Un renacimiento santo

Seamos partícipes de lo que el Señor está por hacer

Por Tyler Blanski

Un renacimiento santo: eso es lo que pido en mi oración. Convertirnos juntos en estudiantes de Jesús. Regresar a las fuentes. Alimentarnos con los pasajes de Las Escrituras. Entrar a la larga y curiosa historia de Dios en la tierra; la tradición. Nutrirnos con los sacramentos. Practicar y llevar a cabo diariamente la salvación de Dios con ese temblor involuntario y ese temor reverente del que habla Pablo (Filipenses 2:12) Y, sobre todo, quitarnos del camino ¾o convertirnos en camino¾ para que Dios sane y ame a la gente quebrantada; para unirnos a la Santa Trinidad en la creación de más historias de salvación.

No te estoy pidiendo que te sumas tanto en la ignorancia como para creer en las hadas. Sin embargo, sí te pido que te vuelvas lo suficientemente tonto como para convertirte en un tonto por Cristo. Redescubramos la realidad del reinado de Dios.  Recuperemos un sentido de la vida en un mundo sostenido por más que la gravedad y las leyes; un mundo sostenido por los pactos de Dios con su pueblo; un mundo que canta sobre la gloria de Dios; un mundo donde hasta los burros pueden hablar. Es un proyecto de recuperación; un esfuerzo para quedar más estrechamente injertados en “la vid” que es Cristo. Podemos seguir la dirección de Dios para preparar una nueva comunidad de oración y obediencia colectiva a Dios; iglesias con sus raíces en Palabra y sacramento, revelación divina y tradición, y la vida abundante que hallamos en Jesús. Porque Dios la ha establecido de una manera tal, que la realización final de su Reino para que pueda ser conocida “por medio de la iglesia” (Efesios 3:10). Nosotros somos sus cocreadores; sus cómplices en este proyecto cósmico de renovación.

El cristianismo no tiene por qué estar atado, siguiendo las corrientes de la moda en experimentos religiosos estadounidenses del siglo XX. No tiene que tratar de celebrar un baile en el minúsculo cubículo de la modernidad. Para mí, andar caminando montado sobre un burro imaginario ha sido una manera de salirme del despliegue publicitario de un Dios sometido a un fuerte marketing y un cuidadoso abastecimiento. El cristianismo siempre ha sido mucho más que una experiencia de compras en un megacentro comercial, o un libro con sugerencias para ayudarnos a nosotros mismos. Es la mejor forma de vida posible: una vida de comunidad infundida por Dios, con cuidado por la creación y un amor genuinamente vivido. Como discípulos de Jesús, formamos parte de la narrativa constante de la salvación de Jesús, quien entró en la historia real y cambia vidas reales. Por definición, un renacimiento es una invitación a entrar en esa historia. Es antigua, pero también es perpetua.

Tengo la esperanza de que orar por un renacimiento santo no reduzca la obra soberana de Dios, convirtiéndola en poco más que una agenda humana de reforma. Debe ser exactamente lo contrario. Solo se producirá un renacimiento santo cuando desechos nuestras agendas de reforma y nos sometamos a la actividad soberana de Dios. Solo cuando podamos sincronizarnos con los ritmos del Reino de Dios, veremos un santo renacimiento.

Al leer La Biblia, se me hace difícil definir el Reino de Dios como un solo estado empírico de cosas, o una “cosa”. Se nos ha acercado, ha venido sobre nosotros, podemos entrar en él, se halla en medio de nosotros, se lo toma por la fuerza, sufre violencia, ha sido preparado y sigue en estado de preparación, tiene llaves y puede cerrarse con ellas, podemos ser mayores o menos en él, y oramos en el Padrenuestro para pedirlo. En el contexto bíblico, el Reino de Dios ya está presente, pero aún tiene que llegar. Es una eterna realidad y una esperanza futura. Ha sido inaugurado por Cristo, pero aún no ha sido realizado; aún falta que sea consumado. El Reino es el contexto de los propósitos soberanos de Dios. Tiene un impacto en todas las cosas de la vida, y estuvo en el centro mismo de toda la misión de Jesús. Es iniciativa suya, es la realización de sus propósitos, es su reino… y la razón de ser el mundo entero.

Hoy en día, hacemos planes para un santo renacimiento; para vivir confiando en lo que Dios nos promete cuando practicamos las disciplinas del que es discípulo de Jesús y nos abrimos al Espíritu Santo: un amor real, un gozo permanente, paciencia, bondad genuina, generosidad verdadera, fidelidad confiada, mansedumbre y un dominio voluntario de nosotros mismos (vea Gálatas 5). Se nos otorga el saborear, digerir La Palabra viva de Dios y recibir los sacramentos del bautismo y de la Cena del Señor. Así podemos integrarnos a la historia continua de la salvación que nosotros llamamos tradición, para vivir la fe y orar las oraciones de los estudiantes del camino de Jesús que han vivido antes que nosotros. Y, por humildes que nos haga sentir el enfrentarlo directamente, Dios nos ha encomendado la tarea de dar lugar a su Reino.

Hasta donde yo puedo decir ¾al fin y al cabo, yo solo voy montado sobre un burro¾, el Reino de Dios se halla sumamente cercano. Hay agua sagrada por todas partes. Todo lo que necesitamos hacer es bendecirla. Vivimos como criaturas en la creación, como partícipes de un mundo con un pacto de sangre. No hay ni siquiera un solo rincón de este mundo que escape al bautismo. El Reino de Dios se halla seriamente cercano. Estamos en el borde. No; ya estamos nadando en él.

Por Tyler Blanski
Tomado del libro: Cuando los burros hablan
Vida

Cuando los Burros Hablan

 

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