Sencillamente, enamorarse de Jesús

La adoración ha perdido su esencia

Por Sam Hinn

A lo largo de toda mi vida, a medida que he aprendido sobre la adoración, Dios ha usado a mis hijos para enseñarme valiosas lecciones sobre la sencillez.

Cierta mañana, Dios me recordó que necesito sencillez al adorar cuando Christa, mi hija pequeña, entró en nuestro dormitorio muy temprano, como suele hacer. Todo lo que hizo fue quedarse de pie junto a nuestra cama y esperar para ver si su mamá o su papá se movían. Tan pronto como notó que la estábamos mirando con unos ojos medio abiertos y llenos de sueño, se inclinó para darnos un gran beso de buenos días. Entonces saltó a la cama y se acurrucó entre nosotros por unos minutos. Al poco rato saltó y pidió el desayuno. Aquel breve momento con nosotros fue muy agradable, mientras duró.

A través de este incidente, el Señor me recordó lo complicada que se había vuelto mi adoración. Yo sentí convicción acerca del largo tiempo transcurrido desde que me limitaba a lanzarle un beso y decirle: “Jesús, te amo”. Así como el primer deseo de Christa por la mañana fue besar a sus padres y pasar un momento acurrucada junto a ellos, también nuestro anhelo al adorar debería ser solo este: besar el rostro de Dios y pasar tiempo con Él.

Parece demasiado sencillo ¿no es así? No sé qué sentirá usted, pero en estos momentos me late el corazón de convicción: “Señor, devuélvele a mi corazón la sencillez de la adoración. He aprendido a complicar algo que puede ser tan sencillo”. Me pregunto cuántas mañanas habrán pasado en las cuales Él se nos quedó mirando, en espera de alguna clase de movimiento. Dios viene hasta nosotros, y espera pacientemente. Espera a que nos despertemos, para que le digamos: “Te amo”. Espera que besemos su rostro. Vaya a conferencias. Lea libros. Tome páginas y páginas de notas. Escuche grabaciones. Pero, por favor, nunca pierda la sencillez de enamorarse de Jesús y  lanzarle un gran beso.

La adoración verdadera es casi imposible de explicar. Alguien me preguntó:“¿Cómo definiría usted la adoración?”. Esto fue lo que le respondí: “¿Qué es el amor? Es algo que sucede en el corazón y crece a diario, y que tiene que ver con esa persona que es tan especial en su vida”. El amor no es un proceso que se produce paso a paso; es como un pozo que tenemos en el corazón y que se hace cada vez más profundo. Por eso es mejor hablar de “amar”, que de “amor”. El amor actúa. De una manera muy parecida, es imposible definir la adoración con palabras, porque se trata de una expresión espontánea, dirigida a Aquel a quien nuestro corazón ama profundamente.

La adoración tiene que ver todo con Jesús. Dios no busca su adoración, sino que lo busca a usted mismo. Él busca verdaderos adoradores. La adoración comienza por el amor de Dios. Cuando nosotros recibimos el amorque Él nos tiene, entonces respondemos a ese amor. No nos ganamos, ni ponemos en marcha ese amor, sino que reaccionamos ante él. Cuando llegamos a estar conscientes de ese amor, le respondemos con nuestra adoración, que en realidad es nuestra vida.

Si la adoración, y nuestro estilo de vida como adoradores, no están construidos sobre bases sólidas, nuestro caminar va a ser como montar en una montaña rusa. Un día estamos arriba y gritando acerca de lo bueno que es Dios. Entonces, antes de que nos demos cuenta, estamos en el punto más alto, mirando hacia abajo, hacia esa primera caída gigantesca, mientras clamamos: “Señor, ¿dónde estás?”.

¿Por qué le sucede esto a tantos creyentes? Yo creo que se debe a que hemos insultado a Dios a base de degradar el valioso don de la adoración que Él nos ha dado. En la iglesia, la adoración se ha convertido en algo para llenar un momento dentro del culto, en lugar de ser un estilo de vida.

Es lo que somos

La adoración no es algo que uno hace; es algo que Dios nos creó para que fuéramos. Dios lo busca a usted y no a sus cantos de adoración. Quiere que usted mismo sea el canto. Quiere que usted sea la adoración. Es un estilo de vida, y no un momento en el culto semanal.

La adoración no es un culto, así como la Iglesia no es un edificio. Repítaselo a sí mismo en voz alta: “Yo soy la Iglesia. El culto de adoración es mi propia vida”. En la adoración a Dios hay más que experimentar. Sí, hay más de lo que ya hemos sentido. Mi deseo más sentido es ver que el Pueblo de Dios se convierte en adoración, en lugar de tener un momento para adorar.

La adoración solo es un vehículo para llevarnos a la presencia de Dios. Tiene que ver con su presencia, que llega y nos toca, mientras Élespera nuestra respuesta. La principal prioridad de la adoración es queÉl nos invita a su presencia, no que nosotros lo invitemos a Éla la nuestra. Ella nos lleva a la comunión con Dios, y la comunión produce revelación. Dios nos toca con su presencia porque anhela tener comunión con nosotros. Nosotros no somos los que iniciamos la adoración; simplemente respondemos a ella.

Usted fue creado para adorar, y llamado al ministerio. Muchas personas, incluso algunos siervos de Dios, tienen esto al revés. Piensan que fueron creadas para estar en el ministerio, y llamadas a adorar. Eso es un grave error. Lo amamos a él por ser quien es, y no por lo que haya hecho por nosotros.

La diferencia entre adoración y ministerio es simplemente esta: ministerio es aquello que desciende a nosotros del Padre por medio de su Hijo. En el poder del Espíritu Santo, el siervo de Dios fluye en la unción, con el propósito de Dios para ese ministerio concreto.

En cambio, adoración es aquello que asciende del creyente por el poder del Espíritu Santo, a través el Hijo, hasta el Padre. El ministerio desciende de Dios a nosotros. La adoración asciende de nosotros a Dios. Ministerio es lo que hago; adoración es lo que soy.

La forma en que llega a la adoración es tan importante como  su adoración en sí. Su estado espiritual es un factor de importancia en cuanto a que su adoración sea aceptable o no lo sea. Lo mejor que podríamos hacer, es permitir que el bisturí de Dios nos cortara un poco más profundo para sacar de nuestro corazón todo aquello que no sea deÉl. El valor de la adoración está determinado por la sinceridad del adorador.

Para que nuestra adoración sea espiritual y sincera debemos permitir que Dios obre en nuestro corazón. Tenemos que evitar todo lo que sea engaño y actitudes fingidas. La sinceridad transparente es lo queÉl busca. Son las manos limpias y la pureza de corazón las que deleitan a Dios.

Por Sam Hinn
Tomado del libro: Besar el rostro de Dios
Casa Creación

Besar El Rostro de Dios

Se el primero en comentar

Deja Tu Comentario

Tu dirección de correo no será publicada.


*