Es tiempo de fiesta, es tiempo de Dios

Celebremos la fiesta de la cosecha

Por Roberto Vilaseca

¿Sabías que Dios ama las fiestas? Fue una sorpresa para mí descubrir ese carácter alegre y festivo de un Dios que antes imaginaba siempre con gesto adusto y serio. Pero fue suficiente con poner atención en la personalidad de Jesús, y en las ácidas críticas que recibía de sus detractores para descubrirlo un hombre de buen genio, que sabía disfrutar buenos tiempos de alegría con sus amigos.

Es contundente que su ministerio empieceen las “las bodas de Caná”, y terminará con una boda “las bodas del Cordero”. En Lucas 15 encontramos tres parábolas, y en cada una hay un elemento común. Veamos las primeras dos. En la parábola de la oveja perdida invita: “‘Alégrense conmigo; ya encontré la oveja que se me había perdido’. Les digo que así es también en el cielo: habrá más alegría por un solo pecador que se arrepienta, que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentirse”. En la Parábola de la moneda perdida reitera: “‘Alégrense conmigo; ya encontré la moneda que se me había perdido’. Les digo que así mismo se alegra Dios con sus ángeles por un pecador que se arrepiente”.

¡Imagina el gozo que hay en el cielo en espera de la cosecha más grande que hemos tenido en la historia! A partir de Lucas 15:11 se encuentra la tercera parábola: el hijo pródigo. La mayoría de nosotros conocemos bien la historia: un hijo que pide su herencia, se va de la casa y la despilfarra. El padre de la parábola, quien representa a Dios, ve a lo lejos la figura de su hijo que regresa a casa avergonzado. Él corre y lo abraza, lo besa y en un corto tiempo le puso un anillo en su dedo, calzado en sus pies, el mejor vestido y  ordenó: “¡Vamos a celebrar!”.

Hagamos fiestas

¿De quién salió la idea de tener una fiesta?¡Del Padre! Sí, al Él le gustan las fiestas. Algunos pueden creer que Dios es como un gran policía en el cielo que siempre está enojado. Pero aquí vemos al Padre que recibe al hijo perdido…y le ofrece una fiesta. Pero alguien no estaba nada conforme: el hijo mayor. ¿Por qué? Porque no le gustaban las fiestas. Dijo: “A mí ni siquiera me diste un cabrito para disfrutar con mis amigos”. ¿Qué había de mal en esta reacción? El padre se lo hizo notar: “Todo lo mío es tuyo. Recuerda, dividimos la herencia; él recibió la mitad y tú recibiste tu mitad. Tú hubieras podido tener una fiesta en cualquier momento”.

Me entusiasma saber que al final de los tiempos, el Señor nos prepara una gran fiesta, un gran banquete. Muchos de nosotros hemos sentido el desprecio que el mundo tiene hacia los cristianos hoy en día. Pero Dios está cambiando esto. La Iglesia está siendo animada. El banquete se ha preparado, y la celebración ha comenzado.

Este es el Dios que nos salvó, el Dios en quien hemos esperado. Nos gozaremos y nos alegraremos en su salvación. La fiesta que el Señor nos brinda tuvo un muy alto precio: el precio de su Hijo muriendo de la manera más cruel y dolorosa. ¡Qué precio tan alto se pagó por esta fiesta!

¡No la desprecies! Hermano, no te detengas de entrar en la fiesta y gozarte. Es un fruto del Espíritu Santo; aprende a gozarte en el Reino de Dios.

La fiesta de la cosecha

En los tiempos de Moisés, Dios ordenó a Israel respetar sus tiempos de fiesta como una expresión de obediencia y de pacto con Él. Israel tenía siete fiestas que celebrar cada año, pero tres de ellas eran de un poderoso significado. “Tres veces en el año harás fiesta en mi honor”, le dijo Dios a Israel (Éxodo 23:14). Estas no eran solo para alegrarse y gozarse en el Señor, haciendo memoria de hechos históricos del trato divino con su pueblo, sino también eran solemnes encuentros donde Israel reconocía la necesidad de Dios y renovaba su compromiso con Él. Las tres fiestas más importantes eran la Pascua, el Pentecostés y la de los Tabernáculos, las cuales coincidían con las temporadas de siembra y cosecha a lo largo del año.

