La Iglesia es la mejor escuela de vida

La amistad es un tesoro que nos hará mejores

Por Roberto Vilaseca

Mis padres conocieron al Señor cuando yo estaba comenzando la adolescencia. Aunque no tardé en entregarme a Cristo y bautizarme, por vivir en ciudad distante de los pastores que nos guiaban, no conocí el valor de congregarme en una iglesia local hasta años después, cuando en mi juventud me radiqué en Buenos Aires para estudiar. Mi primera experiencia comunitaria fue bastante particular, porque respondiendo al llamado de Dios a servirle, ingresé a una orden católica con la idea de hacerme sacerdote. Allí recibí un intensivo trato de convivencia. Cuando abandoné esa camino, fui alojado por una familia pastoral, la que siguió tratando con las aristas más ásperas de mi carácter y me tuvieron una paciencia infinita. Luego vino luego un intenso discipulado con un hermano que tenía la santa capacidad de dejar al descubierto mis intenciones.

Dios siempre se las arregló para poner en mis primeros años de formación a hombres santos y sabios que fueron sacando lo peor y lo mejor de mí. Fueron muchos años de duro trato con mi vida, pero ¡qué agradecido estoy por cada uno de ellos!

La iglesia es la escuela de vida por excelencia, porque en ella somos moldeados a la imagen de Cristo.Los miembros de la familia de Dios fuimos llamados a estar relacionados en amor y humildad.Cuando recibimos a Cristo en nuestro corazón, Él nos introduce en su Reino y nos cambia el corazón para que aprendamos a convivir en un espíritu de comunidad, como ocurre en una familia. Nos enseña a compartir, a amarnos y a aceptar a nuestros hermanos, aunque no siempre nos resulte tan placentero. La Iglesia no es un depósito de almas, tampoco es un lugar para entretener a la gente hasta que Cristo venga. Es un lugar en el que, al edificarnos unos a los otros, somos transformados a la imagen de Cristo.

Ninguno que quiera parecerse a Cristo puede prescindir de la Iglesia porque ella fue fundada por Cristo para que podamos poner en práctica el amor y la generosidad, y ejerzamos todos los frutos del Espíritu.

Allí se acaba el egoísmo y el pensamiento individualista. Se termina con la indiferencia y el desinterés por los demás y, sobre todo, se acaba con el “no te metas con mi vida y mi familia” porque en Cristo hay luz, y la mentira y una vida de apariencias deben dar paso a la autenticidad y la transparencia.

Así como los primeros cristianos estaban juntos y compartían todas las cosas, Cristo nos lleva a comprometernos en una relación de amor y de unidad.

Una escuela de relaciones

En la iglesia aprendemos a amar y a compartir.¿Por qué debemos estar unidos?En primer lugar porque Cristo murió para que seamos uno, y su mayor deseo es que aprendamos a tener una profundidad de unidad tal como la que Él tiene con el Padre.

“Que todos sean uno, como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros” (Juan 17:21)Esta unidad debe reflejarse en los hechos, es decir, brindándonos confianza, compartiendo, relacionándonos sin temor a ser juzgados o a que conozcan las cosas más feas de mí y de mi familia. En la Iglesia todos debemos estar en luz y en una santa comunión. Eso no significa que mis problemas estén en boca de todos, pero tampoco que sea un absoluto extraño que no permite que alguien se meta.

En segundo lugar, las relaciones de unos con los otros es el medio que Dios usa para santificarnos. Solo puede amarse, servir, ser enseñados, corregidos y servidos en la medida en que tengamos una estrecha relación con los demás. Solos es imposible que nuestro carácter sea transformado, porque los frutos del espíritu se ponen en práctica compartiendo unos con otros.

Algunos quieren ser ayudados por Dios pero no están dispuestos a comprometerse con la Iglesia. No tienen ningún interés en compartir su vida compartir con otros, y ponen todo tipo de excusas para no comprometerse con la comunión. Eso se llama egoísmo y también necedad, porque Dios no trabaja aislado de la Iglesia. Todos sus milagros y bendiciones se dan en ese marco, porque así lo estableció Cristo. Al relacionarnos en amor recibimos contención y consejo, se nos da enseñanza y corrección.

