Esto no es amor

Estar alertas para no salir lastimados

Por Sixto Porras                      

En una ocasión conocí a una joven que vino con un profundo dolor a pedir ayuda. Al hablar con ella, poco a poco y de forma triste, describió la relación que sostenía con su novio: los gritos, las humillaciones, las frases hirientes y los golpes. Después de escucharla detenidamente, le dije: “En este tipo de relaciones no hay amor. Es indispensable alejarse. Una relación así no se puede sostener. Creo que lo más acertado es que la termine cuanto antes”. Sin embargo, el razonamiento de la joven era distinto: “Es que usted no entiende.  Él realmente me ama. Es cierto que me trata mal y pierde el control, pero se arrepiente y llora…”. Le expliqué lo que es un ciclo de violencia, la forma en que, luego de arrepentirse de la agresión, viene un periodo de calma y “felicidad momentánea”, para volver a la agresión y empezar el ciclo de nuevo.

Le advertí sobre el peligro que corría su vida, y de la necesidad de que se sometiera a un proceso de terapia… pero ella estaba convencida de que él la amaba y que ella también lo amaba a él. Con el tiempo esa joven contrajo matrimonio con su novio. Después de numerosas experiencias llenas de sufrimiento, y las subsecuentes consecuencias de exponerse a una situación de agresión prolongada, ella terminó en el hospital, y el matrimonio terminó en divorcio.

¡Esto no es amor! El amor construye, no destruye. Quienes establecen relaciones de amor tienen un saldo positivo de gozo y satisfacción. El amor está fundamentado en la dignidad y el respeto mutuo. Además, usualmente las personas con una sana autoestima y estabilidad emocional son las que llegan a tener relaciones de este tipo. Por lo tanto, no lo logra el que es celoso en extremo, ni el que posee en lugar de amar.

Aquí estamos hablando de alguien: del “conquistador” y de quienes se someten a él o a ella. ¿Qué es lo que busca el “conquistador”? ¿Qué busca el que se deja seducir y, por ende, maltratar?

A partir de mi experiencia me he dado cuenta de que en los grupos de jóvenes es frecuente la presencia de algunos cuyo objetivo principal es la oportunidad de conquistar. La conquista en sí no tiene aspecto negativo. También conquista quien pretende ganar el amor de su amada o amado, con propósitos nobles y de compromiso. Sin embargo, hablaremos aquí del conquistador que procura atraer el otro con propósitos utilitarios.

Al conquistador no le interesa el otro como persona; su objetivo principal es la satisfacción de su deseo sexual y egocéntrico. Casi nunca mide las consecuencias de sus acciones. De esta forma, sus “presas” se convierten en trofeos, y su autoimagen de “gran ganador” se fortalece a medida que van quedando, en el camino que recorre, las emociones mancilladas de quienes se rindieron a sus encantos.

Frecuentemente, estas personas tienen gran facilidad de palabra, y conocen bien lo que los demás quieren oír de sí mismos. De esta forma, en su conversación no tardan en aparecer frases como: “Eres muy especial”, “Nunca había conocido a alguien como tú”, “Eres muy interesante”. Poco a poco van ganando terreno, y por lo general la culminación de su conquista es lograr tener contacto genital con la otra persona. Puede ser que continúen la relación por corto tiempo, pero usualmente, luego de haber logrado su objetivo principal, pierden interés.

Es evidente que los conquistadores se encuentran con dos tipos de personas: aquellas que al percibir, en algún punto, las verdaderas intenciones de este “depredador”, toman la sana decisión de alejarse y evitar el maltrato y subsiguiente sufrimiento; y aquellas que aun percibiendo las inminentes consecuencias de involucrarse en este tipo de relación, acceden y entran en el peligroso juego del conquistador. Algunos de los argumentos que he escuchado son: “Yo sé qué es lo que busca… pero me hace sentir muy bien… Me siento especial… y tal vez conmigo sea diferente”.

Aunando este tipo de razonamiento, está la convicción de que, en el fondo, el conquistador o la conquistadora es una persona buena y posee sentimientos nobles. Hay una tendencia a la justificación de sus actos, y a la creencia de que pueden cambiar si tienen al lado la persona correcta. Por distintas razones, el conquistado o la conquistada creen ser esa persona correcta, y asumen el papel de redentor.

Tomar esta posición de desventaja, que les convierte es víctimas casi voluntarias, implica una pérdida galopante de autoestima y estabilidad emocional. Quienes caen repentinamente en las relaciones de tipo depredador-presa, van interiorizando cada vez más lo que he llamado el papel de “mendigos de amor”.

Mi recomendación a los y a las jóvenes es que establezcan círculos de amigos, y que aprovechen las oportunidades de establecer amistades profundas que brinden alegría, amor, amistad y compañerismo. Cuando alguien del otro sexo se cruce en su camino, aun cuando hay atracción física, lo primero que debe hacer es abrirse a la posibilidad de una amistad sin pretensiones amorosas, que lleve a una verdadera intimidad con esa persona sin que sea una relación romántica, sin que medie el erotismo. Debemos aprender nuevamente el significado del amor, y a cómo satisfacer nuestras necesidades efectivas desde las distintas fuentes no románticas, tal como la familia, los amigos y amigas, y sobre todo, teniendo una profunda relación con Dios, que lo llena todo en todo.

Darse la oportunidad para aprender a amar intensamente a los demás, a establecer relaciones saludables y plenas de amor no romántico, es el primer paso para satisfacer nuestras necesidades afectivas y prepararnos emocionalmente para una relación romántica plena en el futuro.

Por Sixto Porras
Tomado del libro: Amor, sexo y noviazgo
Grupo Nelson

Amor, Sexo y Noviazgo

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