Pero el significado más importante de estas fiestas es el significado profético para la Iglesia de Jesucristo, un significado que representaba distintas estaciones espirituales del Pueblo de Dios, desde su inicio hasta el final de sus días.

Luego de siglos de oscuridad y confusión sobre la Iglesia, el Espíritu Santo comenzó a devolver la revelación y el poder prometidos por el profeta Joel cuando dijo: “Alegraos y gozaos en Jehová vuestro Dios, y os restituiré…y comeréis hasta saciaros y alabaréis el nombre de Jehová” (Joel 2:23 RVR60). En este tiempo de restauración de la Iglesia a su diseño original, puede distinguirse claramente la Pascua, en los días en que Lutero volvió a señalar el camino de la salvación por la fe a través del sacrificio de Cristo como cordero pascual. Y el Pentecostés como la fiesta del Espíritu Santo manifestado a comienzo del siglo XX con el nacimiento de las iglesias pentecostales.

Pero ahora ha comenzado un nuevo tiempo espiritual, el tiempo de la fiesta de los Tabernáculos. ¿Por qué? Porque es la fiesta de la Gran Cosecha, igual a aquella en la que Israel celebraba al final de todas sus fiestas para señalar el regocijo y la fiesta de la cosecha recogida con la bendición de Dios.Este es el tiempo en el que Dios ha investido a su Iglesia con todo lo necesario para recoger la gran cosecha de almas previo a la venida de Cristo. En todo el mundo la iglesia está experimentando un crecimiento milagroso, señal del nuevo tiempo profético que ya está entre nosotros.

¡Este es el tiempo de la Cosecha! El tiempo de la siega del fin del siglo profetizada por Cristo, el tiempo donde los campos están blancos y no hay que esperar más para recoger el fruto. Por eso está bien que hagamos fiesta para Cristo. ¡Y lo mejor de esta fiesta es recoger la mies del Señor!

Cada una de las fiestas mencionadas tiene características propias. Encerraba un espíritu detrás de cada una de ellas que la iglesia de hoy debe reconocer. Entender el tiempo espiritual que estamos viviendo nos ayudará a comprender lo que Dios quiere hacer entre nosotros en estos días. Existió un tiempo en Israel, donde luego de muchos años interrumpidos se volvió a celebrar la Fiesta de los Tabernáculos. Miremos lo que ocurrió en esos días, según Nehemías 8:1-17.

Tiempo de avivamiento

“Todo el pueblo se reunió con un mismo propósito… le pidieron al escriba Esdras que sacara el libro de la ley… y todo el pueblo escuchó atentamente la lectura” (v.1).

La fiesta de la Cosecha es un tiempo donde Dios visita a su Iglesia a través de su Espíritu restaurando su plenitud, brillo y gloria. En este tiempo de avivamiento La Palabra está recuperando su centralidad, hay una revelación nueva de la voluntad de Dios, un hambre por conocer su persona como nunca antes. Existe un vivo deseo de recuperar la santidad, de identificarse con Dios. La Iglesia atraviesa un tiempo de restauración como nunca antes ocurrió, la Novia está recuperando su dignidad, su pureza y su gloria, y se prepara para la venida del Rey de Reyes.

Vivimos en un tiempo de avivamiento porque ha puesto su espíritu sobre nosotros, porque las ventanas de los cielos están abiertas sobre nosotros. Porque Dios nos ha visitado con una visión poderosa y transformadora, porque ha derramado dones y ministerios, porque nos ha capacitado para levantar la cosecha.