La Iglesia está compuesta por hombres que tienen errores y que se esfuerzan por cambiar como nosotros, entones es allí que aprendemos a ser pacientes, a perdonar, a soportar, a ceder, a confiar, así como otros lo hacen nosotros. Comprometidos en estas relaciones es que aprendemos a morir y a tener misericordia como Cristo lo hizo conmigo.

Una escuela de obediencia

Hay personas que tienen un problema existencial con la autoridad, sea cual fuere. Siempre tienen un argumento para no someterse a nadie. Y cuando ingresan a la vida comunitaria de la Iglesia, con ese mismo espíritu orgulloso y rebelde, no permiten que nadie les enseñe. Pretenden ser maestros antes que alumnos, y siempre tienen un motivo para escabullirse del trato de sus líderes.Son personas que dicen que solo se sujetan a Cristo, pero nunca bajan la cabeza ante ningún hombre. Como si Cristo no se hubiera sometido a las autoridades de su tiempo.

Lo primero que se cuestiona en la Iglesia es la autoridad. “Una cosa es que el pastor de un consejo pero otra es que quiera mandarme”, cuestionan. “¿Quién es para decirme lo que tengo que hacer? A mí nadie me manda, solo Dios”.

Algunos hermanos se olvidan del mandamiento que Él nos manda cuando dice: Obedezcan a sus dirigentes y sométanse a ellos(Hebreos 13:17).

No es fácil aprender a obedecer, mucho menos para aquellos que se criaron desconociendo toda autoridad de sus propios padres naturales. Pero no hay otro camino para el que quiera ser como Cristo. Hay que aprender a ser manso y humilde, a sujetarse y a obedecer aunque a veces no entendamos. La vida comunitaria es la mejor escuela de la obediencia. Porque ¿cómo podemos decir que obedecemos a Dios si no nos sometemos a las autoridades que estableció en su Iglesia?

Él estableció un gobierno para que pastoreen y velen sobre todo el rebaño, bajo la atenta mirada del Pastor de pastores. Hay un mandamiento para el liderazgo: apacentar el rebaño cuidando de él voluntariamente, siendo ejemplo y como quien deberá dar cuenta de esta responsabilidad, y otro con para las ovejas: aprender a obedecer.

Efesios 12 nos enseña que el propósito de los cinco ministerios es perfeccionar a los santos, para que estos trabajen para el Señor y crezcan a la unidad de la fe y del conocimiento de Cristo. Quien está fuera de la autoridad de estos ministerios no puede ser enseñado y perfeccionado para servir a Dios, y quedará inmaduro como un niño, llevado por cualquier novedad.  Pero quien está bien concertado y unido recibe vida, nutrición, fuerzas a través de las coyunturas entre los miembros. De esta manera cada uno puede crecer. Quien no entiende esto, su crecimiento quedará detenido porque Dios ha establecido que la bendición venga de la Cabeza a través de todo el cuerpo, y quien no está bien concertado y unido en el cuerpo se muere.

No alcanza con orar en casa y escuchar los sermones por radio. La vida fluye a través del cuerpo, y Dios no acepta que esto sea reemplazado por otras opciones de los hombres.La Palabra nos muestra el camino: ¡Cuán bueno y cuán agradable es
que los hermanos convivan en armonía!Donde se da esta armonía, el Señor concede bendición y vida eterna(Salmo 133).

 Dos son mejor que uno

El hombre es un ser sociable por naturaleza, fuimos hechos de tal manera que no podemos ni sabemos vivir en soledad. Hemos sido formados para convivir como hermanos, compartiendo, aprendiendo unos de los otros, sirviéndonos, respetándonos y ayudándonos mutuamente. Con el pecado entró en el hombre el egoísmo, donde en lugar de mirar por el bienestar del otro, solo pensamos en nosotros mismos. La sociedad se transformó en un montón de gente viviendo amontonada pero solitaria, buscando solo su propio bienestar.

Cada uno se las arregla como puede para caminar por la vida de la manera más digna posible. Los más fuertes, los que supieron aprovechar sus talentos o ventajas son capaces de destacarse por encima de los demás, otros solo aprendieron a abusarse de la generosidad del prójimo y de esa manera seguir existiendo. Pero la mayoría, apenas sobrevive cargando con sus problemas sin tener con quién compartir sus dolores. El lema de este tiempo es “sálvese quien pueda”. Pero existe un proverbio muy sabio que dice: solo puedes ir más rápido, pero de a dos puedes ir más lejos”.

