El legado de Billy Graham

El “Evangelista de América”, como lo conocían, partió hacia su hogar celestial

Billy Graham fue quizás la figura religiosa más importante del siglo XX. El movimiento y las organizaciones a las que él ayudó a crear siguen desempeñando un papel relevante en el siglo XXI. Durante toda su vida, Graham predicó personalmente a más de doscientas millones de personas; a otros tantos millones a través de la televisión, por satélite y hasta en películas. Casi tres millones de personas respondieron al llamado de “aceptar a Jesús en su corazón” que él hacía al final de sus sermones. En toda la historia, ningún otro predicador proclamó el Evangelio a más personas que él. Por todo ello, se convirtió en el “pastor de América”, participando en asunciones de presidentes y brindando mensajes en momentos de crisis nacional.

“Él se convirtió en amigo y confidente de Papas, presidentes y reyes, y sin embargo, incluso en sus 80 años, posee el encanto juvenil y humilde para comunicarse con las masas”, dijo el historiador de la Universidad de Columbia, Randall Balmer.

Billy Graham nació en 1918 en Charlotte, Carolina del Norte. Fue ordenado ministro en la Iglesia Bautista del Sur (1939), pastoreó una pequeña iglesia en los suburbios de Chicago y predicó en un programa de radio semanal. En 1946 se convirtió en el primer miembro del personal a tiempo completo de Jóvenes para Cristo y así lanzó sus campañas de evangelización. Sus reuniones de campaña de evangelización de 1949 en Los Ángeles atrajeron la atención de todo Estados Unidos, y sus reuniones de 1957 en Nueva York, que llenaron el Madison Square Garden durante cuatro meses, lo establecieron como una presencia relevante en la escena religiosa.

Graham apareció regularmente en rankings de las personas “más admiradas”. Entre 1950 y 1990 Billy ganó un lugar en la lista “Los más admirados” de la Organización Gallup con más frecuencia que cualquier otro estadounidense. Ladies Home Journal lo ubicó una vez detrás del mismo Dios en la categoría de “logros en la religión”. Recibió la Medalla Presidencial de la Libertad (1983) y la Medalla de Oro del Congreso (1996).

SherwoodWirt, quien durante diecisiete años editó la revista Decision de la organización Graham, plasmó lo que un ministro escocés observó sobre Graham: “Mi primera impresión no fue su buena apariencia sino su bondad; no su extraordinaria agenda llena de compromisos, sino de su propio “compromiso” con su Señor y Maestro. Estar con él, incluso por un corto tiempo, es tener la sensación de estar con un hombre decidido; hace avergonzar y sacudir a uno como ninguna otra cosa puede hacer”.

Graham fue un modelo de integridad. A pesar de los escándalos y los errores que derrocaron a otros líderes y ministros, incluido su amigo, Richard Nixon y una sucesión de televangelistas, en seis décadas como ministerio, nadie lo acusó de mala conducta.

Eso no quiere decir que no fue seriamente criticado. Algunos liberales e intelectuales llamaron a su mensaje “simplista”. Algunos fundamentalistas lo consideraron “comprometido” por cooperar con ciertos grupos y con el Consejo Nacional de Iglesias.

Su postura anti-segregacionista durante la era de los Derechos Civiles provocó el fuego de ambos lados: los segregacionistas blancos estaban furiosos cuando invitó al “agitador” Martin Luther King Jr. a orar en la cruzada de la ciudad de Nueva York en 1957; activistas de derechos civiles lo acusaron de cobardía por no unirse a ellos en marchas de protesta y por ser arrestados por la causa.

En 1982, cuando visitó la Unión Soviética y acordó predicar el Evangelio por invitación del gobierno, desencadenó una tormenta de críticas. A pesar de haberse reunido con Los Siete Siberios, disidentes pentecostales que buscaban asilo político, Graham fue citado diciendo que “personalmente no había visto ninguna evidencia de persecución religiosa”. Algunos lo acusaron de “traidor”. Pero él insistió en que iría a cualquier lugar a predicar, siempre y cuando no hubiera restricciones a su libertad de proclamar el Evangelio. Regresó diciendo que vio la mano de Dios trabajando en la Unión Soviética. Fue atacado ferozmente por ser ingenuo y “una herramienta de la máquina de propaganda soviética”.

Sin embargo, en 1990, después de la caída de la Unión Soviética, su discernimiento se vindicó cuando el entonces presidente George H.W. Bush dijo alNationalReligiousBroadcasters: “Hace ocho años, uno de los grandes embajadores del Señor, el reverendo Billy Graham, viajó a Europa del Este y a la Unión Soviética y, al regresar, habló de un movimiento hacia una mayor libertad religiosa. Quizá él vio esto mucho antes que nosotros porque se necesita a un hombre de Dios para sentir un futuro movimiento de la mano de Dios”.

Quizás el legado perdurable de Graham fue su habilidad para predicar el Evangelio en el idioma de la cultura del país en el que estuviera. Hizo esto brillantemente, haciendo un uso innovador de las tecnologías emergentes ¾radio, televisión, revistas, libros, columnas de periódicos, películas, transmisiones por satélite, Internet¾ para difundir su mensaje.

En la década de 1990, modificó la estructura de sus “cruzadas” (más tarde llamadas “misiones” por deferencia hacia los musulmanes y otros ofendidos por la connotación). Su “noche juvenil” se convirtió en un “Concierto para la próxima generación”, con artistas cristianos de rock, rap y hip-hop encabezando el evento, seguido de su predicación. Este formato atrajo un número récord de jóvenes que aplaudieron a las bandas y luego, asombrosamente, escucharon atentamente al evangelista.

Además, ayudó a fundar numerosas organizaciones influyentes, incluyendo Juventud para Cristo (fue el primer miembro del personal a tiempo completo de esta organización emprendedora e innovadora), la Asociación Evangelística Billy Graham y ChristianityToday. El efecto dominó de su influencia se extiende a numerosas organizaciones educativas en varios lugares de los Estados Unidos. Su aliento y apoyo ayudaron a desarrollar el Consejo Evangélico para la Responsabilidad Financiera, la Misión de la Gran Europa, TransWorld Radio, WorldVision, WorldRelief y la Asociación Nacional de Evangélicos.

Reunió a la comunidad cristiana global a través de convenciones internacionales: un Congreso de Evangelismo Mundial de 1966 en Berlín, el Congreso Internacional de 1974 sobre Evangelización Mundial en Lausana(Suiza), y tres grandes conferencias en Ámsterdam para evangelistas itinerantes en 1983, 1986 y 2000, que atrajo a casi veinticuatro mil evangelistas de doscientos países.

Para muchos, William Franklin Graham no será recordado por sus tantísimos logros. Él siempre será “Billy”, como prefería ser llamado. Para millones, su humildad ante el Todopoderoso les animó a acercarse de esa misma forma al Señor.

Por Marshall Shelley
Christianity Today

Se el primero en comentar

Deja Tu Comentario

Tu dirección de correo no será publicada.


*