Somos exploradores

Aventúrate más allá de tus propios límites

Cuando nos arriesgamos a ir más allá de lo conocido, puede que grandes descubrimientos esperen por nosotros.

Por MelLawrenz

La fuerza más expansiva y enérgica del mundo hoy en día es el Espíritu de Dios. Más que un mensaje, más que un credo y más que un plan, el Espíritu de Dios es como un poderoso viento implacable que marcha por los océanos, impulsándonos hacia países previamente desconocidos. Y por eso los líderes no pueden permanecer en un sitio. No pueden llegar a cierto estatus y después encerrarse en lo que en ese momento parece algo bueno. La influencia espiritual significa continuo movimiento, una continua exploración de nuevos horizontes.

Este principio es tanto global como personal. Jesús les mandó a todos sus seguidores y a aquellos que eran seguidores-líderes que salieran de Jerusalén (territorio del hogar), hacia Judea (el área regional) y Samaria (cruzando hasta suelo extranjero), y hasta lo último de la tierra (el universo de la propia humanidad). Y por eso el liderazgo cristiano en su forma más sana y valiente es, en un primer nivel, una misión expansiva atravesando horizontes trazados en un mapamundi, pero, en otro nivel, considerando a cada persona de una en una. Estamos llamados a tratar con los desechos de la humanidad sufriente, la vorágine de los dilemas intelectuales y el espacio exterior de la perdición. Nada de esto es fácil.

Esta misión es intensamente personal. La trayectoria hacia las partes más excelsas de la tierra comienza con el siguiente simple paso que debemos tomar, encontrándonos con gente con la que nunca nos hemos reunidos, yendo a lugares donde nunca hemos estado, creando un ministerio en el que no nos hemos involucrado antes. Pero la verdadera exploración, la que se hace posible por medio de una fe sólida y la valentía, es cómo encontramos la punta de lanza del Reino de Dios.

Nunca sabes adónde llevará el descubrimiento

En 1804 una expedición encargada por el presidente de los Estados Unidos Thomas Jefferson partió hacia uno de los mayores descubrimientos de la historia americana. En aquel entonces las regiones conocidas de Estados Unidos estaban limitadas a menos de un tercio de la masa continental del territorio actual. Lo que se extendía al oeste hasta el océano Pacífico era una vasta región desconocida. El encargo que se le dio a Meriwether Lewis y William Clark y a una escasa docena de hombres a su cargo fue que avanzaran hacia el oeste, buscando un paso fluvial hacia el Pacífico con el propósito de comerciar.

Dieciocho meses más tarde la expedición había fracasado en ese objetivo. No había, de hecho, ningún río que conectara las costas este y oeste del continente.

Eso es lo importante acerca de los descubrimientos: puede que no encuentres lo que esperas, pero lo que terminas descubriendo excede cualquier expectativa.

Los hombres de la expedición de Lewis y Clark fueron los primeros ciudadanos del recién creado país en ver las vastas llanuras y en experimentar su belleza y soledad, el ardiente calor y el feroz invierno. Fueron los primeros en acercarse a las montañas Rocosas y en pelear por cruzaras, y los primeros en alcanzar el enorme océano Pacífico.

Cuántas veces se debieron preguntar cómo serían capaces de describir aquello de lo que habían sido testigos a sus amigos y familias, y a los oficinales del gobierno ante los que eran responsables. ¿Les creerían? Descubrieron 179 especies de plantas y árboles indocumentados hasta la fecha. Se encontraron no con cinco o diez nuevos grupos tribales, sino con cuarenta y siete. Y luego estaban las 122 especies desconocidas de animales, peces y aves. Lewis y Clark se esforzaron por describir el oso pardo, el coyote, la foca común, la trucha arcoíris, el antílope y el alce: todos ellos desconocidos para la gente del lado Este. Lo que descubrió la expedición de Lews y Clark no tenía que ver con le negocio y la victoria, sino con la propia tierra. Ellos partieron para descubrir un medio de comerciar; descubrieron algo mucho más importante.

La gente se sentirá inspirada si escucha con convicción que hay una inmensidad en Dios ¾en su naturaleza, sus modos, su trabajo hecho y su trabajo en curso¾ dispuesta a ser descubierta. Somos exploradores. Tenemos que modificar nuestros mapas sobre la marcha porque nuestra visión de la realidad ha estado limitada y distorsionada. Y tenemos que viajar más allá de los bordes de nuestros mapas. Eso conlleva fe… un montón de fe. Los cartógrafos de las épocas pasadas dibujaban grandes monstruos en sus mapas en los mares inexplorados, un recordatorio de que yendo hasta el borde del mapa es como enfrentamos nuestros grandes miedos.

Descubrir es arriesgado. No hay un riesgo corporativo, sino personal.

Todos debemos conocer nuestras zonas de confort para que podamos expandirnos más allá. Sin embargo, no busques la incomodidad como un fin en sí misma, y por supuesto no intentes ser algo parecido a un héroe. Otro modo de decir “sal de tu zona de confort” es decir “descubre lo desconocido. Una vez que dejamos atrás lo familiar empezamos a ver el trabajo que Dios hace. Y entonces, en el nexo de lo divino y lo humano, Dios nos pondrá a trabajar donde nunca habríamos imaginado.

Por MelLawrenz
Tomado del libro:Influencia espiritual
Vida

Influencia Espiritual

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