¡Este es tu tiempo! No desperdicies nada de lo que Dios tiene preparado para tu vida. Cristo te llama, llena tu corazón de pasión para que entres en sus labores, el Espíritu te inviste de su poder y te capacita para recoger la cosecha. ¡No pierdas la oportunidad!

Tal vez sientes que le has fallado a Dios, que te equivocaste, y ahora ha puesto sus ojos en otros, pero te equivocas. Dios vuelve a poner su mirada y sus manos en ti. Él quiere llevarte a un nuevo nivel de confianza, de servicio y de autoridad. Dios va a entregarte nuevos dones, nuevas capacidades para llevar adelante la tarea de participar en la extensión de su Reino. Él se ha propuesto volver a tomarte en sus manos y hacer una nueva vasija para usos santos. Tú estás en los planes del Señor para este tiempo, no para más adelante. Ahora es el tiempo en que Dios quiere usarte.

Tiempo de una nueva alabanza y adoración

“Entonces Esdras alabó al Señor y todo el pueblo exclamó: ¡Amén!¡Amén!…”(v. 6). Es una temporada espiritual donde la persona de Dios es como un imán que atrae a sus hijos. Los atrae, los llena de gozo y los lleva a nuevas experiencias de adoración.

Este tiempo de avivamiento lleva a su Iglesia a un estado de gozo, de danza, de risa y de adoración como nunca antes. Ocurrió también cuando Cristo entró a Jerusalén. “Todos los discípulos se entusiasmaron y comenzaron a alabar a Dios por tantos milagros que habían visto(Lucas19:37). Es un tiempo para alegrarnos y gozarnos, renovar nuestra alabanza y nuestra danza porque el tiempo de la cosecha ha llegado.No debes vivir estos días sumido en el dolor, en la apatía religiosa, ni en la solemnidad hueca de los fariseos, sino en un espíritu de gozo y danza como lo hacía el rey David. La alegría de los hijos que disfrutan de la generosidad y hermosura de su Padre. ¡Llénate de gozo porque Dios quiere que te goces!

Tiempo de llevar la palabra

Coman bien, tomen bebidas dulces y compartan su comida con quienes no tengan nada(Nehemías 8:10). Dios dice: “No solo se gocen, también lleven el mensaje de libertad en Jesucristo a través de todo el mundo”.La fiesta de la cosecha se caracteriza por comunicar un espíritu de responsabilidad y de amor hacia los perdidos. Es el tiempo de extender el Reino de Dios, de llevar el mensaje. La Iglesia se está llenando de La Palabra, se está alimentando con la comida espiritual para llevar esa abundancia a un mundo que muere de hambre. Un mundo desesperado por paz, por alegría, por esperanza, por consuelo y por la verdad.

Dios nos llama: “Hijo, ve hoy a trabajar a mi viña. Necesito que lleven esperanza, que den de comer a las multitudes porque yo multiplicaré los panes y los peces. ¿Qué tienes en tus manos? En ellas hay abundancia; alcánzala a los que están desesperados por Dios.

Tiempo de levantar una Iglesia de acuerdo al modelo original

En la Fiesta de los Tabernáculos los israelitas debían hacer cabañas de cañas, hechas como lugares de refugio temporales. Simbolizaba el paso peregrino de los hombres por este mundo. La primera iglesia no se interesó en construir grandes catedrales sino en edificar iglesias dinámicas. En este tiempo también Dios está restaurando el modelo de iglesia basado en un espíritu familiar, fundadas a través de reuniones en las casas. Es el tiempo de mayor libertad para los santos fuera de las paredes de sus templos. Un tiempo de renovación. Dios busca congregaciones que vuelvan a estar fundadas en la base apostólica.¡El Espíritu Santo está restaurando la Iglesia!

Dios levanta un reino de ministros y sacerdotes que lo ministren a Él, a sus hermanos y al mundo.

Pidamos al Espíritu Santo que nos llene con el espíritu de la fiesta de la cosecha. Que nos envuelva, nos unja, nos guíe para levantar la mies porque los campos están listos para la siega.

Por Roberto Vilaseca

 

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