George Whitefield: dar todo por la unidad del Cuerpo

Un hombre que se negó a sí mismo para exaltar al Señor

Un siervo de Dios que se dedicó a la predicación de Evangelio y que trabajó arduamente por la unidad de la Iglesia.

“Oh, Padre celestial —oraba un predicador de 22 años, en Londres—, por tu querido Hijo, impide que yo llegue a la cima”. Ese joven era el predicador George Whitefield, y tenía todas las razones para temer a la popularidad. Grandes multitudes iban a oírle predicar el Evangelio y cientos de personas se convertían a Cristo. Él era el chico maravilla. Su predicación sacudió tanto a Gran Bretaña como a los Estados Unidos, y los resultados están todavía con nosotros.

Los historiadores nos dicen que Whitefield predicaba entre cuarenta y sesenta horas a la semana, un total de más de dieciocho mil sermones durante treinta y cuatro años de ministerio público.

“Prefiero desgastarme antes que oxidarme”, le dijo a un amigo que se quejó de que predicaba con demasiada frecuencia. A menudo se cita el adagio: “Somos inmortales hasta que nuestro trabajo esté terminado”. Cuando uno se entera de que Whitefield no era un hombre sano, que a menudo tenía ataques graves con vómitos, y que se levantaba cada mañana a las 4, este registro acerca de su ministerio se hace aún más increíble.

George Whitefield nació en Gloucester el 16 de diciembre de 1714, en una familia respetable que era propietaria y que administraba una posada. Whitefield tenía tan solo 2 años cuando su padre murió. Su madre volvió a contraer matrimonio ocho años más tarde, pero ya no resultó ser una pareja feliz.

El joven George tenía una buena memoria y una lengua locuaz, por lo que se destacaba cuando realizaba discursos en la escuela y actuaba en obras de teatro. Casi no se dio cuenta de que sus tempranas apariciones públicas le ayudarían a prepararse para su ministerio en el púlpito.

Por supuesto, cuando era joven, se vio envuelto en los pecados habituales de los jóvenes, incluso hasta el punto de robar el dinero de su madre. Pero aun en medio de su corrupción infantil (como él la llamó), tenía la convicción de que un día sería clérigo. “Siempre he sido aficionado a ser sacerdote, y con frecuencia solía imitar a los ministros cuando leían sus oraciones, etc.”.

Cuando tenía alrededor de 15 años, abandonó la escuela para ayudar a su madre con el trabajo de la posada. Continuó leyendo La Biblia a pesar de que no era un cristiano profeso, y durante una visita con su hermano a otra ciudad encontró gran placer en asistir a la iglesia. Hizo sus votos y, al parecer, tuvo algunas experiencias religiosas emocionales como adolescente, pero apenas volvió su antigua vida lo alcanzó de nuevo.

Por la providencia de Dios, Whitefield volvió a la escuela y luego entró en Oxford, donde conoció a John y a Charles Wesley,y se convirtió en parte de su Club Santo. Mientras que los hermanosWesley y sus amigos eran personas religiosas,hasta ahora no sabían mucho sobre el nuevo nacimiento. Su cristianismoconsistía principalmente en ejercicios religiosos, en laexhortación mutua y en el ministerio a los pobres y necesitados.

John Wesley le dio a Whitefield una copia del clásico espiritual de Henry Scrougal, Lavida de Dios en el alma del hombre, y la lectura de ese libro leabrió los ojos al milagro del nuevo nacimiento.

Luego regresó a Gloucester y comenzó su práctica permanente de la lecturade La Biblia sobre sus rodillas y su estudio del Nuevo Testamentoen griego (Whitefield era un estudiante competente de griegoy latín).

Reunió a su alrededor a un pequeño grupo de nuevos creyentes,muchos de ellos sus viejos amigos, y se reuníansemanalmente para estudiar La Biblia, orar y para edificaciónmutua. Esta fue la primera vez que se organizó una sociedad metodista. Para muchas personas es una sorpresa saber que fueGeorge Whitefield, y no John y Charles Wesley, quien fundó laIglesia metodista. Los Wesley comenzaron a trabajar con él y, finalmente,este les otorgó el liderazgo del movimiento.

