Liberemos el espíritu de los vencedores

Seamos como los hijos de Fares

Por Rod Parsley

Cuando la mano de Dios hace sonar la medianoche en el cronómetro divino, que indica que la humanidad está llegando a su clímax, un vestigio de hombres y mujeres valientes emergen de entre las masas. Esta multitud de gente noble está resuelta a reclamar su autoridad divina y a caminar en un nuevo derramamiento del Espíritu Santo.

Estos campeones no se acobardan ante el rostro de sus críticos o se desaniman cuando fallan en los esfuerzos por alcanzar sus propósitos. En vez de eso, se meten por propia voluntad en áreas de conflicto. Sus cuerpos llevan las marcas de un soldado y sus espíritus aspiran a una grandeza incomparable, el luchar por una causa justa.

Provistos de la unción, autoridad, aceptación y habilidad de Dios, estos hombres y mujeres heroicos están estratégicamente posicionados al borde de una revolución santa. Han venido al reino para un tiempo como este.

Nunca antes la Iglesia ha necesitado tanto de un mover de Dios como ahora. Los cristianos mueren por algo mejor. Ha llegado el tiempo de que este pueblo de valor y carácter se levante, una generación de vencedores que estén dispuestos a hacer lo que sea por sacudir las puertas del cielo y arrasar la del infierno.

Hace dos mil quinientos años Ezequiel miró a través del telescopio de la profecía y fijó sus ojos en una generación así y habló de la restauración de la Iglesia. En el capítulo 36 el profeta declara que las naciones sabrán que Dios es Jehová, cuando “sea santificado en vosotros delante de sus ojos”. Dios también dijo que nos limpiará y nos daría un corazón de carne en vez del de piedra y pondría su Espíritu en nosotros, un espíritu de vencedores.

Ciento cincuenta años después de Ezequiel, Dios llamó a Nehemías para regresar a Jerusalén para reparar el muro protector que rodeaba la ciudad. Junto a quienes habitaban la ciudadelaboraron una lista de líderes espiritualesque serían reunidos para trabajar en la tarea. En el capítulo 11, del 4 al 6 menciona a los hijos de Fares. Y la característica más sobresaliente de esos cuatrocientos sesenta y ocho hombres es que ellos eran valientes. Hombres preparados para el servicio, capaces de defender la brecha. Los hijos de Fares eran hombres de gran valor y coraje.

Fares significa “vencer”, “romper”.Esta palabra se usa también como referencia al aumento de la bendición material de Dios. En otras palabras, estos hombres de valor y de vigor, eran también hombresde recursos. A su vez, eran líderes espirituales, que vivieron vidas santificadas, apartadas para Dios. Pero Él no ha terminado de ungir más hijos e hijas de Fares, porque uno de sus descendientes fue José, y él tuvo un hijo al que llamó Jesús. Hemos sido dotados con el espíritu de los vencedores.Podemos convertirnos en hombres y mujeres de virtud, de valor, de vigor y de victoria económica.

La virtud es el carácter de los vencedores

Fares dejó un legado que lo distinguió de sus contemporáneos, y esa fue la virtud. Virtud se define como “excelencia moral y rectitud”. Es la fuerza de una vida recta que no solo expone el carácter piadoso del vencedor, sino que también lo llena de poder. En vez de adaptarse a la moral de la cultura que la rodea, una vida virtuosa adopta los preceptos inmutables de un Dios santo. Y la santificación no es simplemente la erradicación del pecado, es nuestra dedicación para los propósitos de Dios. Y cuando nos dedicamos a perseguirlos, soltamos su poder en acción. Esa es la razón de que el poder de Dios se suelte en la adoración, porque para eso hemos sido creados.

El valor es la valentía de los vencedores

Dios quiere levantar una generación de hombres y mujeres que dicen: “Me levantaré y viviré otro día”. Los hombres poseídos por el espíritu de los vencedores no buscan librarse del fuego de adversidad, ni tampoco solicitan una audiencia en la corte celestial para renunciar a sus responsabilidades. En vez de ello, suplican de rodillas por el poder del Espíritu Santo.

La fe que alimenta el valor viene de Dios, de su Palabra y la impartición. Cuando entregamos nuestras vidas a Jesucristo, somos llenos con una medida de fe. Esa es la razón por la que, cuando alineamos nuestra fe con la voluntad de Dios, suceden los milagros.No necesitamos más fe, lo que necesitamos es saber qué es la fe. Por La Palabra de Dios entendemos quiénes somos, quién es Él, y lo que la fe puede hacer.

El principio de la impartición es innegable. Los vencedores engendran vencedores, y el valor engendra valor. Cuando a la fe le agregamos impartición y Palabra de Dios, grandes cosas pueden llegar a suceder.

La victoria en lo económico también es la capacidad del vencedor

Los hijos de Fares que reconstruyeron los muros de Jerusalén y luego habitaron la Ciudad Santa eran hombres de medio económicos. Isaías 45 declara: “Así dice Jehová a su ungido. Yo iré delante de ti…quebrantaré puertas de bronce…y te daré los tesoros escondidos”.El profeta vio una barrera entre el ungido y la provisión de Dios. Los que ven la barrera como su final, Dios lo ve como el comienzo de la victoria. Su propósito es empujarnos hacia el camino de la fe para que podemos cumplir grandes proezas de virtud, valor, vigor y victoria en lo económico.

Cuando estamos en apuros Dios puede permitir que caigamos para que nos demos cuenta de que no podemos confiar en nosotros mismos. Si nos hacemos a un lado y dejamos que el Señor guíe el camino, derribaremos todo obstáculo que se nos presente por delante. Los tesoros escondidos son marcas características para gente específica, que son proféticamente equipadas para hallarlas. Puede existir una barrera entre usted y la victoria en lo económico, pero Dios ha ido delante de usted para abrir camino. Él endereza los lugares torcidos, seca el mar, hace camino en el desierto. Sepa que Élha escondido riquezas que usted está a punto de descubrir. Si tiene fe para creerlo, Dios tiene riquezas disponibles para hacerlo un canal de bendición al mundo entero.

Por Rod Parsley
Tomado del libro: El Espíritu de los vencedores
Peniel

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