino al infierno!

Los cristianos pueden ser muy raros, de verdad raros. Veamos latelevisión cristiana. Algunos de esos individuos hacen mi tareacasi imposible. Si aun yo —que supuestamente estoy en el mismoequipo— me siento tentado a burlarme de sus ridiculeces,¿cómo puede asombrarnos que los inconversos miren esos programasy se burlen? Yo sé que se ven en la televisión algunos ministerioscristianos muy valiosos, y estoy totalmente a su favor, pero hayque reconocer que algunos tienen mucha apariencia y cáscara, peromuy poca sustancia.

Aunque quizá lo peor es que, algunos cristianos, puedan ser tanrepugnantemente hipócritas. Están dispuestos a decir una cosa yhacer otra. Eso no solo mancha el nombre de Jesús, sino que le daal mundo escéptico e incrédulo más municiones para usar en contradel cuerpo de Cristo.

Es como aquel hombre que acudió a un ministro bautista y ledijo:

—Hermano Smith, ¿oficiaría usted un funeral para mi perroque ha muerto?

A lo que el hermano Smith respondió:

—Nosotros no hacemos funerales para los perros.

—Ah —contestó el hombre, que parecía desilusionado, peroque por dentro se reía—, yo iba a dar una ofrenda de $100.000a la iglesia. Creo que tendré que dársela a los metodistas.

—Espere un momento —replicó sin perder tiempo el hermanoSmith—. ¿Por qué no me dijo que su perro era bautista?

Esas son unas pocas de las razones por las que me caen malmuchos cristianos. Para ser justos, a muchos de ellos tampocoles agrado yo.

Ahora que ya está todo sobre la mesa, podemos empezar yconfiemos que podamos llegar allí donde Dios quiere que estemos,que probablemente no sea el lugar donde estoy en estemomento.

 

El que menos me gusta

Hay muchas cosas que aborrezco de mí mismo.Detesto ser menos de lo que Cristo quiere que sea. Me desprecio amí mismo cuando digo cosas que no debiera decir y que son incongruentescon la Palabra de Dios. Me detesto cuando, como líder,tomo decisiones que perjudican a otras personas. Me siento muymal cuando mis acciones pecaminosas dañan a los seguidores deCristo y alejan a los no creyentes.

Mi esposa se colaría aquí y diría: «Creo que eres muy exigente contigo mismo». Puede que tenga razón. Estoycreciendo, y parte de mi crecimiento es aprender a aceptarme a mímismo como Cristo me acepta, pero puedo aceptarme a mí mismoy al mismo tiempo aborrecer mis meteduras de pata.

No puedo tragar a muchos cristianos y mi nombre, a menudo,encabeza la lista; pero si bien desprecio en gran manera misacciones pecaminosas, me resulta mucho más fácil apuntar con midedo a otros. Cuando examino con sinceridad esta contradiccióndentro de mí, veo exactamente lo que necesito hacer con ello. Envez de seguir mi tendencia instintiva de defenderme y devolver lacrítica, me comprometo aquí y ahora a abrir mi corazón de par enpar delante de Dios.

En vez de quejarme de las irritaciones pequeñas e intrascendentes,le pido a Dios que vaya directo a la raíz delproblema, que extraiga la podredumbre que hay allí y arregle lasgrietas de mis cimientos. Lo necesito para que me muestre cómoamarlo a Él y cómo amar a su pueblo. Incluso a aquellos a los queno puedo aguantar, aun a mí mismo.

Señor, hazme diferente.

Le invito a usted a venir conmigo, no solo a decir: «Sí,usted en verdad necesita cambiar», sino a decirse a símismo: «Yo también necesito cambiar».He descubierto una bonificación extra que vienecuando le permito a Dios que me cambie: a medida que Diossigue moldeando mi barro, aprendo a que me gusten —o almenos a tolerar— otros cristianos que solía aborrecer. CuandoDios me cambia, también modifica la manera en que veo a losdemás.

¿Diferentes? ¡Demuéstrelo!

