La ley y la gracia

No son antagónicos sino que se complementan

Por Andy Stanley

Cuando el Señor le dio a su pueblo los Diez Mandamientos y un cuerpo complejo de leyes para gobernar su nación, pensó en algo mucho mayor. El pueblo hebreo era un instrumento escogido en un gran plan para redimir al mundo de las consecuencias eternas del pecado. Los descendientes de Abraham iban a ser una nación de sacerdotes, un reino gobernado por Dios y el medio a través del cual otras naciones podrían llegar a conocerlo. Se iban a convertir en la voz de la verdad de Dios en el mundo, enseñando sus caminos e ilustrando esa verdad a través de la vida cotidiana (Deut. 6). Por último, le entregarían al mundo un Salvador, el cual llamaron Mesías.

Más allá del propósito práctico y temporal de formar una nación y guiar a su gente, Dios entregó su ley a la humanidad para cumplir un propósito eterno: confrontar nuestro pecado y demostrar nuestra necesidad de un Salvador. Como explicaron luego los escritores del Nuevo Testamento: Dios no nos dio la ley para hacernos buenos. Nos la dio para exponer nuestro pecado. Desde el inicio Él sabía que la humanidad no guardaría ni podría guardar perfectamente su ley, aun reducida a diez reglas simples de conducta. Es por eso que hizo provisión dentro de la ley para aquellos que violaron sus mandamientos. La ley incluye un sistema de sacrificios detallado a través del cual los pecadores podían arrepentirse de su maldad, encontrar perdón y restaurar su relación rota con Dios. Nuevamente desde el inicio, Dios conocía que la humanidad no siempre lo hacía correctamente. Por eso la ley, junto con el sistema de sacrificios, expuso los corazones pecadores de su pueblo y se mantuvo como un recordatorio constante de su necesidad de gracia. Aun aquí encontramos la gracia divina dentro de la ley de Dios, pues esta no simplemente condenó el pecado sino que incluyó instrucciones para reparar la falta.

Cada uno de los sacrificios prescritos se convertía en un ejemplo útil para el adorador, que tenía que ofrecer el mejor animal del rebaño, uno sin mancha o defecto. Esto les recordaba a los israelitas que el pecado es gravoso y que alguien carga siempre con las consecuencias de las decisiones pecaminosas. Eso también les enseñaba el concepto de sustitución: un sacrificio ideal e inocente podría cargar el castigo del pecado por otro. El sacrificio le aseguraba al pecador que una vez que él expiaba su pecado, Dios nunca le recriminaría en el futuro. La ley confrontó a la humanidad tanto con la seriedad del pecado como con la profundidad de la gracia de Dios.

El valor de los Diez Mandamientos para las naciones no judías radica en la aleccionadora realidad de que todos los gobiernos rigen con permito, sujetos al poder soberano de un Legislador todopoderoso ante el que tienen que responder. Por tanto, la responsabilidad de cada nación, de acuerdo con Dios, no es crear la ley sino descubrirla. Dios le dio a Israel leyes específicas para obedecer que no serían apropiadas para nuestros días. Muchas de esas leyes tratan asuntos que ya no existen. En cambio, los gobiernos tienen la responsabilidad de descubrir la manera en que Dios proyectó que la gente viviera en comunidad, de modo que nuestros estatutos específicos puedan conformarse a su patrón perfecto de la condena humana. Solo cuando los gobiernos descubren y abrazan la ley de Dios pueden mantener a sus naciones seguros a la vez que no se pisotea la libertad.

A medida que usted considera el contexto en el cual se entregaron estas leyes, es fácil percibir que ellas no se diseñaron para excluir a Israel de algo bueno. Se diseñaron para proteger la integridad de sus relaciones. En este sentido, estas fueron leyes que reflejaron la gracia de Dios con su pueblo. No se levantaron en contraste con su gracia. Como todos los mandamientos de Dios, ellas se entregaron para socorrer a su pueblo en su vida de gracia.

En la entrega de la ley, ocurrió algo interesante que ilustra más aun la relación de la ley de Dios y su gracia. La Biblia nos dice que cuando Moisés descendió de la montaña con la ley de Dios, la naturaleza respondió de manera violenta. Comprensiblemente, esto asustó al pueblo de Israel. Sin embargo, noten la respuesta de ellos: Ante ese espectáculo de truenos y relámpagos, de sonidos de trompeta y de la montaña envuelta en humo, los israelitas temblaban de miedo y se mantenían a distancia. Así que le suplicaron a Moisés: ‘Háblanos tú, y te escucharemos. Si Dios nos habla, seguramente moriremos’” (Ex. 20:18-19).