Dios nos enseña un secreto para vivir mejor: ¡Camina la vida de a dos! El matrimonio es un ejemplo como también lo es encontrar amigos y hermanos con quienes compartir y vivir ayudándonos unos a otros.

Leamos Eclesiastés 4:9 “Dos son mejores que uno” porquetienen mejor paga de su trabajo. Unidos logran mejores cosas que las que harían solos.Si cayeren uno levantará al otro; pueden apoyarse y animarse a seguir adelante hasta alcanzar la meta.Se calentarán mutuamente: en los días más difíciles, como en el invierno, se pueden abrigar y proteger al atravesar esas dificultades de a dos.

Caminar de a dos nos ayuda a complementar las debilidades y a superar las dificultades de la vida. La amistad nos enriquece y nos beneficia. Quien puede encontrar un compañero de viaje es rico porque tener amigos es una riqueza que no se paga con dinero. De allí la hermosa declaración de Proverbios 18:24:“Amigo hay más unido que un hermano”.¡Únete a tu hermano para caminar la vida y llegar más lejos!

La Biblia también nos enseña que la mejor manera de ser edificados y transformados a la imagen de Cristo es estar bien unidos a otros. En Efesios 4:15-16, Pablo compara a la Iglesia con un cuerpo, y nos dice que “para crecer en todo en aquél que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor”.

Cuando estamos bien unidos y concertados como las coyunturas que unen a los distintos miembros del cuerpo, podemos edificarnos en amor y crecer en gracia hasta alcanzar la medida de la estatura de Cristo.  Por otro lado hay un poder tremendo encerrado en la oración de a dos. Jesús nos enseñó que si dos se ponen de acuerdo en la tierra acerca de cualquier cosa que pidan, les será hecho por su Padre que está en los cielos.

Cuando dos nos ponemos de acuerdo para orar, Dios también se pone de acuerdo con nosotros, y desata su poder. ¡Cualquier cosa que pidamos! Jesús mismo se hace presente para ayudarnos a interceder y para batallar contra el enemigo. Uno puede hacer huir a mil pero dos pueden hacer huir a diez mil. La autoridad viene porque han roto con el egoísmo, le han pisado la cabeza al diablo al ponerse de acuerdo. El principio del enemigo es dividir para reinar, pero Jesús nos enseñó que unidos tenemos el poder de vencer a toda potestad.

Ponte de acuerdo con un par tuyo para orar por tu familia, por tus necesidades, para hacer huir al diablo y verás la victoria porque Cristo lo declaró claramente. El poder de esa unidad es Cristo, porque no hacemos un pacto de hombre, sino un pacto espiritual para adorar a Dios.

Trabajemos en equipo

El trabajo en equipo poderoso. Todas las conquistas de Israel fueron logradas trabajando unidos. En grandes batallas, construyendo el templo, edificando el muro de Jerusalén o comenzando la tarea misionera de llevar el Evangelio a todo el mundo. La primera iglesia era de un solo corazón y una sola alma. Jesús dijo que el mundo creería si nos veía unidos como el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Jesús mandó a sus discípulos de dos en dos. Nos cuenta en Marcos 6:7 que “después llamó a los doce, y comenzó a enviarlos de dos en dos; y les dio autoridad”. La autoridad y el poder que Dios desata sobre los hombres es una autoridad que se basa en la unidad. Si estamos unidos para trabajar, si estamos de acuerdo para servir, entonces tenemos la garantía de su respaldo.Dios siempre asoció a los hombres para realizar las grandes obras. Lo vemos con Moisés y Aarón, con Caleb y Josué, con David y Jonatán, con Elías y Eliseo, con Pedro y Juan, con Pablo y Bernabé, con Pablo y Silas. ¡Únete a tu hermano y conquista territorio para el Reino de Dios!

Hay relaciones perjudiciales que las unen intereses carnales. Hay relaciones inútiles que no tienen ningún sentido sino el solo provecho de estar juntos para pasar el rato. Pero hay relaciones que nos edifican, nos enriquecen y nos benefician. Son aquellas que tienen como un propósito claro: comprometernos en santificarnos y servir a Dios unidos.

Por Roberto Vilaseca

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