El Choque de Dos Reinos Enfrentados

Adéntrese en las profundidades del real y dinámico mundo espiritual

Por Benny Hinn

En la actualidad, en nuestra cultura occidental, el tema de los ángeles no es solo popular, sino que está bien aceptado. Estoy seguro de que alguien en alguna oportunidad te ha dicho: “Tengo un ángel guardián que me cuida”.

Si en el buscador de Google en Internet escribes la palabra ángeles, encontrarás más de treinta y dos millones de entradas. Hay cada vez más curiosidad, pero la mayor parte de la información no es bíblica. De hecho, tanto en el mundo secular como en la Iglesia, hay mucha ignorancia respecto a la verdadera naturaleza y función de los ángeles.

Estoy convencido de que solo hay un lugar en el que buscar respuestas verdaderas: La Palabra de Dios. Es la única fuente confiable de verdad espiritual e información precisa respecto a los ángeles y las huestes angelicales. Las páginas de La Biblia hacen referencia a un ángel o a ángeles unas trescientas veces aproximadamente. También noté que en ella hay más referencias a los ángeles que a los demonios.

La palabra “ángel” se deriva de la palabra hebrea mal`ak y de la palabra griega angelos, y ambas quieren decir “mensajero”.  Los ángeles pertenecen a un orden de seres celestiales que son superiores al hombre, tanto en poder como en inteligencia.

Si aceptamos Las Escrituras, también debemos creer que los seres angelicales son reales y que ellos nos ministran a ti y a mí, los “herederos de la salvación”. Además, debemos aceptar la verdad de que, aunque el reino espiritual es invisible al ojo natural, es tan real como el mundo físico en el que vivimos. Los ángeles son seres espirituales que existen en el reino espiritual, pero, a menudo, Dios los envía a la Tierra a cumplir su voluntad, a dar un mensaje o a proteger o liberar a su Pueblo. Como creyentes, uno de nuestros mayores privilegios es la oportunidad de recibir ayuda de los mensajeros especiales de Dios.

 

Encuentros que cambian la vida

De Génesis a Apocalipsis, encontramos relatos de ángeles que visitan a las personas, que intervienen en sus circunstancias dándoles advertencias, brindándoles información y ayudándolos de incontables maneras. La Biblia hace referencia a más de cien apariciones de seres angelicales enviados especialmente del cielo para ayudar a dirigir la vida de las personas.

Por ejemplo, fue un ángel el que se apareció a Felipe y le dio instrucciones de que se pusiera en marcha por el camino que va hacia Gaza para que se encontrara con el eunuco etíope (Hechos 8).

Además del ministerio que tienen los ángeles en la Tierra, están constantemente trabajando en el cielo, alabando y adorando al Todopoderoso. A la mayoría de las personas les resulta más fácil imaginar a estos seres en los cielos que aceptar el hecho de que ellos también nos visitan y nos asisten en la Tierra. Sin embargo, la historia del

cristianismo está repleta de maravillosos relatos de individuos que tuvieron encuentros con ángeles que cambiaron sus vidas.

Creo que estamos a punto de ingresar en una época de manifestaciones sobrenaturales como nunca se han visto antes en este planeta, y con cada visitación vienen apariciones angelicales. Si miras hacia los días de Abraham, cuando Dios visitó la Tierra,   encontrarás que en esas oportunidades los ángeles estaban siempre presentes. Y veremos esto sucediendo una y otra vez.

Es vital que sepamos lo que La Biblia nos enseña sobre visitaciones del mundo espiritual, así podemos ser sabios y discernir si son o no enviados por el Señor.

Las tareas de los ángeles

Es emocionante pensar lo que estos embajadores celestiales hacen por los hijos de Dios. Analicemos algunas de sus misiones específicas.

1. Los ángeles dan protección a los creyentes.

Si estás en peligro, los ángeles son enviados en tu ayuda. Recuerda, esta protección no es para los pecadores, sino para los santos. En tanto es cierto que la misericordia de Dios se extiende más allá de cualquier cosa que creamos, según La Palabra de Dios,

los ángeles son enviados solo para los hijos e hijas de Dios que han sido adoptados a través de la salvación.

¡Habla sobre la cobertura de protección! Tenemos guardaespaldas celestiales, seguridad en todos los frentes. “El ángel del Señor acampa en torno a los que le temen; a su lado está para librarlos” (Salmos 34:7). Aun mejor, Dios ha dado instrucciones a estos seres celestiales para que brinden total seguridad: “Porque él ordenará que sus ángeles te cuiden en todos tus caminos” (Salmos 91:11).

