Ríete a carcajadas con el Señor

Y aprender a admirar toda la creación de Dios

Por Amy Simpson

Cuando pensamos en los modos en los que Dios se revela a través de la creación, solemos pensar en majestuosas y sombrías montañas y  rugientes mares, la realidad de cada estación del año y la cosecha de los campos. Pensamos en el detalle de la flor más pequeña, los misterios de la gestación y el nacimiento. Cuando pensamos en la apropiada respuesta a la creación pensamos en pararnos en cimas de montañas, contemplar el océano y levantar nuestros brazos ante la maravilla. O quizá sentarnos alrededor de una fogata en un bosque o a la sombra de un viejo árbol en un parque cantando canciones de alabanza. Pero no pensamos mucho en reírnos.

Pero lo que Dios ha hecho es inherentemente gracioso, desopilante e infundido con delicia. Considera el humor en el andar de un pingüino. La tierna pelusa de un pollito, un oso rascándose la espalda con un árbol, monos que se quitan bichos de los pelos de otros. Cachorros que pasan horas jugando, que se duermen se en cualquier lado donde aterrizan, luego se despiertan y comienzan a jugar nuevamente. La increíble combinación de rasgos en el ornitorrinco, que los científicos europeos de hecho creyeron que era un engaño cuando lo encontraron por primera vez en 1798.

No es un accidente que las criaturas en este mundo luzcan y se comporten como lo hacen, tal como nosotros que no somos accidentes tampoco. Cuando mi perro corre por el parque con una pelota en su boca, desafiándonos a que lo atrapemos, está celebrando el modo en el que Dios lo hizo. Cuando nosotros nos reímos y compartimos su alegría, también estamos celebrando.

Quizá un llamativo sentido del asombro no es la única manera de expresar nuestra apreciación por lo que el Señor ha hecho. Nuestra risa y nuestros “aww” pueden ser formas de adoración también. Al simplemente notar y atribuirle a Dios sus obras también adoramos. Y creo que Él se siente honrado con nuestro disfrute.

La belleza bíblica de la creación

Dios es completamente consciente de las criaturas que ha hecho y sus características; las conoce íntimamente. Dos libros del libro de Job demuestran cuánto Él espera que estas criaturas nos inspiren para que nosotros lo adoremos.

La mayoría de este libro de La Biblia está llena de protestas de Job y discursos de sus amigos, que básicamente cuestionan y teorizan sobre el por qué Dios permitió semejante sufrimiento en Job.  Luego, al final del libro, Dios le responde a Job con un desafío. Lo pone en su lugar recordándole su poderosa y sin igual creación. Su desafío comienza: ¿Quién es éste, que oscurece mi consejo con palabras carentes de sentido? (…) ¿Dónde estabas cuando puse las bases de la tierra?” (Job 38:2-4).

Dios sigue a estas intimidantes preguntas con una serie de más cuestionamientossobre específicos aspectos de su creación, incluyendo muchos animales salvajes: ¿Sabes cuándo los íbices tienen sus crías? ¿Has visto el parto de las gacelas? ¿Has contado los meses de su gestación? ¿Sabes cuándo dan a luz? Al tener sus crías se encorvan, y allí terminan sus dolores de parto. Crecen sus crías, y en el bosque se hacen fuertes; luego se van y ya no vuelven” (Job 39:1-4). Y Dios sigue hablando de muchas criaturas más.

Dios anima a Job a que note, junto con Él, lo que ha hecho; que se deleite en sus criaturas tal como Él lo hace, y que dé un paso atrás en asombro no por sus creaciones sino por su Creador. Él mismo ha celebrado su creación desde el principio, cuando pronunció que todo “era bueno” (Génesis 1:31). Él se goza en lo que ha hecho, y desea que nosotros veamos estas obras de arte como evidencia de su grandeza.

La gloria de Dios en la creación

Cuando notamos los detalles de la creación de Dios ¾hallando regocijo en lo que ha hecho¾ sentimos su placer. Compartimos su deleite. Imagine a Jesús montado sobre un burro en Jerusalén (Mateo 21:1-6) y riendo por aquel burrito que Él había hechocapaz de cargarlo cuando lo necesitó. ¡Jesús conocía y amaba a aquel burrito! Imagínelo mirando la higuera y secando su productividad con su mirada, íntimamente familiar con todos sus procesos internos. Mirando a manada de ovejas, viendo criaturas individuales y amando a aquellas peludas criaturas.

Como escritora, disfruto cuando las personas aprecian lo que he creado. Y cuanto más detallada la apreciación, más satisfactorio es el trabajo. Cuando alguien nota que pensé las palabras que escogí, que traté de escribir un título inteligente o que algo que intenté que sea gracioso de hecho los hizo reír, encuentro significado en lo que hago. También siento una conexión fuerte con esa persona, que ahora me entiende mejor porque entiende mi obra.

Disfrutamos lo que hemos hecho cuando sabemos que es bueno ¾comidas, libros, canciones, vestimenta, dibujos, programas de computadora¾. Queremos que otros vean lo que hemos creado y lo aprecien tanto como lo hacemos nosotros. Queremos que lo disfruten, y cuando lo hacen, queremos hacer más. Dios sabe que su creación es buena, y no solo inspiradora, sino placentera y sorprendente. Él nos ha dado un don increíble: la habilidad de apreciar con Él.

En lugar de simplemente admirar de lejos o dar una ojeada a los rasgos peculiares del mundo que te rodea, considera cómo puedes comprometerte en una apreciación activa de la creación de Dios. En oración, comparte tus pensamientos sobre las criaturas que se cruzaron en tu camino. No solo tu sentido de asombro ante el majestuoso león o los poderosos dientes del tiburón sino también del asombro ante la seria ardilla que tiene sus mejillas llena de nueces. Él probablemente piense que es gracioso también.

Por Amy Simpson
Columnista de ChristianityToday

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