¿Quiénes somos los evangélicos?

Un análisis sobre la vida cristiana y la Iglesia

¿Quiénes dice la gente que somos? ¿Cómo nos conocen? ¿Por qué cosas? Una reflexión sobre los evangélicos y nuestro lugar en la sociedad global.

Por Philip Yancey

Un amigo mío que dirige un refugio para drogadictos e indigentes en el centro de una ciudad, y que es muy difícil de identificar en cualquier mapa teológico, hizo esta observación: “Amo a los evangélicos. Pueden hacer de todo. El desafío es que también debes suavizar la actitud crítica que tienen para que puedan ser efectivos”. Como soy un periodista que trabaja principalmente en el medio evangélico, he notado la realidad de sus palabras.

Es verdad, los evangélicos hacemos de todo, tal como lo demuestran los socorristas en el campo de refugiados so malí. Acabo de mirar mi calendario y recordé cuántos evangélicos conocí en el último año que trabajan en varios continentes. En Sudáfrica pasé un tiempo con RayMcCauley, un personaje más que interesante, que en su juventud compitió con Arnold Schwarzenegger en el concurso de Mr. Universo. Ray fundó una iglesia en Johannesburgo basada en la filosofía “decláralo y reclámalo”,

una iglesia que resultó ser la más grande de Sudáfrica, con treinta y cinco mil miembros. A medida que el gobierno del apartheid comenzaba a desmoronarse, la actitud, las políticas y la rígida teología comenzaron a ablandarse. Los miembros blancos se descontentaron y gradualmente la composición de la Iglesia cambió de tal manera que refleja el espectro racial de la nación: 70%negros, 10% mestizos, 10% indios y 10% blancos. Hoy, los ministerios Rhema incluyen educación sobre el SIDA, un programa de viviendas y una granja de rehabilitación para adictos.

En el otro extremo del país, en Ciudad del Cabo, conocí a Joanna Flanders-Thomas, una dinámica y bella mujer de raza mixta. Durante su juventud, como estudiante protestó contra el gobierno del apartheid. Tras aquella victoria nacional se concentró en un problema local: la cárcel más violenta de Sudáfrica,donde Nelson Mandela pasó ocho años de reclusión. Joanna comenzó visitando prisioneros diariamente, llevándoles un simple mensaje evangélico de perdón y reconciliación. Se ganó su confianza,logró que hablen de los abusos sufridos en su infancia, y les mostró un modo mejor de resolver conflictos. El año anterior,la prisión había registrado doscientos setenta y nueve actos de violencia; el año siguiente fueron dos.

Unos meses más tarde visité Nepal, el único reino hindú del mundo, un país extremadamente pobre donde aún persiste el sistema de castas. Allí conocí trabajadores de salud de quince naciones,y que tratan la lepra. La mayor parte son europeos que sirven bajo una misión evangélica especializada en el trabajo con lepra.Históricamente, la mayoría de los avances en el tratamiento dela lepra vinieron de misioneros cristianos, principalmente porque,como lo dice mi amigo: “Pueden hacer de todo”. Conocí médicos, enfermeras y fisioterapeutas bien entrenados que dedican sus vidas a cuidar víctimas de lepra, muchos de ellos de la casta “intocable”.En su conferencia anual, los misioneros reunieron una orquesta improvisada, cantaron himnos, oraron juntos y compartieron consejos prácticos sobre cómo manejar la presencia maoísta en Nepal. En su tiempo libre, algunos de estos misioneros escalan la saltas montañas de aquel país, otros se enfocan en la vida de las aves y al menos un doctor francés estudia las polillas del Himalaya.Varios habían corrido la maratón de Katmandú, y dos de ellos habían realizado un aventurero viaje en motocicleta a través de las montañas y los ríos al Tíbet.

Ninguno de los que conocí tenía el perfil de “evangélico tenso y de derecha”, sin embargo, todos se hacían llamar evangélicos.Después de todo, habían venido a Nepal a difundir las Buenas Nuevas implícitas en la etimología de cómo se hacían llamar.

De Nepal me dirigí a Pekín, China, donde asistí a una iglesia internacional de dos mil miembros de sesenta países. Un grupo de danza africana dirigió la alabanza esa mañana, todo en una habitación de hotel alquilada. Conocí diplomáticos, ejecutivos empresariales,un profesor de filosofía de Oxford y pelotones de jóvenes evangélicos que se habían trasladado a China para enseñar inglés y mostrar su fe a los chinos. Las restricciones gubernamentales les prohibía a los chinos asistir a la iglesia (hay ujieres que controlan los pasaportes en la puerta), pero ese mismo día también conocí a los representantes de la iglesia subterránea china. En los últimos treinta años, a pesar de represiones periódicas del gobierno, que han llevado a sus líderes a duras sentencias de prisión, el movimiento de la iglesia-hogar ha crecido hasta convertirse quizás en el mayor despertar cristiano de la historia. Los expertos estiman que setenta millones de chinos adoran a Dios en iglesias-hogares esparcidas por esta nación oficialmente atea.