“¿Dónde está la gracia en esto?” Usted se preguntará. Aun cuando parece muy desagradable, incluso la gloria aterradora de Dios fue una expresión de su gracia. Cuando el pueblo tembló al pie del Monte Sinaí, que retumbaba, humeaba y relampagueaba en un despliegue asombroso de la presencia de Dios, Moisés les reaseguró: No tenganmiedo. Dios ha venido a ponerlos a prueba, paraquesientantemor de él y no pequen”(Ex. 20:20).

Los israelitas no tenían historia con las consecuencias de la desobediencia personal o nacional. Israel era ingenua como un niño. Para ellos no había manera de llegar a comprender lo que el pecado podría hacer en unanación infante. Todo era nuevo. Aunque ni pudo aprovechar la experiencia de ellos, Dios aprovechó su poder abrumador para asustarlos a fin de que se sometieran. ¿Le parece inapropiado? A mí no. Cuando era niño, en muchas ocasiones mi padre puso el temor llamado “papá” en mí. Les aseguro que temía las consecuencias paternales y eso me mantuvo alejado de mucho problemas.

Lo que fue cierto para Israel lo es para usted y para mí. La ley de Dioses una extensión de su gracia con nosotros. Sus mandamientos no contrastan con ella. Se entregaron por la gracia. Dios ha provisto su ley para capacitarnos a fin de mantener nuestra libertad del pecado y sus consecuencias. ¿No es cierto que sus mayores arrepentimientos se habrían evitado si usted hubiera optado por obedecer en lugar de desobedecer la ley de Dios? ¿No es verdad que usted sería libre de ciertos recuerdos dolorosos y vergonzosos?

Si reflexionamos, es muy fácil ver que la ley de Dios está en el centro de su gracia.

Por Andy Stanley
Tomado del libro: La gracia de Dios
Nelson

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1 comentario en La ley y la gracia

  1. LOS JUDAIZANTES
    Gentiles y Judíos creyentes, judaizando a gentiles;

    Ellos creen que el Apóstol Pablo cuando predicaba el evangélio de Cristo a los gentiles, les enseñaba el Judaísmo (la Torah).

    Esto no puede ser cierto, Porque, el Apóstol Pablo afirmó que el evangelio que él predicaba entre los gentiles, ni lo recibió, ni lo aprendió de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo (Galatas 1:11-20).

    ¿Acaso mintió Pablo?,

    No, Porque todos sabemos que el Apóstol Pablo, desde pequeño recibió las instrucciones de la Ley, y en sus mayores, la de un Judío fariseo (doctor en Leyes) llamado Gamaliel (Hechos 22:3).

    Y todos sabemos que el Apóstol Pablo no se refirió a la torah de los Judios, cuando dijo, que el evangelio que él anunciba a los gentiles, ni lo recibió ni lo aprendió de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo; porque el Judaísmo es conocido y predicado en Israel por todos los Judíos, en sus Sinagogas. (Hechos 15:21) y esto no es por revelación.

    “Porque Moisés desde tiempos antiguos tiene en cada ciudad quien lo predique en las sinagogas, donde es leído cada día de reposo” (Hechos 15:21).

    Lógico está, que el Apóstol Pablo usó la Ley y los profetas (en las sinagogas Judías cada sábado) para probarles a los judíos (por las Escrituras) que Jesucristo era el Mesía (Hechos 13:27,29,45-49; 14:1; 17:1-3,11; 18:4,5,11,19,28; 19:8,9; 28:23,24;) (1Corintios 15:3-4) etc. etc.;
    Pero no predicó la Ley como doctrina a seguir para los gentiles creyentes; Los Apóstoles solo enseñaban y predicaban a Jesucristo (Hechos 5:42; 8:35; 9:20-22; 13:5) etc. etc.

    Fíjense que el evangelio del Apóstol Pablo, ni lo recibió, ni lo aprendió de hombre alguno:

    Gálatas1:11-20. -Mas os hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mí, no es según hombre; pues yo NI LO RECIBÍ NI LO APRENDÍ DE HOMBRE ALGUNO, SINO POR REVELACIÓN DE JESUCRISTO. Porque ya habéis oído acerca de mi conducta en otro tiempo EN EL JUDAISMO, que perseguía sobremanera a la iglesia de Dios, y la asolaba; y EN EL JUDAISMO aventajaba a muchos de mis contemporáneos en mi nación, siendo mucho más celoso de las tradiciones de mis padres. Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia, REVELAR A SU HIJO EN MÍ, para que yo le predicase ENTRE LOS GENTILES, no consulté en seguida con carne y sangre, ni subí a Jerusalén a los que eran apóstoles antes que yo; sino que fui a Arabia, y volví de nuevo a Damasco. Después, pasados tres años, subí a Jerusalén para ver a Pedro, y permanecí con él quince días; pero no vi a ningún otro de los apóstoles, sino a Jacobo el hermano del Señor. En esto que os escribo, he aquí delante de Dios que no miento.

