El amor como base del liderazgo

La forma del liderazgo del Señor Jesús

Por Joel Manby

Uno de los papeles principales de un líder es ofrecer esperanza. Esto puede hacerse en una variedad de maneras, pero se logra de forma regular cuando la claridad de la visión, la misión y los valores están acoplados con fuente éxtio financiero. Un líder tiene que comunicar claramente cómo la organización va a ganar en medio de un mercado competitivo, y luego ejecutar ese plan. Los empleados se sientes esperanzados y libres cuando saben qué es lo que la organización espera, qué dará esta a cambio y hacia dónde se dirige.

Liderar con esa clase de amor requiere dedicación.

Pero la recompensa es enorme: un amor tan dedicado creará esperanza y entusiasmo en la organización. Liderar con amor se debe enseñar y medir; debemos cuidar cómo las personas realizan sus tareas, no solo si las realizan. Liderar con amor debe integrarse en un modelo de funcionamiento de una organización, pero aún debemos liderar, usando nuestro poder y amor mientras navegamos con dedicación inquebrantable a través de situaciones y tiempo difíciles.

Dedicación para amar

Hace dos mil años un predicador judía itinerante llamado Jesús invitó a cenar a sus amigos. Sin embargo, esta comida no sería igual a las normales que ese grupo disfrutaba; Jesús sabía que esta era su última cena. Al día siguiente sería ejecutado por el gobierno romano. Así que en esa última noche Jesús tenía que decidir cómo resumir sus enseñanzas, a fin de que sus doce seguidores pudieran llevar el mensaje que les comisionaría.

Piense en todas las opciones delante de Él. Jesús pudo:

  1. Haberles dado un rollo escrito que resumiera todas sus enseñanzas.
  2. Haberles proporcionado dinero para que extendieran el ministerio.
  3. Haberles concedido poderes divinos para hacer que los escépticos creyeras o,
  4. Haberlos presentado ante líderes que tuvieran influencia política.

Sé que yo habría hecho algo de eso, ¡especialmente si la opción tres estuviera a mi alcance! No obstante, Jesús sorprendió a sus amigos con algo tan inesperado que resonó a través de las edades, cambiando incluso la forma en que las organizaciones del siglo XXI se lideran.

Según su amigo Juan recordara más tarde, Jesús se levantó de la mesa, se quitó el manto y se ató una toalla a la cintura. Luego echó agua en un recipiente y comenzó a lavarles los pies a sus discípulos y a secárselos con la toalla que llevaba a la cintura” (Juan 13:4-5).

En la cultura de la antigua Palestina, tal gesto se consideraba lo último en modestia y humildad, ¡rayando en la humillación! Solamente los esclavos lavaban los pies a otras personas. Y teniendo en cuenta que la mayoría de los doce discípulos adquirían convicción acerca de la divinidad de su líder, la acción de Jesús les pareció aun más extraordinaria.

Pedro, el más franco de los amigos de Jesús, no se hallaba satisfecho con lo que ocurría, y dijo: “¿Y tú, Señor, me vas a lavar los pies a mí?”. Jesús debe haber visto la confusión en esos ojos conocidos porque replicó: “Ahora no entiendes lo que estoy haciendo’, le respondió Jesús, ‘pero lo entenderás más tarde’. ‘¡No!’, protestó Pedro. ‘¡Jamás me lavarás los pies!’”.

Pedro no se disuadía fácilmente, ¡y yo he tenido más de unas cuantas personas como él trabajando para mí!

Pero sucedía algo más grande que una simple discusión acerca de si Jesús actuaba como un esclavo; estaba mostrándoles a sus amigos una manera totalmente nueva de liderar. Así que contestó: “Si no te los lavo, no tendrás parte conmigo” (Juan 13:6-8).

El hecho de que Jesús eligiera personificar su liderazgo en la noche anterior a su muerte lavando los pies de sus “empleados” representa un ejemplo convincente para todos los líderes que lo han seguido. La ocasión marcó en las mente de sus discípulos la importancia de servir, y desafió a todos los que llegarían tras él a considerar que liderar con amor podría realmente ser la mejor manera de cambiar el mundo.

Si diriges algo o a alguien están en posición de poder, y si lideras con amor sorprenderás a otros exactamente como Jesús sorprendió a Pedro. No sugiero que alguno de nosotros sea como Jesús, sino que todos tenemos la oportunidad de abusar de nuestro poder o de usarlo bien. De atesorarlo u obsequiarlo.

Como líderes debemos usar el poder que se nos otorga para conseguir que las cosas se hagan: establecer objetivos agresivos, hacer que los demás rindan cuentas, pedir recursos, tomar decisiones difíciles y movilizar personas hacia una meta común y conseguir resultados. Si tu organización va a pique, ¿de qué sirve el amor?

Sin embargo, grandes líderes hacen todo esto y también entienden cómo liderar con amor e incorporar amor al mismo tiempo. Esto no es algo fácil ni intuitivo, por lo que se requiere una vida de dedicación.

¿Por qué entonces es que casi tres cuartas partes de todos los líderes tienen dificultades para usar tanto el poder como el amor, especialmente bajo estrés? Tienden a revertir la parte con la que están más cómodos y hacen caso omiso de la otra parte. Todos hemos trabajado con líderes que se burlan de todo lo que tiene que ver con virtudes o valores verdaderos. Ellos creen que esta idea es totalmente blanda y que se interpone en el camino de las ganancias; afirman que hablar de amor debería relegarse al hogar. Tales líderes están más equivocados de lo que puede estarse.

Por desgracia, la mayoría de las organizaciones han estado influenciadas por tal pensamiento y se caracterizan por exceso de poder y falta de amor. Y dado el triunfo del poder sobre el amor, en la mayoría de las organizaciones, los líderes tienen que dedicarse a liderar con amor.

Esto coloca a los dirigentes en funciones totalmente distintas a las que solían tener, y a veces incómodas. Si decides liderar con amor, quizá otros a tu alrededor no “capten” lo que haces. Hazlo de todos modos.

Decidirse a liderar con amor es la decisión más difícil que un líder puede tomar, pero alguien sabio se dedica a ellos porque también  constituye la mejor manera de liderar grupos.

Por Joel Manby
Tomado del libro: El amor sí funciona
Vida

El Amor Si Funciona

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