Saquemos al Espíritu Santo de la caja

Por J. Lee Grady

Muchas congregaciones festejan “el Pentecostés”, muchas tienen lo que llaman “Noche de Pentecostés”. Ese día muchos pastores predican sobre el ministerio del Espíritu Santo; otros leen Hechos 2, otros quizá cuelgan un cartel rojo y naranja. Incluso algunos pueden preparar canciones especiales, después de todo, ¡es Pentecostés!

Los sermones, los versículos bíblicos, carteles y la música son todas cosas buenas. Pero yo miro más allá de un festejo. Quisiera saber si estamos dispuestos a permitirle al Espíritu Santo que salga de la caja en donde lo hemos puesto.

A cada lugar al que voy, oigo pastores hacer la misma pregunta: ¿cómo podemos fomentar la libertad del Pentecostés en una cultura de iglesia que se ha vuelto cada vez más “guionada”, “agendada” y controlada hasta el último segundo. La esencia del Pentecostés, que vino “de repente” (Hechos 2:2), fue su imprevisibilidad. Pero parece que no hay lugar para las repentinas sorpresas de Dios cuando nosotros ya tenemos nuestros sermones planeados por los siguientes seis meses.

Aquí hay ocho cosas prácticas que podemos hacer para fomentar la libertad del Pentecostés en nuestras iglesias:

 

  1. Enseñe más seguido sobre el Espíritu Santo. El Espíritu Santo era rara vez mencionado en la iglesia donde crecí, por lo que nunca esperamos que Él hiciera algo. Sin embargo, el segundo verso de la Biblia dice que Él “iba y venía”sobre la superficie del nuevo mundo creado (Génesis 1:2) y Él tiene uno de los últimos mensajes en La Biblia (Apocalipsis 22:17). ¡Él se mueve y habla a través de Las Escrituras! Pero nosotros debemos invitarlo a que se mueva y hable en nuestras iglesias dándole el lugar que se merece.
  2. Deje lugar para llamados al altar y la ministración personal. Una iglesia sin “ministerio de altar” es como un hospital sin espacio para el cuidado de los niños. La nueva vida comienza en el altar, ya sea que se trate de salvación, sanidad, profecía, impartición o unción. Hoy en día muchas congregaciones que tienen muchas reuniones escatiman el tiempo de ministración porque están focalizados en sacar del templo al grupo de las 10 para darle lugar al de las 10:30. Muchos servicios están bien, pero a veces desplazamos al Espíritu de la iglesia si no dejamos el tiempo necesario para que la gente pueda responder al mensaje.
  3. Cree grupos pequeños donde las personas puedan usar los dones del Espíritu Santo. No es práctico para alguien profetizar o ejercitar los dones espirituales en grandes congregaciones. Pero si la gente está conectada en grupos pequeños o en seminarios bíblicos habrá oportunidades para que los creyentes se animen unos a otros en modos sobrenaturales. Y la gente está más cómoda actuar en fe en frente de diez personas que en frente de tres mil.
  4. Entrene a la gente en profecía, sanidad o ministración espiritual. Muchos pastores prohíben el ejercicio de los dones espirituales por causa de algunos fanáticos con los egos inflados que puedan hacer que la iglesia se vuelva rara en cuanto a sus visiones, sueños o enseñanzas. Pero en nuestros esfuerzos por proteger el rebaño de la decepción no empujemos el péndulo hacia el otro extremo prohibiendo los dones del Espíritu. El poder genuino del Señor fluirá si le enseñamos a las personas la diferencia entre la unción auténtica y el fuego extraño.
  5. Ofrezca “momento de enseñanza” para explicar los dones del Espíritu. He estado en iglesias donde el hermano Fulano y la hermana Mengana profetizaron en tal tosco y condenatorio modo que todos allí expresaron una queja colectiva. Sus “palabras de parte de Dios” tuvieron los mismos efectos en la congregación que arrastrar las uñas contra un pizarrón. No podemos simplemente ignorar estos momentos y seguir adelante. Cuando los corintios malinterpretaron mal el hablar en lenguas y la profecía en el primer siglo, el apóstol Pablo usó esos errores como una oportunidad de enseñar cómo usar los dones de profecía. Del mismo modo, un líder debe direccionar el abuso espiritual desde el púlpito enseñando que los mensajes proféticos deben ser entregados en amor y en el tono de la voz de Dios.
  6. Exponga su iglesia a ministerios de sanidad que fluyan en la unción. Hoy en día hay muchos charlatanes que venden los dones del Espíritu Santo, en la televisión y en las iglesias. Pero no todos los ministros son una farsa. El Señor ha levantado miles de profetas que no han doblado sus rodillas ante los “Baales” del aprovechamiento, la codicia y los artilugios. Necesitamos ministros que sean dadores de vida porque Dios los ha enviado a ganar nuevos convertidos, sanar al enfermo, soltar el poder profético, entrenar líderes e impartir una nueva visión en las congregaciones. No debemos temer a exponer nuestras iglesias a hombres y mujeres de carácter que son llamados a ministrar en lo sobrenatural.
  7. De tiempo para testimonios del poder sobrenatural de Dios. Nada eleva el nivel de fe en una congregación como la vivencia de alguien con Dios. Si un hombre fue sanado esta semana en su congregación, permítele gritarlo a los cuatro vientos. Si una pareja que no podía tener hijos queda embarazada, déjela que hable sobre la bondad de Dios. Historias sobre una intervención sobrenatural desencadena una expectativa santa en todos los que las oyen, y el Señor se lleva la gloria por sus milagros.
  8. Predique sobre santidad. Nunca olvidemos de que el Espíritu Santo es santo. Cuando las personas son llenas de su presencia, el Espíritu quema sus hábitos pecaminosos (Mateo 3:11-12). Él es sofocado por la inmoralidad, la carne y el orgullo, y no manifiesta su poder cuando el Pueblo de Dios está sumido en pecado. Hoy en día muchas iglesias han frenado las advertencias de Dios para su Pueblo acerca de los peligros del pecado, así que ya no se confronta más. Pensamos que la gente va a estar más cómoda si le damos caramelos dulces de motivación. Evitando los temas duros, prácticamente le estamos diciendo al Espíritu de Dios que se marche.

Decidamos dejar abiertas las puertas y permitámosle al Espíritu tomar su camino. En lugar de estar asustados por lo que Él pueda interrumpir, o a quién pueda ofender, asustémonos por lo que nuestras iglesias pueden llegar a ser sin Él.

 

Por J. Lee Grady
Editor de la revista Charisma
Puedes encontrarlo en su sitio web www.themordecaiproject.com

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