Gigantes de la fe

Porque seguramente haya alguno a tu alrededor

Por Evangelina Daldi

Mis palabras escritas en estas líneas hoy las escribo a modo de reconocimiento, de honra y de admiración. Y estas cosas tienen como destinatario a un gigante de la fe: Federico Sosa.

Su vida fue, para todos los que alguna vez tuvimos el privilegio de conocerlo, un real modelo a seguir.

Federico fue uno de los hijos de Eduardo y Edith Sosa, pastores y misioneros oriundos de la provincia de Córdoba. Federico atravesó por larguísimos años diversas enfermedades con diversas consecuencias sobre su cuerpo. Cuando hablo de larguísimos años, hablo justamente de eso, muy largos. Y en todos esos años Federico fue un ejemplo no solo para los que compartíamos su fe y su lucha, sino para médicos y enfermeras, y tantos otros que se cruzaron con Fede en algún momento.

El reciente día de su velorio se escucharon palabras de varias personas cercanas que quisieron compartir con todos los presentes quién fue y qué significó Federico. Y fue asombrosa cada una de las palabras pronunciadas.Federico fue un hombre de Dios que a pesar del vasto sufrimiento físico, su alma estuvo intacta, al igual que su fe y sus fuerzas para seguir peleando. Fue un hombre que tenía la excusa perfecta para centrarse en sí mismo y llenarse la boca de maldiciones, pero no. No hacía más que pensar en el bienestar de los que tenía alrededor. Y su boca nuncaestuvo llena más que de clamor al Señor, confesiones de las promesas que su Dios le había hecho y agradecimiento por todo (y en todo).

Federico fue y es un ejemplo. Y su vida no pasará nunca desapercibida. Aunque ya no está con nosotros, y se fue al mejor lugar a donde una persona podría estar, su vida ha marcado a muchos de los que sí seguimos caminando por esta Tierra.

“Fede, tu vida nos ha enseñado a nunca pero nunca bajar los brazos, a centrar los ojos nada más que en el autor de la vida, a vivir parado (aún sin piernas) en las promesas del Maestro. Nos mostraste lo que es ser un héroe. Tu vida plantó semillas y enseñanzas en la vida de todos los que alguna vez te conocimos, y conocimos parte de tu historia.Y por todo esto, te agradecemos. A veces siento que quedo chiquita al lado tuyo”.

La vida de Federico me mostró que a veces lo que pienso que son problemas, en realidad no lo son tanto. Me mostró a que a veces engrandezco las situaciones adversas más que al Dios que todo lo puede. Federico me enseñó que es mejor abrir la boca para construir y dar fe, y que es mejor cerrarla cuando haya una pisca de queja o desaliento. Me mostró que los ojos es mejor tenerlos puestos en lo que el Señor ha dicho, y no en lo que ven mis ojos terrenales. La vida de Federico me enseñó a que es preferible vivir siempre de tal modo que honre al Creador y dueño de la vida y la muerte antes que andar sobreviviendo por ahí.

Seguramente no hayas podido conocer a Federico, o quizá solo hayas oído hablar de él o de sus padres. Pero estoy segura de que a tu alrededor tiene que haber alguien que responda a tales características. Si es así, te animo a que lo mires un poco más, y lo copies un poco más. Tómalo (o tómala) como ejemplo, sigue sus pasos.

Puede que alguna vez hayas dicho que en la sociedad posmoderna de hoy hay muy pocos referentes, pero tal vez haya más de los que tú crees. Puede que solo haga falta abrir los ojos un poco más.

Muchas personas buscan ejemplos en los grandes evangelistas, pastores, apóstoles o cristianos famosos (y no digo que no lo sean); pero no nos damos cuenta de que los verdaderos grandes son los que se mantienen de pie y firme en su fe cada día de sus vida. Aquellas personas que sin importar las circunstancias, son un reflejo del carácter de Cristo. Los gigantes no son los que centran su mirada en la inflación o en el default, sino que son los que ponen su corazón y esperanza en Aquel que prometió que estaría con nosotros hasta el fin del mundo. Los héroes son los que a pesar de cualquier terrible enfermedad, se gozan en el Dios de su salvación.

Los titanes son los que no se dejan amedrentar por su pasado, ni se aferran a él, sino que confían en que andarán de gloria en gloria y de victoria en victoria.

Mira a todos ellos más de cerca. Pégate a estas personas. Aprende de ellas. Toma lo bueno y desarróllalo en ti.

Doy sinceras gracias a Dios por toda esta gente que quizá anónimamente son héroes de la fe. Y mi oración es que yo, quizá algún día, pueda llegar a ser la mitad de lo que muchos de ellos fueron alguna vez. Tal vez tú tengas ganas de unirte a mi oración.

Por Evangelina Daldi
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