¿Es la oración las ruedas de nuestro auto o nuestra rueda de auxilio?

¡Primero ora!

Por Ed Delph 

Qué título, ¿no? Corrie Ten Boom nos desafía como personas y también como comunidades y naciones a hacer de la oración la primera opción antes de la última alternativa. Ella trata de animarnos a que abracemos algo que en realidad ya sabemos. No nos dice nada nuevo. Sino que lo dice de una manera que quizá nos movilice del conocimiento a la acción, a la aplicación de la teoría que conocemos.

La real oración es pro-activa, no reactiva. Es el café, no la crema. La oración es sintonizar el canal del Señor. No hemos sido creados para vivir reaccionando frente a las circunstancias, frente a la opinión pública ni a lo que hace el enemigo. Hemos sido creador para vivir en respuesta a Dios. Pero es difícil escucharlo si no estamos cerca de Él. Después de todo, cuando perdemos al Señor, no es Él quien en realidad se pierde. La oración nos mantiene cerca, “sin perdernos”.

Entonces, ¿por qué debemos orar? Ella es la comunicación con Dios. Cuando Él está detrás de eso y nuestro corazón está en eso, la oración suelta poder espiritual. La oración une nuestro corazón incendiado con las fuentes inagotables de Dios. Jesús pudo atravesar el Calvario porque había orado en Getsemaní. Alguien dijo que el ministerio es hacer lo que Dios simplemente dijo en oración. Es llamar a las cosas de la tierra como en el cielo… tocar el cielo, cambiar la tierra.

El pastor Dan Steffen habló recientemente sobre alguien que asistió a su iglesia para que alguien ore por él. Esta persona atravesaba una crisis en su salud. Cuando algunas personas de su equipo de oración rodearon a este hombre para orar, él dijo: “¿Podrían por favor orar por mí como si realmente les importara?”.

Durante mi pastorado de veintidós años en el área central de Phoenix (Estados Unidos), mi congregación me preguntaba constantemente: “¿Por qué había tanto poder en los acontecimientos que relata el libro de Hechos en La Biblia?”. Una respuesta es: a causa de la oración. En el capítulo uno, la Iglesia Primitiva continuamente oraba; en el capítulo dos, ellos partían el pan y oraban; en el capítulo tres, Pedro estaba de camino a un encuentro de oración cuando dijo: “No tengo plata ni oro… en el nombre de Jesús, levántate y anda”.

En el capítulo cuatro, la iglesia no vivió un terremoto, sino un terremoto de oración. En el capítulo cinco, oraron como si fuesen uno solo en el pórtico de Salomón; en el capítulo seis, se consagraron a ellos mismos a la oración y a vivir fuera del mundo. En el capítulo siete, mientras Esteban era apedreado, oró la misma oración de Jesús: “Padre, perdónalos”. En el capítulo ocho, los samaritanos recibieron al Espíritu Santo y siguieron orando.

En el capítulo nueve, Dorcas fue levantada de la muerte luego de haber orado; en el capítulo diez, los samaritanos recibieron al Espíritu Santo luego de haber orado; en el capítulo once, Pedro tuvo la visión de la gran sábana blanca. ¿Cuándo la recibió? ¡En la hora de oración! En el capítulo doce, Pedro fue a prisión. ¿Qué hizo la iglesia? ¡Tuvieron una reunión de oración! En el capítulo trece, los primeros apóstoles y misioneros fueron enviados después de la oración. En el capítulo catorce, los primeros ancianos fueron escogidos de entre la congregación luego de orar. Y cuando se eligen ancianos, ¡más vale que ore!

¡Orar es hablar con Dios sobre un asunto para luego hablarle al asunto de Dios!

Por Ed Delph
Escritor y columnista de varios diarios estadounidenses.Presidente de NationStrategy, organización sin fines de lucro que trabaja en pos de la transformación de comunidades y su desarrollo.
www.nationstrategy.com

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