Nuestra Causa

Porque hay algo de lo que podemos estar seguros

Por Evangelina Daldi

Hace tan solo algunos días fui al cine. Debo confesar que fui bastante emocionada ya que asistí a ver una película que por algún motivo que desconozco me gusta mucho. Fui a ver Transformers 4.

Quédense tranquilos que no contaré el final. Pero sí los quiero poner en tema. La película se trata de una invasión a la Tierra. La idea es eliminar a toda la raza humana, y extrañamente los hombres, mediante un engaño de quien tiene este plan macabro, se han unido para eliminar a los Autobots (los súper autos buenos).

Estos no entienden por qué, después de haber luchado junto a los hombres contra tantos poderes del mal y haber sido sus aliados, hoy les pagan con el asesinato de muchos de ellos. Han perdido la fe en los hombres. Y están dispuestos a no luchar más para ayudarlos.

En una conversación entres dos autos poderosos uno le dice a otro una frase que quedó resonando en mis oídos: “El problema con la lealtad a una causa, es que la causa siempre te va a fallar”.

Y aquí me detengo.

La frase me hizo reflexionar, ya que había tenido experiencias recientes de gente que compartía este sentimiento.

Hablando con una mujer que lucha por tener agua potable en su barrio me comentó que hacía mucho tiempo que realizaba los reclamos correspondientes al municipio de su localidad. Y agregó: “¿Sabes que pasa? Los políticos solo te ‘dan bolilla’ cuando necesitan votos. Después no existís”.

Me encontré con una persona que hacía mucho no veía. Ella estaba realmente muy angustiada porque había roto una relación de amistad de hacía muchísimo tiempo. “De buenas a primeras, se volvió otra persona. Me clavó un puñal por la espalda. Me falló como jamás me imaginé”.

Estando en un cumpleaños hablé con alguien que tan solo un tiempo después de iniciado el festejo me dijo que se iba ya que había llegado un familiar con el que estaba disgustada hacía largo tiempo. “Fue la persona más desleal conmigo. Jamás pensé que alguien de mi familia fuera a hacerme tal cosa. No quiero volver a tener trato nunca más”.

Seguramente conozcas muchos casos similares. Quizá hasta tú mismo seas protagonista de algo así. Es más, me atrevo a decir que todos nosotros alguna vez nos vimos envueltos en un problema similar. Nos fallaron y fallamos.

Pero la frase de esa película me hizo pensar en un caso en particular. Al tratarse de súper autos que intentan salvar a los hombres, no pude más que compararlo con el único Salvador, con Jesús.

Y mi corazón se sintió reconfortado. Mi alma se llenó de gratitud y hasta puedo decir que mis ojos de lágrimas.

Pensar que más allá de mi comportamiento, más allá de cualquier circunstancia la Causa en la que coloqué mi esperanza, mi fe y mi confianza me da la seguridad de que jamás va a fallarme. Y esa no es una garantía que uno tiene todo el tiempo. Cualquier hombre y mujer puede fallar, y seguramente en algún momento lo haga (al igual que nosotros). Pero no Dios, mi Dios. Él no me puede fallar, y dijo que no lo haría.

Todos pueden dejarme solo, pero Él me tomará de la mano y caminará conmigo. Todos pueden darme la espalda, pero Él me va a abrazar. Todos pueden hablar a mis espaldas, pero Él me hablará al oído y me sostendrá. Todos pueden decepcionarme, pero Él ya ha superado cualquier expectativa. Él no es hombre para fallar. Su Palabra no cambia. Su amor no mengua. Sus promesas están intactas.

Nuestra Causa tiene garantía de éxito. Nuestra Causa no nos falló ni lo hará.

Y este es nuestro gozo. Y esta es nuestra eterna gratitud. Esto es lo que a mí, y seguramente a ti también, me lleva a decir que no hay otro como Él. Jesús es lo más grande que hay.

¡Hasta la próxima!

Por Evangelina Daldi
redacció[email protected]

1 comentario en Nuestra Causa

  1. Muy linda la nota, Dios no nos falla, después de haber sufrido mucho querer vivir a mi manera, cuando comencé a vivir en obediencia a su palabra, a sus mandamientos, a su ley, a llorar, pero no por vivir a mi manera, a llorar por ajustarme a su palabra, a llorar por querer continuar con lo que hacía que yo creía que estaba bien, pero cuando comencé a leer Gálatas, la que se creía que hacía todo bien, aprendió que muchas cosas que ella hacía a Dios no le agradaban, como ser celosa, como entrar en la crítica incluso hacia personas que amaba, como quejarse, como acostarse con su novio antes de casarse, como andar triste, ya que nuestro Papá nos quiere alegres y en victoria, ahora en este momento estoy escuchando la canción que Dios usó para sanar mi vida: “Levanta tus manos” aunque tengas mil problemas dice y yo te quiero decir que leas Gálatas y comiences a vivir haciendo solo lo que a Dios le agrada, te pide que diezmes y ofrendes, diesmá y ofrendá, te pide que honres a tus padres, honralos, te pide que perdones, perdona, te pide que disciplines a tus hijos, disciplinales, te pide que abraces a tu hermano, abrázalo. Abraza y sonríe a todos y a Dios estarás abrazando. Mi vida cambió cuando empecé a conocer a nuestro Papá que tenemos, al que no nos falla, al que nos ama para siempre. Al fin conocí el amor para siempre, es el amor de Dios.
    Y ese Dios tan bueno, me bendijo, me hizo los regalos más lindos de mi vida, mis hermosos hijos, y un esposo que es mi bendición y mi perro que se llama Jonás que es el perro con el que siempre soñé, es tranquilo, es amigo, te espera cuando regas la quinta, cuando tendes la ropa, cuando haces un mandado y te mira por la ventana diciendo “Te quiero”. Romina Lhomy

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