¿Poder para qué?

Todo es posible para aquellos que creen

Por Marco Barrientos

Uno de los relatos bíblicos que más me atrapa es la escena que describe al padre de un muchacho endemoniado que clama a Jesús para que libere a su hijo. Un espíritu inmundo lo había tomado desde muy pequeño y lo tumbaba al suelo, lo estremecía y lo molestaba. Dice la Biblia que a duras penas salía de él o le dejaba durante algún tiempo.

Este hombre se acercó a Jesús y le dijo: Maestro, te he traído a mi hijo, pues está poseído por un espíritu que le ha quitado el habla. Cada vez que se apodera de él, lo derriba. Echa espumarajos, cruje los dientes y se queda rígido. Les pedí a tus discípulos que expulsaran al espíritu, pero no lo lograron”(Marcos 9:17-18). Entonces pidió que le trajeran al niño y “tan pronto como vio a Jesús, el espíritu sacudió de tal modo al muchacho que éste cayó al suelo y comenzó a revolcarse echando espumarajos(v. 20).

Encuentro en este texto dos puntos interesantes para resaltar. Uno de ellos es la simple expresión de Jesús: “Para el que cree, todo es posible”(v. 23). Y en segundo lugar, la peculiar respuesta del hombre: “¡Sí creo! ¡Ayúdame en mi poca fe!” (v. 24). El hombre creía, aunque necesitaba ayuda para hacerlo.

¿Cuántas veces nos sucede algo similar? Creemos, pero necesitamos la ayuda de Dios. La fe viene del cielo, no es el resultado de la razón sino que es puesta por Dios. Fe es creer, es estar persuadido, confiado, tomado del Señor. Fe es creer que lo que Dios dice es verdad y es caminar en ello. Pero sin la ayuda del Señor no podemos obtener absolutamente nada, ni siquiera podemos creer correctamente.

El Espíritu Santo es quien nos ayuda en nuestras debilidades para que podamos creer en Jesucristo. Creer que Él es el Hacedor de milagros y que suceden entre nosotros porque Él está presente.

Es interesante ver que todos los personajes que aparecen en la Palabra del Señor creyeron pero ayudados en un momento determinado por la Palabra, por el Espíritu Santo y porque Jesús estuvo presente.

Hoy en día, Jesús está presente en cada eventualidad en cada momento y circunstancia de nuestra vida para ayudarnos. Él no lo llamó para que fuera un derrotado. Él lo llamó para que pudiera alcanzar lo inalcanzable en el nombre del Señor Jesucristo. El Señor no nos llamó a su Reino para que seamos uno más del montón. Él nos llamó para que hagamos la diferencia, para la honra y la gloria de su santo nombre. El Señor nos llamó para hacer algo nuevo, para restaurarnos y bendecirnos, a fin de dar a conocer el potencial que hay en nosotros.

Su ayuda

Aquel padre desesperado le imploró a Jesús: “¡Sí creo! ¡Ayúdame en mi poca fe!”. Es que podemos creer hasta agotar todos los métodos habidos y por haber. Tomar todos los métodos que aparecen en la Palabra y caminar como ellos lo describen, pero sin la ayuda del Espíritu Santo, es imposible.

El Señor lo ha llamado con un fin y un propósito. Él lo ayudará a alcanzarlos en el nombre de Jesús. De esa forma, todo lo que logre será para su honra y su gloria. Porque no significa que nosotros no tengamos fe, sino que Él puso la fe en nosotros. Pues nos amó y nos salvó primero, y por esa razón nosotros le amamos a Él.

Así que tengo una buena noticia para usted en este día: crea, que Dios lo ayudará, y reconozca que sin Él nada es posible.

Por lo general, solemos clamar a Dios en los momentos más difíciles de nuestra vida, cuando hemos agotado todas las enseñanzas recibidas. Pero debemos aprender a confiar en Él porque nos ayudará. No estamos solos. Él desea ser glorificado y mostrar su poder en nosotros.

En Marcos 3:13-14 dice acerca de Jesucristo: “Subió Jesús a una montaña y llamó a los que quiso, los cuales se reunieron con él. Designó a doce, a quienes nombró apóstoles, para que lo acompañaran y para enviarlos a predicar”.

Jesús había seleccionado a doce hombres con un fin y un propósito. Él ha seleccionado y escogido a su iglesia con un fin y un propósito: que le conozcamos a Él.

Si no fuera por Él, nada somos. Si no fuera por su gracia, no llegaríamos a ningún lugar. Es por tal razón que cada día estoy más enamorado de Jesús. Por lo que Él hace, hizo y continuará haciendo en nuestra vida.

Poder estar en su presencia y conocerle es maravilloso. Ser guiado y dirigido por Él. Estar con Dios es lo que anhelo. Porque cuando deseamos estar con Él porque le amamos y creemos que dio su vida por nosotros en la cruz del Calvario, entonces el propósito de Dios se cumple en nuestra vida para milagros y para creer en lo imposible.

¿Poder para qué?

Jesús llamó a doce para que estuvieran con Él y para enviarlos a predicar a fin de establecer el Reino de Dios, y para que tuviesen autoridad para sanar enfermedades y echar fuera demonios (Marcos 3:14-15). ¿Para qué nos llama Dios? Para creer, y que su Reino sea establecido. Para que otros participen de la bendición que nosotros tenemos. Pues la finalidad de este mensaje no es simplemente creer que Dios le dará un auto, una casa, buena ropa y mejor educación para sus hijos. Eso es solamente prosperidad y bendición personal. Pero el propósito de Dios es que oros sean liberados como lo fuimos nosotros. Que otros sean sanados, así como hemos sido sanados nosotros. De ese modo, la gracia del Señor se manifiesta en esta tierra y es establecido su Reino.

 

Por Marco Barrientos
Tomado del libro: ¡Cree, todo es posible!
Casa Creación

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