Unos meses más tarde, en Wisconsin, asistí a una conferencia ministerial para mujeres en prostitución, que atrajo a representantes de treinta países diferentes. Varias decenas de organizaciones evangélicas trabajan para combatir el tráfico sexual ilegal y también para liberar a las mujeres de la prostitución, lo cual, en países pobres, es una forma moderna de esclavitud. Los representantes trajeron consigo a sus “clientes”, que relataron historias desgarradoras de abuso y luego les agradecieron a los ministerios por liberarlas y ayudarlas a encontrar nuevas profesiones.

Cuando regresé de aquellos viajes y leí descripciones de los evangélicos en revistas, me entristecí. Todo se reduce a la política y generalmente eso significa polarización.Muchas personas ven a los evangélicos como un bloque rígido de votantes obsesionados con algunos asuntos morales. Pasan por alto la energía y el entusiasmo, el sentido que las Buenas Nuevas representan en gran parte del mundo. Los evangélicos en África le llevan alimento a los prisioneros, se ocupan de los huérfanos del sida y trabajan en escuelas misioneras que entrenan a muchos delos líderes del continente. Allí, y también en Asia y en Latinoamérica,los evangélicos también introducen programas de préstamos para micro emprendimientos que les permiten a las familias comprar una máquina de coser o una cantidad de pollos. En los últimos cincuenta años, el porcentaje de misioneros patrocinados por organismos evangélicos creció del 40% al 90%.

En la actualidad, alrededor de un tercio de los dos mil millones de cristianos en el mundo se incluyen en la categoría de evangélicos.

Un hombre que visitó un barrio en San Pablo, Brasil, comenzó a inquietarse cuando vio a los custodios de los señores de ladroga vigilando el vecindario con armas automáticas. Las calles eran estrechos caminos de tierra, tuberías plásticas colgando y un nudo de cables de alto voltaje expuestos a cualquiera. El olor a cloaca estaba por todas partes. Su inquietud se acrecentó cuando notó que las personas dentro de las chozas de chapa lo miraban de manera amenazante, un gringo sospechoso invadía su territorio.¿Era un narco? ¿Un policía encubierto? Luego, el jefe narcotraficante de ese barrio observó en la parte trasera de su camiseta el logo de una iglesia evangélica local. Con una gran sonrisa estalló diciendo: “¡Oh, evangélicos!”, y las miradas sospechosas se volvieron sonrisas. A través de los años, aquella iglesia había brindado ayuda práctica al barrio y ahora los visitantes extranjeros eran alegremente bienvenidos.

Los evangélicos constituyen el personal de muchos de los quinientos organismos cristianos que se han levantado tras la Segunda Guerra Mundial para combatir problemas sociales. Las mega iglesias basadas en modelos como el de Willow Creek y la Iglesia Saddleback se replican en las ciudades principales. Una “iglesia emergente” nueva y difícil de clasificar ha evolucionado para ministrar a la generación posmoderna.

En verdad, los evangélicos pueden hacer de todo. El desafío,como mi amigo lo resaltó, es que “también deben suavizar la actitud crítica que tienen para que puedan ser efectivos”.

Cuando escribía el libro Gracia divina vs. Condena humana conduje una encuesta informal entre compañeros de vuelo y otros extraños dispuestos a entablar una conversación. “Cuando oye la palabra evangélico, ¿qué le viene a la cabeza?”, pregunté. A menudo, en respuesta oía decir la palabra en contra: los evangélicos están en contra del aborto, en contra de la pornografía, en contra de los derechos de los homosexuales. También oía nombres como Pat Robertson o James Dobson, dos de los representantes más visibles y políticos del evangelismo. Para muchas de las personas con las que hablé, los evangélicos eran una fuerza a temer,una banda de moralistas que intentaba imponer su voluntad en una sociedad pluralista.

Un periodista que trabaja en los medios de Nueva York me dijo que los editores no tienen reparos en asignar una artículo sobre un tema judío a una persona judía, un artículo budista a una persona budista o un artículo católico a un católico, pero jamás le asignarían un artículo evangélico a un evangélico. ¿Porqué no? “Ellos son los que tienen pautas”. Los evangélicos, segúnel estereotipo, harán propaganda y proselitismo. No puedes confiar en ellos. Hacen juicios de valor. Tienen pautas.

