Líderes inquietos

Un condimento explosivo para el liderazgo

Por Dr. Jeffrey de León

No es fácil reconocer el verdadero liderazgo. Pregúntele al profeta Samuel. Dios lo envió para que nombrara a un rey sobre Israel. Pero él no escogió a David, fue Dios quien lo hizo. Samuel vio un joven alfeñique. Dios vio un líder con un gran corazón. David lo tenía. Él no dejaba las cosas por la mitad. Era intenso. Anhelaba encontrar a Dios. Y Dios lo encontró a él.

David tenía un corazón maravilloso. Era inquieto. Estaba dispuesto a oponerse a un gigante aunque apenas era un muchacho, pese a que el poderoso rey Saúl no lo haría. Estaba dispuesto a cantar frente a cientos de personas y al rey que no lo quería. Estaba dispuesto a oponerse a sus propios hombres indisciplinados y a no matar al hombre que lo estaba alcanzando a él. Estaba dispuesto a dirigir a los disidentes descontentos a una batalla victoriosa. Aun más sorprendente, estaba dispuesto a pedir públicamente perdón por sus pecados. Era un hombre al que no le importaba lo que la gente pensara. Servía a su Dios con pasión e intensidad. Samuel no lo vio cuando observó a David. Había amado al alto y apuesto rey Saúl. No se parecía en nada a Saúl. David era realmente diferente. Era un inquieto.

¿Es usted diferente? ¿Ama en verdad al Señor con todo su corazón? ¿Ha estado distraído por algo o todo en este mundo en que vivimos? Somos seres espirituales  que tenemos una experiencia terrenal. Dios mira lo que vale. Mira el corazón. ¿Cómo está Dios en su corazón? Con Dios, todo o nada. Él no va a ser segundo de nada ni de nadie.

Incluso los pastores y cristianos experimentados pueden caer. He aquí Él está a la puerta. Llamando. Esperando. ¿Sigue siendo usted un inquieto de Jesús? ¿Está dispuesto a serlo? ¿Significa Él más que la vida para usted? ¿Es su palabra todavía dulce a su paladar y suficiente cuando la absorbe? ¿Es su tiempo todavía de Él? ¿Espera aún de su dirección y depende de su mano milagrosa? Nunca debemos dejar de preguntarnos a nosotros mismos, de desafiarnos a nosotros mismos, de amar a Dios y de confiar en Él aún más.

Dios está a la puerta de nuestro corazón, ¡tocando! Nos recuerda. Nos llama. Él es todo o nada para nosotros. No podemos servirle a medias. Debemos comprometernos a ser radicales. Debemos estar dispuestos a ser inquietos. Solo cuando somos apasionados con Dios, solo cuando Él es nuestro primer amor, lograremos todo lo que ha propuesto para nosotros en esta vida. Solo entonces estaremos en el centro de la voluntad de Dios.

¿Por qué inquietos?

¿Qué es lo que buscamos cuando elegimos un líder? ¿Escogemos a los miembros de la familia que necesitan un trabajo? ¿Nos rodeamos de personas que siempre dicen “sí” y que están de acuerdo con nosotros? ¿Buscamos personas atractivas y dotadas? ¿O gente de carácter que verdaderamente ame a Dios? ¿Buscamos personas mansas? ¿Cómo escoge usted? Y si es líder, ¿en qué descansa?

¿Qué es un líder rebelde o inquieto? El rebelde es un disidente inquieto que asume una posición independiente, aparte de sus asociados. A menudo son personas excesivamente apasionadas por el llamado divino.

En cierto sentido, todo cristiano debería ser inquieto. Estamos llamados a ser diferentes, a ser luces en este mundo de oscuridad. Fuimos llamados a ser ciudadanos del cielo que no se ajustan a la pauta de este mundo. Todos los profetas de La Biblia fueron inquietos. Muchos de los líderes más grandes de la historia lo han sido. Eran únicos, diferentes y, a menudo, mal entendidos. Veían el mundo de manera diferente.

Cazatalentos

Muchos líderes detestan a los inquietos. Les temen. Los inquietos hacen muchas preguntas. Revuelven todo. Investigan dentro y fuera de la iglesia. Incomodan a los líderes. Sin embargo, si su inquieto está dedicado totalmente a servir en su medio, entonces se gana el derecho de hablar y ser respetado. Usted debería escuchar atentamente a esos perspicaces líderes. ¿Está resistiendo a Dios o al hombre?

Debemos identificarlos y aceptarlos. Tenemos que hacerles ver el llamado de Dios a su vida. Debemos tener cuidado de no elegir a muchas personas o estrategias populares para que la iglesia crezca. Debemos valorar a los individuos. Lo que vale son las personas, no los programas. Debemos centrarnos en satisfacer a aquellos cuyos corazones arden por conocer al Dios que los hizo. No debemos marginar a aquellos cuyos corazones han sido especialmente hechos para los propósitos celestiales transformadores. Esos son los líderes de Dios. Fueron hechos para la excelencia.

¿Quiénes somos para impedir lo que Dios les ha llamado a ser? Él usa a los inquietos. Ellos son celosos de su Dios. Están consagrados a Él y a su servicio. No son perfectos. Sin embargo, una y otra vez, este tipo de personas cambian el mundo. No deje que les rechacen. Ni los rechace usted. Dios se los entregó. Ellos le bendecirán a usted y a su iglesia si, como líder, está dispuesto a aprender de ellos. Si está dispuesto a cambiar su manera de ver el mundo, la iglesia y al ministerio. No endurezca su corazón ni se ofenda. Dios punza su mente para exponer su corazón. ¿Se resiste a trabajar con inquietos por orgullo? ¿Porque le ofenden? ¿Le cuestionan? ¿Está celoso? ¿Necesita siempre sentir que tiene el control y estos inquietos, con su celo, le hacen sentir que no lo tiene? Como líder puede y debe estar dispuesto a aprender y a trabajar con su rebaño. Usted debe aprender a promover a los demás y darles la posibilidad de seguir las pasiones que Dios les pone en el corazón.

Ningún hombre es una isla. Tenemos que trabajar juntos. Dios uso mucho a los inquietos. Si podemos aprender a identificar, iniciar, aceptar y aprender de esas personas dinámicas, nos encontraremos en la vanguardia de un ministerio floreciente y piadoso. No es que no podamos ministrar efectivamente sin ellos. Sí podemos hacerlo. Podemos continuar. Pero, cuando el Cuerpo de Cristo está dispuesto a usar los dones de todos los miembros de la iglesia, está completo. Tal iglesia conquistará al mundo como nunca antes. Será una iglesia revolucionaria.

Por Dr. Jeffrey de León
Tomado del libro: Seguirazgo
Grupo Nelson

Seguirazgo

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