Primera de Pedro 1:14-15 dice: «Como hijos obedientes, no se amolden a los malos deseos que tenían antes, cuando vivían en la ignorancia. Más bien, sean ustedes santos en todo lo que hagan, como también es santo quien los llamó». De manera queen vez de llevar el uniforme de «policía del pecado» y buscar lasfaltas de los demás, mi trabajo a tiempo completo debería sersometerme a la obra del Espíritu Santo en mi propia vida, parallegar a ser santo.

Eso a mí me suena muy intimidante, así que dediquémonos ahablar de lo de «santo». En la Biblia, la palabra que traducimos como «santo» proviene deunos vocablos en griego y hebreo que significan «sagrado», «consagrado» o «apartado para un propósito especial». Si una cosa opersona es «apartada» de todo lo que pueda contaminarla, es también«pura», que es otra de las implicaciones de la santidad.

Al amar a Dios y rendirle todo mi corazón, su Espíritu mehace puro, diferente, apartado de las tinieblas de este mundo. Pordesdicha, si «santo» significa «apartado», la pavorosa verdad esque… no siempre me comporto de forma muy diferente a la de losincrédulos. ¿Y usted?

Por la manera en que se comporta, ¿es usted en verdad diferentede sus vecinos inconversos? ¿O de sus compañeros de oficina? ¿Esusted diferente en sus actitudes? ¿En su forma de criar a sus hijos?¿En cómo maneja el dinero? ¿Es diferente en su matrimonio? ¿Ensus amistades? ¿En su moral?

Dios nos llama a ser diferentes. A veces lo somos… en el malsentido.

Señor, haznos diferentes en nuestras acciones.

Yo primero

Tiendo a acusar a otros, al mismo tiempo que me disculpoa mí mismo. Si alguien hace algo un tanto erróneo, estoy muydispuesto a señalarlo con el dedo, pero si yo hago algo mal hecho,soy muy rápido al justificarlo. Juzgo a los demás por sus acciones,pero me juzgo a mí mismo por mis intenciones.Eso está mal.

Pablo dice en Filipenses 2:5: «La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús».¿Y cuál es esaactitud? «No hagan nada por egoísmo o vanidad; más bien, con humildad consideren a los demás como superiores a ustedes mismos.  Cada uno debe velar no solo por sus propios intereses, sino también por los intereses de los demás» (vv. 3-4). Notemos que estepasaje nos dice que no hagamos nada por egoísmo. Cero. Nulo.Nada.No obstante, mucho de lo que hago está motivado por elegoísmo.

Dios eleva el nivel: debería poner los intereses de los demáspor encima de los míos. Eso es más fácil decirlo que hacerlo.Señor, cambia mi actitud hacia los demás.

Aunque nunca he dañado a nadie a propósito, mi naturalezaes muy egoísta y centrada en mí mismo, por lo que esa actitud egocéntricapuede dañar a otros con tanta facilidad como si actuaracon malicia deliberada.

Señor, ayúdame a poner a los demás antes que a mí mismo. Cambiami actitud.

Una de estas cosas no es como las otras

Resulta más fácil pegarle un balazo a los heridos que ayudarlosa curarse. Es mucho más divertido juzgar a las personas que esforzarsepor entender el dolor y la confusión que hay detrás de ello.La crítica nos surge con más naturalidad que el escuchar, más queel amar.

Señor, ayúdame a amar a los perdidos como tú los amas.

Pienso que muchos inconversos actúan más como Cristo quealgunos cristianos. Permítame darle un par de ejemplos opuestos.Una vez, un hombre de poco más de 20 años llamó a mipuerta para hablarme de su fe. Aunque pensé que aquello era excelente,le interrumpí y le dije que yo ya era discípulo de Cristo. Al nosaber cuál era mi profesión, me preguntó a qué iglesia iba. Cuandose lo dije, me contó en confianza que su pastor le había advertidoque no fuera a esa iglesia… porque el pastor no predicaba la verdad.¡Caramba!

Quizá nuestra iglesia no es para todo el mundo, pero sería muybueno si los cristianos no nos derribáramos unos a otros. El otropastor nunca había conversado conmigo, ni siquiera había estadoen nuestro templo, pero no dudaba en criticarme sin tapujos.