Según el autor Randall VanderMey: “Los evangélicos tienden a ver la Iglesia no como una nave gigantesca, sino más como una flota de botes y tablas de surf, con cada individuo en la búsqueda de una auténtica experiencia personal con Dios”. Como lo hemos visto, la política difícilmente provee una definición apropiada para los evangélicos. Entonces, ¿qué adjetivos podrían aplicarse ala palabra evangélico? Para adoptar una famosa cita hecha por la Suprema Corte de Justicia sobre la pornografía: “No puedo definir la,pero sé lo que es cuando la veo”.

A través de los años, el énfasis sobre los evangélicos ha cambiado.A principios del siglo XX, los evangélicos tendían a definirsesegún la doctrina, en la lucha contra los liberales teológicos con el énfasis en los fundamentos de la fe (de allí el términofundamentalismo). En los años posteriores a la Segunda GuerraMundial entraron en una etapa activista, fundando seminarios bíblicos y universidades, enviando misioneros al extranjero y alcanzandoa los jóvenes a través de organizaciones como Juventud para Cristo, Vida Joven y Cruzada Universitaria. Los evangélicos se destacaron más por un estilo de vida que por una doctrina: “No bebemos,no fumamos, no bailamos ni chusmeamos, y tampoco salimos con muchachas que lo hacen”. En los años siguientes, muchas de estas características del estilo de vida se deterioraron y el énfasis se puso en la política.

Cada tantos años, los medios reconocen el fenómeno cultural.La revista Time llamó al año 1976, cuando Jimmy Carter fueelecto, “el año de los evangélicos”. Tras el escándalo Watergate,Charles Colson atrajo mucha atención por su dramática conversión.En el 2003, Nicholas Kistof escribió un artículo de opinión en el New York Times reconociendo que “casi todos nosotros en el negocio de las noticias estamos complemente desconectados de un grupo que constituye el 46% de la población”, una proporción que se identificó como cristiana evangélica o nacida de nuevo en una encuesta de la consultora Gallup.

El evangelismo se ha convertido en una extensa subcultura que intenta prosperar en una cultura cada vez más pluralista. En el 2003, un libro escrito por el pastor Rick Warren, Una vida con propósito, vendió más ejemplares en un año que cualquier otro libro de ficción de la historia. Los libros de la colección Dejados atrás, que tratan la segunda venida de Cristo, han impreso más de setenta millones de ejemplares. La oración de Jabes y La agoníadel gran planeta Tierra muestran que los éxitos de venta de libros evangélicos no son ninguna casualidad. Y la película La pasión de Cristo, de Mel Gibson, aturdió a los estudios de Hollywood con su éxito, debido en gran parte al apoyo de los evangélicos.

En un irónico artículo llamado “¿Qué haría Jesús?”, el editor literario de la revista GQ, Walter Kirn, pasó una semana inmerso en la subcultura evangélica. Leyó desde la colección Dejados atrás, cenó las comidas recomendadas en el libro ¿Qué comería Jesús?, escuchó música cristiana en estaciones de radio cristianas y en su reproductor de CD, hizo compras en una librería evangélica,vio series televisas cristianas y se informó mediante canales de televisión y sitios de internet evangélicos. Hasta utilizó un mousede computadora comprado en una tienda cristiana y diseñado por Thomas Kinkade, también llamado “el pintor de la luz”. Kimadmitió sentir cierto alivio de los ataques de la cultura secular,pero no se impresionó con la subcultura evangélica: “La cultura evangélica es una fotocopia mala de la cultura convencional, no un logro verdaderamente distinto o separado. Sin el coraje para dirigir el rumbo, esa cultura recoge los desechos de los principales medios de comunicación y los pega de nuevo con una cruz en la parte superior”. Sin embargo, el hecho mismo de que haya pasado una semana dentro de aquella “cultura” demuestra su penetrante influencia.

El historiador británico David Bebbington sugiere este resumen general de las características de los evangélicos:

  • Conversionismo: La convicción de que las vidas necesitan ser transformadas mediante la experiencia de “nacer de nuevo”.
  • Activismo: Esforzarse por expresar el Evangelio mediante misiones y evangelismo.
  • Biblicismo: Una forma particular de considerar La Biblia como principal autoridad.
  • Crucicentrismo: El énfasis en el sacrificio de Jesucristo en la cruz para hacer posible la redención de la humanidad.

