El amor siempre gana

Es una realidad que no cambia por nada

Por Joyce Meyer

Amar y ser amado es lo que hace que la vida merezca vivirse. La razón por la que Dios nos creó es para amar, y esto es la energía de la vida. El amor da propósito y significado a la existencia. El amor es lo más grande que hay en el mundo.

Es también el área de nuestra vida más cruelmente atacada. La mental del diablo es separarnos del amor de Dios, y usará todo lo que esté a su alcance para distorsionar nuestra comprensión acerca de Él, o para tornarla confusa. Su principal recurso de engaño es hacernos creer que el amor de Dios depende de nuestro mérito.

Así fue como él actuó en mi vida. Cada vez que fallaba, no me permitía, a mí misma, recibir el amor de Dios, y comenzaba a castigarme mediante el sentimiento de condena y culpa. Viví así los primeros cuarenta años de mi vida, cargando fielmente la pesada bolsa de la culpa sobre mi espalda, donde fuera que iba. Cometía errores a menudo y me sentía culpable por cada uno de ellos. Luego trataba de ganar el favor de Dios con buenas obras.

El día de la liberación finalmente llegó. Dios por su gracia me reveló, a través del Espíritu Santo, su amor por mí de una manera personal. La sola revelación cambió mi vida entera y mi caminar con Él.

El amor de Dios por ti es perfecto e incondicional. Cuando tú fallas, Él sigue amándote porque su amor no está basado en ti, sino en Él.

Muchos creemos que Dios ama al mundo, pero no estamos realmente convencidos de su amor por nosotros. Algunos sentimos que Él nos ama siempre y cuando hagamos todo correctamente. Pero nos dimo cuenta, hace tiempo ya, que a Dios nada le sorprende con respecto a nosotros.

Hemos estado equivocados en nuestro pensar. Dios nos ama, ¡Dios te ama! Para Él eres especial. No te ama porque seas una buena persona o hagas todo bien. Él te ama porque Él es amor. El amor no es algo que Dios practique, es quien Él es.

Su amor no puede ganarse o merecerse. Debe recibirse por fe. Su amor es puro y está siempre fluyendo. Él es Dios eterno, y nunca podrás agotarlo o cansarlo. Muchos de nosotros pensamos que hemos desgastado a Dios con nuestros fracasos y confusiones, pero no es así. Él no siempre ama todo lo que haces, pero ciertamente te ama a ti. El amor es su naturaleza inagotable.

No importa cuán arduamente busques las cosas de Dios; si no has recibido la revelación de que Dios te ama, no podrás avanzar en la vida.

Permite que el Señor te ame. Recibe su amor por ti. Sumérgete en Él. Medita en Él. Deja que te cambie y te fortalezca. Luego, trasmítelo a otros.

Aunque fueras la única persona sobre la faz de la Tierra, Jesús hubiera pasado todo el sufrimiento solo por ti. Su amor por ti es eterno.

 Amor en acción

Si el amor de Dios está en nosotros, podemos transmitirlo. Tenemos la oportunidad de elegir amar a otros generosamente. Podemos amarlos incondicionalmente como Dios nos ha amado.

Cada uno en este mundo desea ser amado, ser aceptado. El amor de Dios es el regalo más maravilloso que hemos recibido. Ese amor fluye hacia nosotros, y luego debería fluir hacia otros a través de nosotros.

Por mucho tiempo en nuestra vida tratamos de hallar la felicidad del modo equivocado. Intentamos encontrarla recibiendo pero, en realidad, se encuentra dando.

El amor debe darse; es parte de su naturaleza hacerlo así: En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y envió a su Hijo para que fuera ofrecido como sacrificio por el perdón de nuestros pecados. Queridos hermanos, ya que Dios nos ha amado así, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros” (1 Juan 4:10-11).

Demostramos amor por los demás al satisfacer sus necesidad, tanto materiales como espirituales. La generosidad es amor en acción. El Señor quiere derramar su amor en nuestra vida, de tal modo que podamos entregarlo a un mundo que sufre.

Por Joyce Meyer
Tomado del libro: Ama a Dios y disfruta la vida
Peniel

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