Palabras de ánimo

Que aquello que digas esté cargado de bendición

Por Gene & Kenton Getz

Qué poderosas pueden ser las palabras, ¡para bien o para mal! Cuando Pablo les escribió a los tesalonicenses, les exhortó: Por lo tanto, anímense unos a otros con estas palabras” (4:18). El apóstol se refería a las mismas que acaba de escribir respecto a nuestra esperanza en Cristo, sea que vivamos o muramos. Sin embargo, su exhortación se aplica también a nuestras palabras en general y a la forma en que las usamos. Hay varios proverbios poderosos que demuestran que podemos usarlas para animarnos. Veamos tres de ellos.

 

El poder de las buenas palabras

Primer proverbio: “La angustia abate el corazón del hombre, pero una palabra amable lo alegra”(Proverbios 12:25).

Todos hemos experimentado el tipo de ansiedad a la que se refiere este proverbio: es sentimiento pesado que viene cuando estamos muy preocupados por algo. Por ejemplo, nos sentimos decepcionados porque sentimos que no dimos lo mejor en un acontecimiento. Sentimos que le fallamos al equipo.

Hay muchas otras razones que producen ansiedad: herir los sentimientos de alguien, por lo que se nos rechaza o ignora; tener bajas notas en tu examen; confiar en alguien que nos traiciona o vivir una situación muy grave como la enfermedad de un familiar o incluso la muerte de alguien cercano.

Sí, hay muchas razones para tener un corazón apesadumbrado. Por esta razón, los escritores de la Biblia usan frecuentemente al corazón como el punto central de las emociones, sean positivas o negativas. David escribió en un salmo: “Pero yo confío en tu gran amor; mi corazón se alegra en tu salvación”(Salmo 13:5). También escribió cuando estuvo muy angustiado en otra ocasión: “Me siento débil, completamente deshecho; mi corazón gime angustiado”(Salmo 38:8).

En Proverbios 12:25, Salomón habló sobre los efectos de un corazón apesadumbrado, pero también dijo cómo pueden desaparecer la ansiedad y la pesadez: “una palabra de ánimo” puede animarnos, lo cual demuestra el poder de las palabras.

 

El poder de las palabras amables

Segundo proverbio: “Panal de miel son las palabras amables: endulzan la vida y dan salud al cuerpo”(Proverbios 16:24).

Como seres humanos, somos criaturas bidimensionales: tenemos alma/espíritu y cuerpo. En el proverbio que acabas de leer, Salomón se refirió al “corazón”, el cual es sinónimo de “alma” o “espíritu”. Sin embargo, este texto también incluye al “cuerpo”. En otras palabras, somos seres psicológicos y físicos, y las dos dimensiones están tan interrelacionadas que a menudo hablamos de experimentar reacciones “psicosomáticas”.

La primera parte de esta palabra (“psico”) viene de la palabra griega psuche que puede traducirse como “alma”; la segunda parte, “somático”, viene de soma que significa cuerpo. Por lo tanto, la palabra compuesta “psicosomático” se refiere al alma y cuerpo.

Hoy, la ciencia médica ha demostrado que la mente tiene una influencia poderosa sobre el cuerpo. Por tanto, la palabra compuesta “psicosomático” se refiere al alma y cuerpo.

Hoy, la ciencia médica ha demostrado que la mente tiene una influencia poderosa sobre el cuerpo. Lo que pensamos y sentimos sí afecta nuestro bienestar físico: si es positivo, puede ayudarnos a sentirnos mejor a nivel físico; si es negativo e intenso, realmente puede hacer que nuestros cuerpos sufran alguna disfunción. Esto es lo que los médicos llaman reacciones psicosomáticas negativas.

Por la inspiración del Espíritu Santo, Salomón entendió esta conexión mente-cuerpo, siglos antes de que la ciencia médica lo descubriera, lo cual indica cuán importantes son las Escrituras para entender el comportamiento humano.

 

El poder de las palabras oportunas

Tercer proverbio: “Como naranjas de oro con incrustaciones de plata son las palabras dichas a tiempo”(Proverbios 25:11).

Este pensamiento demuestra cuán importante es elegir nuestras palabras con cuidado, y después decirlas en el momento oportuno. Permítame ilustrar esta idea. En una ocasión, un amigo y yo recorríamos unos mentes en motocicleta, por lo que seguíamos un camino de tierra serpenteante, cuando de repente miramos hacia delante. Allí estaban los hermosos Picos Españoles que se elevaban majestuosamente hacia el cielo, por lo que detuvimos nuestras motocicletas y contemplamos su belleza.

También notamos qué era lo que hacía que esas montañas fueran tan cautivadoras: estaban enmarcadas de forma natural por una rama larga que colgaba justo sobre nosotros. A nuestra izquierda, había un acantilado inclinado que formaba el marco de ese lado y a la derecha, unos pinos majestuosos se alzaban sobre la montaña. Para colmo, unas hermosas nubes blancas y esponjosas estaban sostenidas sobre las dos cimas copadas de nieve, con el cielo azul de fondo. Esos hermosos Picos Españoles parecían manzanas de oro con incrustaciones de plata. Fue una escena inolvidable. Del mismo modo, las palabras que se dicen en el momento oportuno y de la manera oportuna, pueden ser inolvidables.

En 1 Pedro 3:13-17, el apóstol escribió sobre cómo debemos relacionarnos con personas que se oponen al cristianismo, pero creo que sus instrucciones de tratarlas “con gentileza y respeto” tienen una aplicación importante en la forma en que debemos tratar a cada persona día a día.

Si debemos dirigirnos a nuestros enemigos con humildad y respeto, ¿cuánto más debemos hacerlo con nuestros hermanos y hermanas en Cristo, con el mismo grado de sensibilidad? Si no ves esas oportunidades, probablemente te estás enfocando demasiado en ti mismo y en tus propias necesidades.

Dios ha puesto a otras personas en tu vida con un propósito: deben animarte a ti y tú a ellos. Casi todas las veces, ¡el ánimo empieza con tus palabras!

Por Gene & Kenton Getz
Tomado del libro: La Medida de un joven
Portavoz

medida

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