Bajo esta descripción general, los católicos, los protestantes y los cristianos ortodoxos pueden ser evangélicos incluso permaneciendo dentro de denominaciones que podrían rechazar el término. La Asociación Nacional de Evangélicos rechaza miembros del Consejo Nacional de Iglesias y, sin embargo, muchas de aquellas denominaciones tienen miembros que alegremente se hacen llamar evangélicos.

Vale la pena destacar que yo soy evangélico. He escrito artículos para ChristianityToday, la revista evangélica líder. He pasado gran parte de mi carrera dentro de la subcultura evangélica, experimentando como periodista, explorando y a veces desafiando sus manías y excentricidades. Como yo surgí del fundamentalismo rígido, la subcultura evangélica me pareció sorprendente mente amplia y diversa. Ni una vez una revista o editorial ha intentado censurar mis palabras.

Hice mis estudios en la escuela de posgrado Wheaton College,un lugar que honra y recompensa el saber. Me desarrollé como periodista y editor de Campus Life, una revista publicada por Juventud para Cristo, y luego como editor general para ChristianityToday. Las tres se identifican fuertemente con la persona que mejor ejemplifica el estilo evangélico: Billy Graham, quien estudióen Wheaton y fundó las otras dos organizaciones. Y las tres me proporcionaron un lugar sano donde pude descubrir mi propia fe hasta en tiempos de dudas y serias luchas, cuando presionaba en contra de las limitaciones de la subcultura. La influencia de Graham ha sido enorme: sus cruzadas abrazaron a las principales denominaciones, católicos y carismáticos; rompieron las barreras raciales y llevaron a los evangélicos a introducirse en la esfera pública al tratar temas como los derechos civiles, el aborto, la pobreza y la pelea de las armas nucleares.

Cuando le envié a la editorial el manuscrito de Gracia divina vs. Condena humana le dije a mi esposa: “Este libro puede causarme el rechazo de los evangélicos”.Después de todo, contenía un capítulo sobre Bill Clinton,no precisamente un héroe para los evangélicos, y otro sobre MelWhite, quien salió del closet como activista por los derechos homosexuales a pesar de estar de acuerdo con la mayoría de los evangélicos. Estaba equivocado. Prácticamente todos los días recibo una carta de aprecio de un lector evangélico, y el libro llegó a vender más de un millón de ejemplares.

Como escritor, me he dado cuenta de que al aferrarme a las cuatro características propuestas por Bebbington, especialmente en su énfasis en La Biblia, tengo una amplia libertad. La Biblia aparece como un correctivo determinante de los caprichos de la teología y la práctica evangélica. Cuando los lectores se quejan, les contesto que yo no soy el radical; Jesús lo es. Él salió a buscar prostitutas y pecadores, y generó así la oposición violenta de las autoridades religiosas de la época. Estableció las normas de santidad personal en medio de una sociedad en decadencia mientras respondía con amor y gracia a aquellos mismos que la hicieron decadente. Al partir,oró para que sus seguidores no fueran excluidos del mundo,sino que les encargó vivir en él como sal y luz, como representantes de un contra-reino basado en la paz, el amor y la justicia.

Después de pasar varias décadas trabajando dentro del mundo evangélico, resumiría sus principios esenciales en tres afirmaciones: este es el mundo de nuestro Padre. Los evangélicos creemos que Dios creó el mundo y lo formó con cuidado. Cualquier resto de bondad en el planeta refleja la “gracia equitativa” de Dios: el Solbrilla y la lluvia cae sobre aquellos que creen y aquellos que no creen. Todos los placeres, incluyendo la belleza, la sexualidad, el arte y el trabajo, son regalos de Dios para nosotros, y buscamos que Él nos revele la forma de poner nuestros deseos en orden y así poder encontrar en ellos plenitud y no esclavitud.

El teólogo LangdonGilkey afirmó que “si el cristianismo evangélico tiene una herejía, esta es la omisión de Dios el Padre,creador, preservador y gobernador de toda la historia de la humanidad y, en cambio, estar más a favor de Jesús el Hijo, quien se relaciona con las almas individuales y su destino. Aunque yo no lo veo tanto como una herejía, sino como un error en el énfasis. Tal como ‘el santo patrón de los pensadores evangélicos’, C. S. Lewis,escribió una vez: ‘Cuando lo primero está primero, lo segundo no está suprimido, sino potenciado’”.

Como expresión de amor al mundo, Dios entró en la historia (encarnación)y dio la vida de su Hijo como sacrificio para su redención(expiación). El énfasis en Jesús y en la cruz separa al cristianismo de todas las otras religiones, y los evangélicos nos aferramos mucho a esta característica. En el misterio de la trinidad, Dios estaba“reconciliando al mundo consigo mismo” (palabras del Apóstol Pablo). Los evangélicos reconocemos que el mundo ha sido invadido por el mal, y creemos que Cristo dio comienzo a un proceso de reclamo, en el cual la Iglesia tiene un papel fundamental que culminará con una victoria final.

