Tú también debes sostener escaleras

Desarrolla a otros visionarios

Por Samuel Chand

Miraba fijamente por la ventana mientras esperaba a que alguien me llamara para entrar al santuario. Yo era el orador invitado. Mientras meditaba en los puntos que deseaba cubrir, algo en la calle llamó mi atención.

Era un hombre, parado sobre una escalera, pintando. A simple vista no era algo inusual. Sonreí, recordando mis días de estudiante en la escuela bíblica. Había pasado mis veranos realizando esa clase de trabajo. Pero no podía quitar mi mirada del hombre. Por varios minutos miré sus agraciados movimientos mientras movía su broca a través de la superficie.

“¿Quién le sostiene la escalera a ese hombre?”, pregunté en voz alta, pues no alcanzaba a ver hasta la parte de debajo de la calle.

Mientras permanecí en el estudio del pastor, seguí pensando en esa pregunta. Alguien tenía que estar abajo agarrando la escalera del pintor aunque yo no podía verlo. Me hice esa impresión al mirar fijamente desde ocho pisos por encima del nivel de la calle. Mientras miraba al hombre pintar la pared exterior, noté que él únicamente podía cubrir un área limitada. Se estiró lo más lejos que pudo a la izquierda y después a la derecha, e incluso alcanzó por encima de su cabeza. Mientras lo observaba se me ocurrió que él solo llegaría a la altura hasta donde le fuera cómodo subir o alcanzar.

“¿Qué le permitiría ir más arriba?”, me pregunté. Pude ver que estaba parado en una escalera de extensión, así que podía ir más arriba; y tendría que hacerlo si quería terminar el trabajo. Si la escalera alcanzaba hasta la parte superior del edificio, él todavía necesitaba una cosa más. Necesitaba tener a alguien abajo, a nivel de la calle, que sostuviera su escalera firmemente mientras él trabajaba.

Por sí solo, el pintor no podría llegar más lejos. Se había estirado y alcanzado, y había hecho todo lo posible por sí mismo. Él necesitaba ayuda.

Mientras miraba sus agraciados brochazos, pensé en esa acción en términos de liderazgo. Comprendí que la eficacia de un líder depende de la persona o personas que le sostienen la escalera: aquellos que están en labores de apoyo.

Entonces, otro pensamiento me sorprendió: aquellos que sostienen las escaleras son tan importantes como lo son los líderes.

Mientras miraba fijamente por esa ventana, continué pensando que ningún líder llega a la cima sin aquellos que están abajo sosteniendo la escalera. Estiré mi cuello tratando de ver la acera, pero nunca pude ver quién sostenía la escalera.

Entonces sonreí mientras mi mente se tornaba al simbolismo del liderazgo, del éxito y de las personas que permiten que las cosas sucedan. Aquellos que apoyan fielmente desde abajo no son a menudo visibles. Eso no disminuye su importancia o el que sean necesarios; significa que aunque cada parte de sus ministerios o posiciones son tan importantes como el pintor en la parte de arriba, en ocasiones hacen su trabajo sin que se note. A veces puede que Dios sea el único que sabe quién sostiene la escalera.

Llevé la idea aún más allá. Comencé a pensar en la escalera como el símbolo del sueño y de la visión del líder y, por supuesto, eso hace del pintor un visionario. Una vez que los visionarios comienzan a levantar sus escaleras, los ministerior pueden ser enormes y de gran alcance, o pequeños y limitados. Los visionarios podrían tener todo el entrenamiento posible, el equipo más costoso, años de experiencia y conocimiento sobre pintura, y podrían tener toda la maestría y ser extremadamente apasionados en lo que hacen, pero ese no es el factor decisivo. Quien sostiene la escalera determinada la altura del que sube por ella. “¡Así es!”, exclamé. “Quienes sostienen la escalera controlan el ascenso de los visionarios”.

Escaleras y liderazgo

Continué pensando en esa idea mucho tiempo después de haberme ido de la conferencia. Consideraba cómo ese concepto se aplica al liderazgo. Inmediatamente recordé tres ejemplos o paradigmas.

En una conferencia grande a la que asistí, el pastor Gerald Brooks, enfatizó que hay tres formas en las que realizamos las labores del ministerio.

La primera es hacer todo nosotros mismos. Así es como una cantidad de líderes intenta operar, especialmente cuando la congregación es pequeña. Finalmente afronta la realidad. ¡Es demasiado trabajo!

La segunda es contratar personal. Algunas iglesias les pagan a otros para que asuman el control de una parte o de toda la carga. ¡Eso cuesta demasiado dinero!

La tercera es desarrollar a otros. Algunos líderes les enseñan a las personas a realizar las labores. ¡Eso toma demasiado tiempo!

¿Qué es lo más acertado que puedo hacer? Obviamente la respuesta es la tercera opción. Sin embargo, demasiados líderes de la iglesia están tan ocupados pintando en la parte superior de sus propias escaleras, que no se dan cuenta de cuánta ayudan necesitan. No captan la importancia de desarrollar sostenedores de escalera hasta que se encuentran a dieciocho metros por encima del suelo y comienzan a mirar hacia abajo. A consecuencia de no haberles enseñado a otros a sostener sus escaleras, algunos visionarios han caído. Otros se han desgastado por el trabajo excesivo y por tratar de hacerlo todo ellos mismos. Algunos simplemente han dejado de intentarlo. “Es demasiado duro”, dicen, “y demasiado  solitario”.

La intención de Dios nunca fue que la iglesia local fuera una organización de una sola persona. Si no desarrollamos y equipamos a otros, nunca vamos a tener la clase de sostenedores de escalera que necesitamos, especialmente cuando deseamos subir a los peldaños superiores.

Por Samuel Chand
Tomado del libro: ¿Quién sostiene tu escalera?
Whitaker


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