Avivemos el fuego evangelístico

Convertirnos en iglesias atrayentes para los que no conocen al Señor

Por Mark Mittelberg

Vemos todo a nuestro alrededor. Desde historias de portada en revistas nacionales hasta títulos en libros de mayor venta. Temas de programas de televisión, y hasta canciones en las listas de éxitos. Las personas están hambrientas de información acerca de Dios.

El interés espiritual en nuestra cultura está en un nivel alto, pero así también el desconcierto de qué creer. Y mientras existe desconfianza en el crecimiento de religiones organizadas, muchas personas están dispuestas a volverse hacia una iglesia con la esperanza de que ellos pudieran, tan solo pudieran, encontrar algunas respuestas. Pero, ¿estamos preparados para ayudarles? ¿Nos estamos volviendo el tipo de personas e iglesias capaces de ayudarles a seguir adelante en un viaje espiritual hacia Cristo?

El evangelismo es uno de los más altos valores de la Iglesia, y uno de los menos practicados. Todos nosotros creemos en él. Está en nuestros boletines, en nuestros himnos y a través de nuestros credos. La mayoría de los líderes cristianos lo mantienen en la lista como la prioridad número uno. La ironía es que, mientras muchas de nuestras iglesias tienen un rico patrimonio en muchos casos es muy poco lo que realmente sucede. Seamos sinceros: en muchos ministerios muy pocas personas están siendo alcanzadas para Cristo. Puesto que todos estamos de acuerdo en que estamos dispuestos a llevar a cabo la Gran Comisión, ¿por qué no hacemos mayores esfuerzos en cuanto a esto? Los estudios muestras que la mayoría de los cristianos no tienen muchas, si es que tienen alguna, amistades con personas no cristianas. Tan solo un 14 % de pastores afirman que sus iglesias están muy involucradas en el evangelismo.

Jesús nos encargó convertirnos en comunicadores persuasivos de su amor y verdad. Es decir, que él nos pidió que nos volviéramos cristianos contagiosos y edificáramos iglesias contagiosas que harán lo que sea necesario, con la guía y el poder del Espíritu Santo para traer más y más personas a Él. Fuimos hechos para cumplir con la Gran Comisión. Creo que el evangelismo es la principal razón por la que Dios nos dejó aquí en este planeta. Podemos pasar toda la eternidad adorando a Dios, aprendiendo de su Palabra, orando y edificándonos los unos a los otros. Sin embargo, es solamente aquí y ahora que podemos alcanzar a los perdidos para Cristo. ¡Debemos aprovechar la oportunidad!

¿Qué necesitamos hacer para lograr extender el impacto para el que fuimos hechos? El evangelismo relacional juega un papel vital. Las personas vienen a Cristo de uno en uno, y por lo general, a través de la influencia de uno o dos cristianos auténticos quienes han establecido relaciones genuinas con ellos. Todos los creyentes pueden y deben tener este tipo de impacto en las personas. Sin embargo, también necesitamos la sinergia de las iglesias que en apariencia están concentradas y activas evangelísticamente. Iglesias que se asocien activamente con sus miembros para lograr aumentar la cantidad de personas que están lejos de Dios. Iglesias que estén convencidas de que “las puertas del reino de la muerte no prevalecerán contra ellos” (Mateo 16:18) y que actúen de esa manera. Necesitamos iglesias contagiosas.

Creo en la importancia de estos tipos de iglesias por dos razones. Primera, he experimentado lo difícil que es alcanzar a las personas que se encuentran fuera del contexto de una iglesia contagiosa. Segunda, he experimentado también los beneficios de tener un mayor alcance conjuntamente con una iglesia contagiosa.No importa cuál tipo, sabor, color, ubicación o edad tenga, hay poder potencial en las iglesias contagiosas en todo lugar donde permanece el mensaje de Cristo y toman riesgos para alcanzar a los perdidos.

Un problema es que muchas iglesias que han sido conocidas durante tanto tiempo han perdido de vista el motivo principal para el que fueron creadas. Al preguntar a sus miembros. “¿Qué tratamos de hacer?”, evocaremos miradas perplejas que parecen decir: “No tratamos de hacer algo ¡somos iglesia!”. Otros dirán: “Nosotros edificamos el Cuerpo de Cristo, ayudamos a los necesitados de la comunidad…”. Estas metas no son malas, pero son dirigidas no por un sentido claro de misión o prioridad. Y debes de haber notado que el evangelismo generalmente queda rezagado al último lugar de la lista, si es que del todo aparece en ella.

Algunas iglesias tratan de justificar su falta de actividad en el campo del evangelismo señalando otros aspectos, que son iglesias educativas o que su énfasis es la alabanza y la adoración. No hay nada de malo en que las iglesias se fortalezcan en diferentes aspectos. Es el resultad del llamado específico de Dios. No obstante, cuando estas fortalezas se desarrollan para la exclusión de otros aspectos básicos, entonces hay un problema real. Jesús nos dio nuestra declaración de misión universal en la Gran Comisión, y cualquier iglesia que descuide algún aspecto de ella, incluido la parte de “hacer discípulos”, desprecia su mandato divino.

¿Qué pasa con tu iglesia? ¿Es clara tu misión? ¿Es este el criterio que utilizas para tomar decisiones acerca de dónde invertirá tu ministerio su tiempo, energía y dinero? No nos engañemos. Las iglesias nunca llegarán a ser contagiosas por accidente. Las iglesias contagiosas se dan cuando los líderes saben lo que tratan de construir y a quiénes tratan de alcanzar, y entonces trabajan sin cesar en cooperación con el Espíritu santo para lograrlo.

La buena noticia es que Dios realmente está de nuestra parte. Él te ayudará a enfrentar problemas, desafíos, resistencia y malentendidos que encuentras en el camino. El evangelismo es idea de Dios. Jesús dijo que su misión era “buscar y salvar lo que se había perdido” (Lucas 19:10). Por lo tanto, antes de partir, dijo a sus seguidores: “Como el Padre me envió a mí, así yo los envío a ustedes” (Juan 20:21). Él nos dejó aquí para que alcancemos a los perdidos. Dios nos asegura en su Palabra que Él es paciente con aquellos que están fuera de su familia. Por lo tanto, cuando nos asociamos a Él, sabemos que nos usará, porque simplemente nos estamos uniendo a Él en su gran campaña redentora. Aun así, es más fácil decirlo que hacerlo. Los obstáculos son reales. Las probabilidades parecen estar contra nosotros, pero Dios está de nuestro lado.

Si tu misión no es clara y concisa, o si no es clara evangelísticamente, te exhorto a ti y a tus compañeros de liderazgo a redactar una que lo sea, y luego comenzar a comunicarla y a vivir según ella.

¿No quieres más de esa productividad que circula fuera de tu vida y ministerio? ¡Tú puedes! Vale la pena el esfuerzo, las molestias, los riesgos y la inversión. Su valor va más allá de lo que podemos comprender completamente. Quizás, solo quizás, tu esfuerzo combinado con el de los demás miembros de una iglesia contagiosa, tu iglesia, es lo que el Espíritu Santo usará para llegar hasta las personas perdidas y ayudarles a unirse a ti en la familia de Dios para toda la eternidad.

 Por Mark Mittelberg
Tomado del libro: Cómo convertirse en una iglesia contagiosa
Vida

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