Compárelo con Antonio, un mesero de uno de mis restaurantesfavoritos. Cada vez que voy a comer allí, solicito que él me sirva.Él reconoce que es un poco brusco y que parece estar muy lejos deCristo. Pero es leal, honrado y puede confiarse en él. Sobre todo,Antonio es mi amigo.

Aunque él sabe que soy pastor, no se cohíbe de decirmalas palabras cerca de mí. Las bombas verbales salen de suboca sin limitaciones y eso es solo un calentamiento de motores.Con franqueza, me gusta eso de él. Antonio se porta tal como es,sin pretensiones ni fingimientos, sin hipocresía. Prefiero relacionarmecon alguien que no es creyente pero que es transparenteantes que con un seguidor de Cristo que está representando unespectáculo.

Muchos creyentes engreídos y egocéntricosjuzgan a los que no conocen a Cristo: me molesta su lenguaje profano y blasfemo.Esos viven como perdidos.¿Puede creer la manera tan barata y vulgar en que se viste esafulana que tiene el espíritu de Jezabel?

Si esas personas no conocen a Cristo, ¿por qué los juzgamossegún las normas de Él? ¿Cómo trataría Jesús a esas personas? Señor, cambia mi actitud hacia los perdidos.

¿Rescatar a los rescatadores?

Señor cambia mi actitud acerca de tu Iglesia, en especial en cuanto ami papel en ella.

Algo sucedió que hizo detenerme y pensar. Estaba sentadoen oficina, cuando el cartero me trajo un paquete.Me cae bien ese hombre. Le veo con frecuencia y es, en verdad,un buen profesional, pero dijo algo que me hizo sentir uncosquilleo en la piel.El cartero me dijo: «Al fin encontré una buena iglesia». (Eso,después de pasarse varios años buscando.) «Ninguna de las otrassatisfacía mis necesidades, pero esta sí que lo hace».

¿Puede usted admitir por un momento cuán contraria a laenseñanza bíblica es esa declaración? ¿Cuándo nosotros, comoseguidores de Cristo, empezamos a pensar que la Iglesia existe paranosotros? ¿Cuándo nos olvidamos que nosotros somos la Iglesia? ¿Yque estamos aquí por el mundo?

Le animo a que deje de ser un espectadory participe en el juego. Salga de sí mismo. Use sus dones. Décon generosidad y sirva con pasión. Marque una diferencia. Ame aaquellos que otros rechazan, incluso a los que no sean como nosotros,en especial a los que no son como nosotros. Ame no solo alos no creyentes, sino también a los «cristianos de segunda clase».Jesús lo hizo; nosotros también debemos hacerlo.

Lo que amo

Hablemos ahora de lo que me gusta o, en realidad,de lo que amo.

Amo mi grupo pequeño de estudio bíblico semanal. Estácompuesto por algunas de las mejores personas que conozco. Sonimperfectas, pero auténticas. Hace unos días, un hombre a quientodos respetamos habló de su problema con la lujuria. Lo admiropor eso. Dios lo está cambiando. Eso me gusta mucho. Amo a lapersona anónima que me trajo una pequeña bolsa con galletas dechocolate, solo para iluminar mi día. Me gusta que las personasdonen dinero para la radio cristiana y para ayudar a los países deltercer mundo, para enviar a los adolescentes a los campamentosy para ayudar a las víctimas de los huracanes. Me gusta muchocuando los cristianos se sacrifican, cuando dan algo que aman poralgo que aman aun más.Me gusta mucho cuando los hijos de Dios oran… y cuandoÉl responde. Me gusta cuando los creyentes usan sus donesespirituales y cuando se distinguen. Me gusta mucho cuando lossiervos de Cristo crecen internamente por la manera en que Dioslos usa.Me gusta cuando las personas entienden y responden a lagracia de Dios, y no cesan de hablar de ello. Me encanta ver cuandolas personas imperfectas se enfrentan a un Dios perfecto… y Él gana.

Por Craig Groeschel
Tomado del libro: Sin filtro
Grupo Nivel Uno

Sin Filtro: Confesiones de un Pastor

 

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