La erupción de la ira

Cómo neutralizar el ácido del enojo

Por Craig Groeschel

La Biblia tiene algunas cosas que decir sobre el enojo. En quince ocasiones diferentes, La Biblia menciona la palabra enojo y la palabra fuego en el mismo versículo. La comparación no es solamente dramática y colorida, sino también muy reveladora acerca de las cualidades de esta volátil emoción. El fuego es un regalo que puede sostener la vida. Cuando está contenido, cuando usted lo controla, cuando lo administra, el fuego puede calentarle. Puede cocinar con él. Puede utilizarlo para calentar agua para darse un baño caliente, o usarlo para encender velas o lámparas para iluminar las noches de oscuridad.

Sin embargo, cuando un fuego está fuera de control puede destruirlo todo en su camino, consumiendo en solo unos momentos todo lo que hemos pasado una vida entera construyendo. Los incendios descontrolados pueden destruir miles de acres de arboleda, vida salvaje y recursos naturales. El fuego puede incluso llevarse vidas.

Al igual que el fuego, nuestro enojo puede utilizarse de modo constructivo o destructivo. Utilizado como un catalizador para la justicia y la búsqueda de la rectitud de Dios, el enojo puede limpiar, restaurar y unir. O si permitimos que nuestro enojo se descontrole en conjunto con nuestros deseos, frustraciones y lamentos, puede conducirnos a hacer daño a otros y a nosotros mismos. Nuestro enojo puede reflejar el carácter de Dios o puede distanciarnos de él. Puede invitar al Espíritu Santo a nuestra vida para examinar una dura verdad, o puede convertirse en una invitación abierta a un huésped no bienvenido.

Su huésped no bienvenido

¿Cuándo fue la última vez que invitó al diablo a su corazón? ¿Extraña pregunta? No si consideramos Efesios 4:26-27: Si se enojan, no pequen. No dejen que el sol se ponga estando aún enojados, ni den cabida al diablo”. La advertencia de apertura viene del Salmo 4:4. Es importante notar que este versículo nos dice que el enojo en sí mismo no es pecado.

Repito: al igual que el fuego, hay dos tipos de enojo. El primero, el tipo “bueno”, es lo que podríamos llamar enojo santificado o justo. Es la potente emoción que experimentamos cuando nos molestamos por algo que es una afrenta para Dios, algo que se opone a su verdad. Este tipo de enojo nos conduce a una reacción justa. Adoptamos una postura, declaramos la verdad y expresamos el problema de una manera que representa de modo preciso el corazón de Dios.

El tipo “malo” de enojo, por otro lado, normalmente resulta cuando perdemos el control de nuestras emociones y tomamos en nuestras propias manos los problemas. El enojo pecaminoso es enojarse por algo, quizá incluso algo legítimo, algo que también hace enojar a Dios, pero entonces permitir que ese enojo nos conduzca a hacer algo equivocado.

La segunda parte del versículo de Efesios dice: “No dejen que el sol se ponga entando aún enojados”. Si está enojado, debería tratarlo. ¿Por qué? Porque La Biblia nos dice lo que sucede si nos vamos a la cama enojados: damos cabida al diablo. La palabra griega para cabida es topos, que literalmente significa “oportunidad” o “situación”. Es un territorio ocupado. Si usted abre la puerta al diablo mediante su enojo, le está ofreciendo un cuarto para invitados dentro de su corazón.

Extintor de incendios

Independientemente de si somos alguien que escupe o que cuece, probablemente terminemos en la cloaca a menos que aprendamos a controlar nuestra respuesta a nuestro enojo y expresarlo productivamente. Si usted sabe que su enojo va a conducirle a pecar, ya sea en su interior de su corazón o con su conducta exterior, entonces debe hacer buen uso de un extintor de incendios. Pida a Dios que apague ese fuego con su Espíritu. Proverbios 17:14 dice: Iniciar una pelea es romper una represa;
vale más retirarse que comenzarla”. Apague su fuego antes de que esa represa se rompa y le arrastre. Suéltelo. Déjelo ir.

Aunque apagar el fuego pudiera parecer imposible, es una decisión. Usted puede controlarlo. Antes de que comience a decirme que ser iracundo es simplemente parte de su personalidad, piense en lo siguiente. Quizá haya visto alguna vez a alguien (o incluso usted sea esa persona) que tiene un arrebato de enojo cuando suena el teléfono. La persona responde: “¿Hola? Ah, ¿cómo estás? Sí, las cosas bien. Vaya; eso es estupendo. Gloria a Dios. Claro. He orado por ti. Muy bien. Vamos a reunirnos. Haremos eso. Claro que sí. Bendiciones. Adiós”. Entonces cuelga el teléfono y sigue: “Bueno, ¿dónde estaba yo? Ah, sí…”, y entonces vuelve a sus gritos de enojo justamente donde lo dejó. Por divertido que pueda parecer, es clara evidencia de que podemos controlar nuestro enojo tomando las decisiones correctas.

Le desafío a que comience a practicar hoy mismo este tipo de autocontrol. Quizá está esperando, y la persona a la que espera llega tarde: otra vez. Déjelo. Que nadie va a morir su llega tarde. O quizá alguien hizo un quehacer doméstico mal. En lugar de enojarse, déjelo. Alabe a Dios porque al menos esa persona lo intentó. Quizá haya un compañero de trabajo que no deja de irritarle. Deténgase y piense en que Dios ama a esa persona tanto como le ama usted.

Sencillamente no vale la pena enojarse por algunas cosas (muchas cosas, como al final resulta). Santiago 1:19-20 dice: “Mis queridos hermanos, tengan presente esto: Todos deben estar listos para escuchar, y ser lentos para hablar y para enojarse; pues la ira humana no produce la vida justa que Dios quiere”. Por tanto, hay básicamente tres cosas que podemos hacer. En orden: 1. Escuchar. 2. Tomar algún tiempo para procesar antes de hablar, y 3. No pasar directamente a estar enojados.

A mí me ha tomado años llegar a ser lento para enojarle, y lo atribuyo a dos cosas. En primer lugar, me he sometido coherentemente a la verdad de que mi enojo no cumplirá lo que Dios desea: su justicia. Quiero ser el hombre que Dios desea que yo sea. Por completo. En segundo lugar, Dios ha honrado ese compromiso. Él está en el proceso de hacerme más semejante a sí mismo. Varios libros distintos de La Biblia mencionan el mismo atributo del carácter de Dios. ¿Sabe cuál es? Siete escritores diferentes observaron que Dios es “lento para la ira” y “abundante en amor”.

Por Craig Groeschel
Tomado del libro: Desintoxicación espiritual
Vida

Desintoxicacion Espiritual

 

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