Una decisión por tomar

Enfrentar los cambios con la mente correcta

Por Evangelina Daldi

El calendario cambió. El número de atrás también. 2014-2015. En el día a día puede no significar mucho, pero al final de un año y al comienzo de otro, nuestra mente pareciera que se resetea y vuelve a comenzar la cuenta. Volvemos a empezar. Pareciera que comienza todo de cero.

Si es que la hicieron, muchos toman la lista de cosas que se propusieron hacer en el 2014 y chequean cuáles quedaron pendientes. Quizá estas pasen a la lista 2015. Probablemente haya nuevas metas y sueños. De una u otra manera nos proponemos diversas cosas para nosotros y/o nuestras familias. Y todas esas cosas, o la mayoría de ellas, presuponen cambios. Son cambios. Dejar de hacer algo. Comenzar a hacer algo. Modificar algo. Cambios.

Y el 2015, como todo año nuevo, se comienza con expectativa, con el ánimo renovado, con fuerzas, con voluntad. Pero a medida que pasa el tiempo… bueno, ya sabe. Eso también va cambiando.

Y es en este momento cuando podemos tomar una actitud que puede servirnos para prepararnos para lo que viene. Y es pensar que los cambios son buenos (o por lo menos esos que nos proponemos tienden a ser para mejor), pero que no son gratis. Cuestan. Duelen. Molestan. Son difíciles. Y mucho más si hablamos cambios significativos. Se requiere de mucha voluntad. Trabajo. Sacrificio.

Y esto sería bueno que lo analicemos de antemano para saber qué actitud tomar cuando esas ganas mengüen. Los cambios suelen sacarlo a uno de la zona de comodidad. Pueden significar una transformación. Y si bien esto puede ser muy bueno, y de hecho seguramente lo sea, también puede asustarnos ya que enfrentamos el miedo a no lograrlo o el temor a perderlo todo. Cuando consideramos la posibilidad de fracaso, solemos echarnos para atrás. Cuando analizamos y vemos que los riesgos son grandes, ya el rostro cambia. Y la sonrisa puede desdibujarse.

Pero los cambios son necesarios. Para seguir creciendo. Para alcanzar lo que está adelante. Para madurar. Para cumplir sueños. Para alcanzar metas. Para desarrollar el potencial. Para ver materializado el propósito de Dios para nosotros. Si no somos capaces de enfrentar tales cambios, quizá nunca lleguemos a nada de esto. Y después miraremos para atrás arrepintiéndonos.

Entonces mi desafío para mí y para ti es pensar en que el proceso de cambio puede ser duro, difícil, doloroso y hasta aterrador. Pero son necesarios. Para crecer y para convertirnos en la persona que Dios quiere que seamos.

Es lo que sucede con la oruga. Ella ve su transformación como su fin… nosotros sabemos que el comienzo de una hermosa mariposa.

Eso es un cambio. Y hacia eso debemos aventurarnos en este 2015.

No sé cuál es el cambio que anhelas, ese que deseas, aquel que necesitas. Quizá le temes, quizá lo intentaste pero fallaste, quizá tu mente ya está programada a pensar que no puedes hacerlo.

Te invito a que reseteemos nuestra cabeza. Y que así como cambió el calendario, cambien nuestras fuerzas, nuestros pensamientos y vayamos en pos de ese proceso de cambio que nos llevará a ser, en cualquier área, mejores. El desafío es no amedrentarnos y darle siempre para adelante. Siempre querer crecer. Cambiar. Seguir. Mejorar. Desarrollarnos. Elevarnos. Sabemos que podemos hacerlo. ¡Comencemos!

Como no podía dejar de mencionar, permítanme expresar mi más sincero agradecimiento a los que mes tras mes nos leen. Gracias a las radios que reproducen nuestros artículos, gracias a las instituciones que reparten este periódico, gracias a los profesionales que nos colocan en su mesa de sala de espera, gracias a los pastores que adquieren este material para que pueda venderse en las librerías de sus iglesias, gracias a las librerías que nos distribuyen, gracias a la persona anónima que va a comprar La corriente. Todos ustedes hacen posible que nuestra labor tenga sentido. Gracias por acompañarnos. Todo este equipo les desea un 2015 lleno de la paz de Dios y de su bendición. Que Él pueda llenar a toda esta comunidad lectora de su favor y nos guíe día a día.

Esperamos seguir contando con ustedes.

Dios les bendiga.

¡Hasta la próxima!

Por Evangelina Daldi

redaccion@lacorriente.com

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