    Por lo tanto, cuando se aplican cosas de la Ley (la torah) a los creyentes gentiles: (días de reposo, diézmos, alimentos límpios e inmundos, circuncisión, idioma, dialectos, costumbres y culturas judías, etc.), con el propósito marcado de que son imprescindible para salvación; están enseñando otro evengelio diferente al que el Apóstol Pablo recibió de Jesucristo para predicarlo los gentiles y se están acarreando maldición y perdición (Gálatas 1:6-9).

    Fíjense en el texto:

    Gálatas 1:6-8. -Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para SEGUIR UN EVANGELIO DIFERENTE. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. MAS SI AUN NOSOTROS, O UN ÁNGEL DEL CIELO, OS ANUNCIARE OTRO EVENGELIO DIFERENTE DEL QUE OS HEMOS ANUNCIADO, SEA ANATEMA (maldito).

    Si usted no es Judío, entonces no presuma serlo, ni trate de Judaizar a los gentiles, porque entonces sería un blasfemo (apocalipsis 2:9; 3:9); enseñaría otro evangelio (Gálatas 1:6-8); y sería un apóstata de la Fé (1 Timoteo 4:1).

    JESUCRISTO DIJO:
    – Yo conozco tus obras, y tu tribulación, y tu pobreza (pero tú eres rico), Y LA BLASFEMIA DE LOS QUE DICEN SER JUDIOS Y NO LO SON, SINO SINAGOGA DE SATANÁS. (Apocalipsis 2:9).

    – He aquí, yo entrego de la SINAGOGA DE SATANÁS A LOS QUE DICEN SER JUDIOS Y NO LO SON, SINO QUE MIENTEN; he aquí, yo haré que vengan y se postren a tus pies, y reconozcan que yo te he amado. (Apocalipsis 3:9).

    EL APÓSTOL SANTIAGO ESCRIBIÓ:
    – Hermanos míos, no os hagáis MAESTROS MUCHOS DE VOSOTROS, sabiendo que recibiremos MAYOR CONDENACIÓN.- (Santiago 3:1).

    EL HERMANO ESTEBAN LE DIJO A LOS RELIGIOSOS Y FARISEOS JUDÍOS:
    ¡Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros. (Hechos 7:51)

    MUCHOS RESISTEN AL ESPÍRITU SANTO contradiciendo sus mandamientos con relación a nosotros los gentiles creyentes, cuando aplican cosas de la Ley (la Torah) a los gentiles.

    EL CRISTIANO SE CARACTERIZA POR TENER EL ESPÍRITU SANTO Y SE RIGE POR ÉL.
    El Espíritu Santo y los Apóstoles tomaron una decisión sobre nosotros los gentiles, con relación a la Ley de Moisés: Fíjense:

    – PORQUE HA PARECIDO BIEN AL ESPÍRITU SANTO, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias, que os abstengáis de lo sacrificado a ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación; de las cuales cosas si os guardareis, bien haréis. Pasadlo bien (Hechos 15:28-29)

    – Pero en cuanto a los gentiles que han creído, nosotros les hemos escrito determinando QUE NO GUARDEN NADA DE ESTO; solamente que se abstengan de lo sacrificado a los ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación. (Hchos 21:24-25)

    – Y al pasar por las ciudades, LES ENTREGABAN LAS ORDENANZAS QUE HABÍAN ACORDADO LOS APÓSTOLES Y LOS ANCIANOS QUE ESTABAN EN JERUSALÉN. Así que las iglesias eran confirmadas EN LA FE, y aumentaban en número cada día. (Hechos 16:4-5)

    Nosotros los gentiles creyentes debemos seguir el mandamiento dado por el Espíritu Santo y los Apóstoles en aquel concilio: Hechos 15:1-32; 16:4-5; 21:24-25.

    Pero muchos arrastran el zumo y el asiento de los libros que de largo tiempo consumen, quedándose leudados y resistiendo al Espiritu Santo.

    No desecho la gracia de Dios; pues si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo. (Gálatas 2:21)

    ¡¡¡ A DIOS SIEMPRE TODA LA GLORIA !!!

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