El 10 de junio de 1736, Georgefue ordenado diácono, y el 26 de junio predicó su primer sermón. La curiosacongregación, muchos de ellos familiares y amigos, se quedaronimpresionados con el poder y la sabiduría espiritual del joven predicador.

Durante los siguientes dos meses, ministró enLondres como predicador suplente de un amigo. Después predicócuatro meses en Oxford, y luego tuvo un maravilloso ministerioen varias ciudades más. Miles de personas acudieron aescucharlo, y cientos de ellas fueron llevadas a los pies del Salvador.

El 1° de febrero de 1738, John Wesley regresó de Georgiacomo un hombre cansado y derrotado. Su ministerio había sido un fracaso y, por desgracia, había dejado allá un malnombre y un número determinado de enemigos. Whitefield habíasentido el llamado a servir en aquel lugar, y estaba listo parazarpar cuando el buque de Wesley llegó a Inglaterra.

Por alguna razón, Wesley no intentó ver a Whitefield personalmente, pero trató de persuadirlo de que no fuera.Si él hubiese escuchado a Wesley en ese momento, habría sido unagran pérdida para los Estados Unidos. El 2 de febrerode 1738, se embarcó en el primero de sus siete viajes a las colonias,visitas que fueron bendecidas grandemente por el Señor y que ayudaron a propiciar el gran despertar.

Whitefield llegó a Georgia en mayo y en diciembre regresó a Londres, donde se vio excluidode todas las iglesias de esta ciudad, excepto de cuatro. Predicóuna vez más a miles de personas y experimentó una poderosaobra del Espíritu. Él y los Wesley se unieron para dar a conocerel Evangelio. El 14 de enero de 1739, Whitefield fue ordenadosacerdote de la Iglesia de Inglaterra. A lo largo de su ministerio,se mantuvo fiel a los votos de su ordenación.

Al comprobar que lo habían excluido de las iglesias establecidas,Whitefield decidió salir al aire libre. El 17 de febrero comenzó

su predicación al aire libre: “¡Fue un día valioso para Inglaterra cuando Whitefield comenzóa predicar en el campo!”, les dijo Charles Spurgeon a sus estudiantes. Reunió a los mineros y sus familias, cerca de dos centenares de personas, y les predicó el Evangelio.

Desde ese día, grandes multitudes se reunían en cualquier lugardonde Whitefield estableciera su púlpito portátil. Lo hizo tantoen medio de los pobres como también entre los altos estratosde la sociedad. Incluso los niños pequeños se reunían enpequeñas multitudes cerca del predicador para escucharlo.

Benjamin Franklin calculó que el mensaje de Whitefield podía serescuchado claramente por treinta mil personas al mismo tiempo.Este predicador comenzó a organizar sociedades y a colocarcreyentes maduros sobre ellas para supervisar el crecimiento delos conversos. En ese momento, John Wesley también estaba predicandoal aire libre, siguiendo el ejemplo de Whitefield. El movimientotomó el nombre de “metodista”.

Tanto los predicadores como los convertidos fueron perseguidospor los incrédulos, a veces con la aprobaciónde los clérigos residentes. No era raro que Wesley y Whitefieldrecibieran una lluvia de piedras y de tierra o, peor aun, que leslanzaran un gato muerto por la cabeza. Pero, al igual que los apóstolesde la antigüedad, ninguna de estas cosas los hizo cambiarde opinión, y continuaron predicando La Palabra.

Whitefield tenía dos razones para interesarse en los EstadosUnidos. Una de ellas era la predicación de La Palabra,y la otra era fundar y administrar un hogar de huérfanos en Georgia.Mientras predicaba en Gran Bretaña, a menudo reunía unaofrenda para el hogar, y también animaba a sus muchos amigos estadounidenses para que lo apoyaran. Durante mucho tiempo, elhogar fue una pesada carga para el evangelista y, probablemente, le costó más en su salud, su tiempo y su energía de lo que valía.

