Hay algo que está por nacer

Y traerá una revolución a toda nuestra vida

Por Evangelina Daldi

Días atrás leí la reflexión de una “nueva madre”. Hacía poco había tenido su primer bebé, y en aquellas líneas que publicó en las redes sociales relataba cuánto su vida había cambiado. Sin duda, la llegada de una criatura es algo transformador. Las cosas no serán las mismas que las de antes nunca más.

Seguramente te hayas cruzado con una futura mamá, y sabrás de lo que te hablo – especialmente si es primeriza. Toda su vida gira ahora en torno a la persona que está por llegar. Se hacen modificaciones en la casa – se necesitará más espacio para poner un moisés, una cuna, un ropero con ropita y pañales, un lugar en la alacena para la leche en polvo- ; se hacen modificaciones en los hábitos alimenticios – la mamá deberá cuidarse mucho si desea engordar lo menos posible, pero deberá asegurarse de consumir todas las vitaminas y minerales que ella y su bebé necesitan – ; los horarios cambian – la mujer estará más cansada a medida que avancen los meses entonces quizá habrá cosas que le tome más tiempo hacer o cosas que dejará de hacer, sumado a sus recurrentes visitas a los distintos médicos -. Por supuesto que no solo cambia la madre sino también el futuro papá y toda la familia. Hay una expectativa. Hay algo por venir que indudablemente revolucionará a todos. Y todos lo esperan con ansias.

Aunque para muchos es una época de andar a las corridas y lejos está de representar un tiempo festivo de amor y de alegría, nosotros sabemos que sí tenemos algo que celebrar. Algo muy grande. Muy importante. Muy significativo. Ha nacido nuestro Salvador. Estábamos perdidos. No teníamos esperanza. Nuestro futuro estaba negro. Sabíamos cuál sería nuestro final. Pero algo apareció. Alguien nació. Y causó una revolución, no solo en el mundo natural sino también en el espiritual. Jesucristo vino y nos dio el mayor de los regalos. Una esperanza sólida. Inamovible. Incuestionable.

Es mi deseo que cuando sean las 12 del 25, y todos levantemos nuestras copas, tengamos todas estas cosas en mente. Primero, nuestro Señor. Su entrega. Su amor. Su negación a sí mismo. Fue capaz de dejarlo todo, y venir con una misión. Con el objetivo de salvarnos y darnos una vida eterna llena de plenitud. Jesús sabía que solo Él podía hacerlo. Y lo hizo. No midió qué habíamos hecho los hombres. No puso en la balanza nuestra rebelión y nuestro desprecio. Su amor ilógico e incondicional fue más fuerte. Y vino. Y nació en condiciones nada dignas para un Rey. Y gracias a Él estamos hoy acá. Y gracias a eso somos lo que somos. Tenemos lo que tenemos. Y nos espera un futuro maravilloso. Gracias, querido Salvador, por todo esto. Las palabras quedan chicas. Incluso nuestro corazón no puede comprenderlo totalmente. Pero aún así, con todo lo que somos y tenemos, te adoramos y te honramos. Te agradecemos y te reconocemos como el único Salvador. Como nuestro gran amor.

Pero segundo, que podamos abrirnos para todo aquello que está por nacer. Que nuestra vida se llene de sueños y anhelos, que se renueve la esperanza de aquello que saldrá a luz. Y que seamos capaces de hacer los cambios propicios para darle la mejor de la bienvenidas. Que hagamos lugar para su cuna, para su crecimiento, para disfrutar de la alegría que provocan las sorpresas. Que nuestros corazones se preparen para recibir aquello que Dios quiere darnos. Quizá sean sueños que se vienen gestando desde hace tiempo. Quizá sean esperanzas rotas que cobran vida y nacen en el momento menos esperado. Incluso puede ser algo que ni nosotros mismos esperamos. Aquello que no tenemos idea de que está por suceder. Pero lo importante es saber que todo puede comenzar. Que el niño puede nacer. Y cuando eso pasa, sabemos que nada es igual. Es un tiempo nuevo. Una etapa diferente. Una etapa para disfrutar y crecer. Para madurar y gozar.

Que en esta Navidad podamos ser conscientes de que así como nuestro Señor nació para darnos una esperanza, Él puede hacer nacer muchas otras cosas con el mismo objetivo. Que este tiempo sea un refresco. Un tiempo para recargar baterías. Para cobrar fuerzas y hacer lugar en el ropero para que entre lo nuevo.

Quizá no estás preparado. Y por eso tal vez es hora de que comiences a prepararte. Hay un niño que quiere nacer. Hay algo que espera para transformar toda tu vida. Y somos los responsables de abrazar con fuerza y cuidar aquello que viene en camino.

Aprovecho esta oportunidad para agradecerle a cada uno de ustedes por acompañarnos un año más. Gracias por cada número que van a buscar a sus iglesias y librerías. Gracias por acompañarnos silenciosamente desde muchísimos pueblos y ciudades de nuestro país, y quizá muchos otros. Gracias porque sin ustedes nuestro trabajo sería en vano. Como cada fin de año decimos, esperamos que en el 2014 volvamos a encontrarnos, y que seamos aún más.

Mis mejores deseos y anhelos para ustedes y sus familias.

¡Felices fiestas!

Bendiciones

Evangelina Daldi
[email protected]

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