Jesús sigue siendo la razón de esta Navidad

Que la cultura no nos lleve a alejarnos de lo verdadero

Por J. Lee Grady

En el libro clásico del Dr. Seuss¿Cómo el Grich se robó la Navidad?, el malvado Grinch verde aterroriza a los dóciles ciudadanos de Whoville metiéndose en sus hogares y robándoles la Navidad justo por debajo de ellos. Cuando vi la versión animada de esta historia, me di cuenta de que era exactamente lo que nos sucedió a nosotros, solo que en nuestro caso, le dimos una cálida bienvenida a esa invasión.

Es difícil encontrar el verdadero significado de esta fiesta cuando miramos nuestra cultura. La Navidad ha sido actualizada, modernizada y secularizada tantas veces que si un extraterrestre visitara la tierra hoy no tendría ni idea de lo que la Navidad significa. ¿Tiene que ver con el verano? ¿Tardes de shopping? ¿Papá Noel y enanos? ¿Muñecos de nieve? ¿Fiestas con amigos? ¿Eventos empresariales?

No estoy en contra de comprar y envolver regalos, colgar luces en tu casa, realizar fiestas o asistir a eventos. Pero habremos perdido la gran bendición si no dejamos de lado la Navidad ruidosa y llena de distracciones comerciales, y nos enfocamos en Aquel que nació en un establo en Belén.

Durante las fiestas, siempre me hago el espacio para leer los pasajes de los evangelios que relatan el nacimiento de Jesús. Además, he aprendido a prestarle especial atención a los nombres de Jesús usados en la historia de Navidad. Tú quizás desees compartir estos nombres con tus seres queridos en tu cena de Navidad o te tomes unos minutos en medio del estrés de las fiestas para observar Las Escrituras y darles un espacio cuidado en tu corazón.

 

  1. Él es el Hijo de David (Mateo 1:1). El evangelio de Mateo, escrito primeramente a judíos, pone énfasis en que Jesús era parte del linaje real de los reyes de Israel. La genealogía que aparece en Mateo 1 traza a José, el esposo de la virgen María, en la línea de David, y hacia atrás en Abraham. Aunque Jesús no era el hijo biológico de José, Jesús podía reclamar legalmente su nombre. Él era el Rey de los judíos en el sentido más verdadero; a diferencia de todos los reyes pecadores de Israel, Jesús era el gobernante perfecto, y su reino no tendría fin jamás.
  2. Él es el Hijo de Adán (Lucas 3:38). El evangelio de Lucas, escrito a una audiencia gentil, se enfoca en la humanidad de Jesús. Y la genealogía que aparece en Lucas 3:23-28 no es sobre una sucesión real. En su lugar, traza a Jesús en el árbol genealógico de María y va camino hacia Adán, estableciendo así que Jesús era descendiente del primer hombre. A través del trabajo sobrenatural del Espíritu Santo, la palabra eterna de Dios se impregnó en María, haciendo que su hijo nazca Dios y hombre. Sin embargo Jesús, a diferencia de Adán, nunca le desobedeció a Dios. Se mantuvo sin pecado para poder sacrificar su vida por nosotros.
  3. Él es Emanuel (Mateo 1:23). Un ángel le dijo a José en un sueño que María iba a concebir un hijo milagrosamente, y que su nombre sería Emanuel, que significa “Dios con nosotros”. Envuelto en ese nombre está el misterio de la encarnación. Jesús es, tal como lo enfatiza el evangelio de Juan, el Verbo que se hizo carne (Juan 1:14). Él estaba con Dios antes de la creación del mundo como el glorioso Hijo unigénito, pero luego hizo a un lado la gloria del cielo para morar entre pecadores en la tierra.
  4. Él es Jesús, el Salvador (Mateo 1:21). El ángel le dijo a María que daría a luz a un niño santo y que debería llamarlo Jesús, que es la forma griega del nombre Joshua (o Yeshuaen hebreo). Jesús significa “el Señor salva”. Así como Joshua en el Antiguo Testamento encomendó a Moisés y guió a su pueblo por el Jordán hacia la tierra prometida, Jesús nos saca del desierto del pecado y nos lleva por gracia y a través de la fe (Efesios 2:8) a la bendición de la salvación.
  5. Él es el Príncipe de paz (Isaías 9:6). Ángeles dijeron a los pastores en Belén: Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los que gozan de su buena voluntad” (Lucas 2:14). Esto se remonta a la profecía antigua de Isaías de que el Mesías traería paz a la tierra. El don de Cristo fue, de hecho, el mayor tratado de paz jamás promulgado. Donde sea que la verdad del Evangelio de Cristo sea predicado y creído, el odio es desarraigado en los corazones humanos y las guerras y la violencia cesan.
  6. Él es la luz que ilumina a las naciones (Lucas 2:32). Simeón, el profeta antiguo que encontró a José, María y al niño Jesús afuera del templo en Jerusalén, reconoció que el tan ansiado Hijo de Dios no era enviado solo para Israel sino para todas las personas. La misión de Jesús era global. Esto también fue confirmado por la visita de unos magos misteriosos: hombres sabios de una nación gentil que se inclinaron ante Cristo y lo honraron como a un verdadero rey. Ellos sabían que algún día este Rey sería adorado en todo el mundo.
  7. Él es el Mesías, Cristo el Señor (Lucas 2:11). Así es como en ángel describió a Jesús cuando habló con los pastores en Belén. La palabra “Cristo” significa “el Ungido”; la palabra hebrea es Ha-Mashiach, o Mesías. Nos habla del Dios libertador prometido para ser enviado a la tierra. Abraham lo vio a distancia; el rey David le cantó y profetizó sobre Él; Isaías, Jeremías, Ezequiel, Daniel, Miqueas, Hageo, Malaquías y muchos otros profetas hablaron de su futura venida. Él no era ungido por el Espíritu Santo para sanar al enfermo y vencer a la muerte durante su estadía en la tierra; Él fue ungido para morir en una cruz por nuestros pecados y ser levantado de la muerte para que así nosotros podamos vivir con Él para siempre.

La maravilla de la Navidad es y será siempre encontrada solamente en Jesús. Toma un tiempo para alejarte de lo que la cultura ha hecho de esta fiesta, y reclama el milagro de su nacimiento.

Por J. Lee Grady
Editor de la revista Charisma

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