Llegó un momento en que tuvo miedo de ser arrestado por lasdeudas contraídas por el hogar. Cada vez que visitaba las colonias,siempre se dirigía a Georgia para inspeccionar la obra, supervisarla construcción y alentar a los trabajadores.

No es ningún secreto que John y Charles Wesley eran arminianos (doctrina teológica cristiana que sustenta la salvación en la fe del hombre y no solo en la gracia divina; de modo que si el hombre pierde la fe, pierde la salvación. Los arminianos daban especial importancia al libre albedrío. La teología arminiana contribuyó a la aparición del metodismo en Inglaterra), mientras que Whitefield era más calvinista.

Aquellos se oponían a las doctrinas de la elección, la predestinacióny la seguridad del creyente. Un día, Charles Wesley inclusollamó a Juan Calvino “el hijo primogénito del diablo”. Whitefieldles rogó a los hermanos Wesley que no trajeran sus diferenciasdoctrinales al púlpito, pero los hombres se negaron a escucharlo.

Este penoso conflicto finalmente dividió a los metodistas y dio lugar a la fundación de una rama calvinista, la cual fue particularmentefuerte en Gales. Como en la mayoría de las disputas,hubo fallas y errores en ambas partes, ya que incluso los hombresmás santos están hechos de arcilla. El énfasis de Wesley en la perfeccióncristiana irritaba a Whitefield, y la proclamación de lasdoctrinas de la gracia de este molestaba a aquel.Sin embargo, es mérito de Whitefield haber buscado tenazmentela reconciliación y la comunión con los hermanos Wesley. Él hizo todo lo posible para mantener la controversia de maneraprivada. Por último, hizo lo único que sus amigos hubiesen esperadoque no hiciera: entregó todo el ministerio a los Wesley y dioun paso a un costado como líder. Escribió: “No tengo ningún partido en el cual estar a la cabeza, y por lagracia de Dios nunca tendré ninguno, pero con lo que hay enmí, voy a fortalecer las manos de todos, en todas las denominacionesque prediquen a Jesucristo con sinceridad”.

Cuando sus seguidores protestaron por su decisión, dijo: “Que mi nombre sea olvidado; permítanme ser pisoteado bajolos pies de todos los hombres, si Jesús puede así ser glorificado[…]. Debemos ver por encima de los nombres y de las partes,dejar que Jesús sea nuestro todo en todo […]. No importaquién está en una posición más alta. Yo sé cuál es mi lugar […],incluso si es ser el servidor de todos”.

Whitefield pasó el resto de sus días como “ayudante de todos”.Cuanto más popular se volvía, más oposición tenía y aumentabanlas calumnias. Incluso fue imitado en los escenarioslondinenses y se escribieron canciones obscenas sobre él. Hizocaso omiso de todo eso y siguió magnificando a Jesucristo.

Al principio de su vida y ministerio cristiano, desarrolló unamor por todo el Pueblo de Dios que abrazaba las doctrinas fundamentalesde la fe. Cuando tenía solo 20 años, escribió en suDiario: “Bendigo a Dios, porque el muro de la intolerancia y de la ‘secta-religión’ ha sido rápidamente quebrado en mi corazón. Porque,tan pronto como el amor de Dios fue derramado en mi alma,amé a todos los que, de cualquier denominación, amaban alSeñor Jesús con sinceridad de corazón”.

Fue el 30 deseptiembre de 1770 que George Whitefield murió. Fue sepultadoen la iglesia.

Fue el verdadero fundador de la Iglesia metodista y,sin embargo, le entregó su liderazgo a otro con el fin de preservar“la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz”. Recaudó grandescantidades de dinero para el cuidado de los huérfanos y de lospobres, y ayudó a establecer varias instituciones educativas.

Por Warren Wiersbe
Tomado del libro: 25 personas que todo cristiano debería conocer
Peniel

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