En una de las visitas de Karl Barth al seminario de la Unión Teológica, alguien le preguntó qué le diría a Adolf Hitler si lo conociera.El teólogo alemán respondió: “Jesucristo murió por tus pecados”. El énfasis de los evangélicos en la conversión surge de una profunda convicción de que, como Pablo lo expresó: “Cristo Jesús vino a salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero”.Casi cada mensaje de Billy Graham se centra en ese tema.

Y sin embargo, él mismo insistía en que concentrarse en estar bien con Dios no implica que nuestra fe esté “tan enfocada en lo celestial que no genere ningún bien terrenal”. Todo lo contario.Evangélicos como William Wilberforce, John Newton y Charles Simeon en Inglaterra abrieron el camino para la reforma social, y la mayoría de los evangélicos siguen hoy por ese mismo camino.Sociólogos en Latinoamérica han documentado cómo el acto de conversión puede llevar a un cambio social significativo. (Véase,por ejemplo, Comunidades de base cristiana y cambio social en Brasil de William Hewitt). Un hombre acepta a Cristo en una reunión evangélica. Se une a la iglesia local, y esta le aconseja dejar de emborracharse los fines de semana. Con su ayuda, lo hace. Así comienza a llegar temprano al trabajo y, finalmente, lo ascienden a supervisor. Con una nueva fe y un renovado sentido de valor,deja de golpear a su esposa y se convierte en un mejor padre para sus hijos. Con un entusiasmo nuevo, su esposa obtiene un empleo que le permite pagar la educación de sus hijos. Multiplica eso por varios grupos de ciudadanos conversos y pronto la base económica de un pueblo entero se levantará.

A través del poder del Espíritu, los seguidores de Jesús avanzan en su Reino en el mundo. Karl Barth también dijo: “Unir las manos en oración es el comienzo de un levantamiento contra el desorden del mundo”. Sí, y en los últimos años los evangélicos han reconocido cada vez más la necesidad de, a veces, soltar aquellas manos para participar activamente contra el desorden mundial generalizado.

Organizaciones cristianas como Misión Internacional de Justicia lucha para liberar a víctimas de la esclavitud sexual incluso cuando otras misiones ministran a esas víctimas. La Confraternidad Carcelaria Internacional visita a los prisioneros y los prepara para la vida fuera de ese lugar. Mercy Ships recluta médicos para realizar cirugías gratuitas en países necesitados. Hábitat para la Humanidadtiene el noble objetivo de proporcionar un hogar adecuado para los que no lo tienen. Organizaciones como WorldVision,WorldRelief, Opportunity International, Samaritan’sPurse, FoodfortheHungry y WorldConcern responden a plagas y hambrunas mientras, simultáneamente, financian proyectos de desarrollo para evitar que aquellos desastres vuelvan a ocurrir. Al igual que el movimiento de ayuda social de hace un siglo, los evangélicos se mudan a grandes ciudades para establecer proyectos comunitarios.Tardíamente, algunas organizaciones se están ocupando del medio ambiente. Los evangélicos dirigen refugios, programas de adicciones y centros alternativos para embarazadas porque creen que todo eso ayuda a expandir el Reino de Dios en el mundo,una forma práctica de responder a la oración de Jesús cuando dijo“que se haga tu voluntad en la tierra como en el cielo”.

He tenido el privilegio de conocer evangélicos de muchos países.Cristianos coreanos, filipinos, colombianos, brasileños y chinos,todos aportan un matiz diferente a la subcultura. He conocido personajes tanto conservadores como excéntricos. He visto conflictos y desacuerdos como también momentos que nos enorgullecen.

La historia del evangelismo es una historia de humanidad, con sus progresos y sus estancamientos. Como hombre alimentado por el evangelismo, valoro el espíritu de un movimiento que ha comprobado ser luz, dispuesto a autocorregirse, y que por sobre todo está comprometido a seguir a Jesús “que aunque era rico, por causa nuestra se hizo pobre, para que mediante su pobreza llegáramos a ser ricos y que nos ha dado ejemplo para que sigamos sus pasos”.

Ese es el último objetivo al que todos los evangélicos aspiramos,sin importar cómo lo logremos. Sin duda, Jesús es el radical.

Por Philip Yancey
Tomado del libro:Los sonidos de la fe
Peniel

Los Sonidos De La Fe

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