A menudo, cuando uno de los seres angélicos de Dios viene a rescatarte, no te darás cuenta en el momento. La verdad de la situación se hará evidente después. Quizás

vayas manejando por la autopista y de pronto tu vehículo da un viraje para evitar un accidente terrible. Todo sucede tan rápidamente que no sabes qué está pasando. Pero unos pocos minutos después exclamas: “Ah, ¡Dios acaba de salvar mi vida!”. Piensa en las veces en el pasado en las que el Señor envió ángeles guardianes para tu protección.

 2. Los ángeles sirven a los santos de Dios.

Siempre he estado fascinado por el maravilloso relato de lo que le sucedió al profeta Elías después del enfrentamiento con los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal en el monte Carmelo.

Cada grupo debía preparar un sacrificio y Elías dijo: “Entonces invocarán ellos el nombre de su dios, y yo invocaré el nombre del Señor. ¡El que responda con fuego, ése es el Dios verdadero! Y todo el pueblo estuvo de acuerdo” (1 Reyes 18:24). Deseosos de probar que el que estaba equivocado era el otro, estuvieron de acuerdo en hacer eso.

Luego de que los profetas de Baal fracasaran en su intento de que cayera fuego del cielo, fue el turno de Elías. Él puso el sacrificio en el altar y oró: “Señor, Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, que todos sepan hoy que tú eres Dios en Israel, y que yo soy tu siervo y he hecho todo esto en obediencia a tu palabra. ¡Respóndeme, Señor, respóndeme, para que esta gente reconozca que tú, Señor, eres Dios, y que estás convirtiendo a ti su corazón!” (1 Reyes 18:36-37).

La Biblia relata que el fuego del Señor cayó y consumió no solo el holocausto, sino la leña, las piedras y el suelo, y el agua de la zanja alrededor del sacrificio. “Cuando todo el pueblo vio esto, se postró y exclamó ‘¡El Señor es Dios, el Señor es Dios!’” (v. 39).

El celo de Dios que tenía Elías resultó en la muerte de los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal. Eso tuvo lugar durante el reinado de Acab, quien le contó a su esposa, Jezabel, sobre la masacre. Al poco tiempo, ella le advirtió al profeta que iba a matarlo.

Entonces vemos que Elías huye y que camina durante todo un día por el desierto. Luego, “llegó adonde había un arbusto, y se sentó a su sombra con ganas de morirse. ‘¡Estoy harto, Señor! —protestó—. Quítame la vida, pues no soy mejor que mis antepasados’” (1 Reyes 19:4).

Después de revolcarse en el mar de la autocompasión y el desánimo, Elías se quedó dormido bajo un enebro y “de repente, un ángel lo tocó y le dijo: ‘Levántate y come’. Elías miró a su alrededor, y vio a su cabecera un panecillo cocido sobre carbones calientes, y un jarro de agua. Comió y bebió, y volvió a acostarse” (vv. 5-6). Cuando el ángel regresó por segunda vez, le dijo a Elías: “Levántate y come, porque te espera un largo viaje” (v. 7).

Si miras un mapa de Israel, verás que él comenzó su viaje en el monte Carmelo (donde cayó el fuego), en la región norte de la nación cerca de lo que es hoy la ciudad de Haifa. De allí, caminó hacia Berseba, por el desierto de Negev. Después de su comida

milagrosa, se dirigió hacia el monte Horeb. Eso suma al menos seiscientos cincuenta kilómetros. Pero Elías no viajaba solo, porque los ángeles estuvieron con él a cada paso del camino. Como hijo de Dios, nunca caminas solo. Los ángeles son enviados por el Señor a servir a sus santos. Si has sido llamado por Él a una asignación divina, esos seres celestiales estarán de tu lado.

 

3. Los ángeles te fortalecen en las pruebas.

Posteriormente al encuentro de Cristo con Satanás en el Monte de la Tentación, después de que el diablo lo dejó, “unos ángeles acudieron a servirle” (Mateo 4:11). Los ángeles le dieron a Jesús fortaleza para su misión terrenal que estaba por comenzar.

Después, cuando el Señor enfrentaba la mayor prueba de su vida, fue al Jardín de Getsemaní y encontró un lugar de reclusión para orar solo. Allí, Jesús miró al cielo y dijo: “Padre, si quieres, no me hagas beber este trago amargo; pero no se cumpla mi voluntad, sino la tuya. Entonces se le apareció un ángel del cielo para fortalecerlo”

(Lucas 22:42-43). Como resultado, “se puso a orar con más fervor, y su sudor era

como gotas de sangre que caían a tierra” (vv. 44).

En la Tierra, Jesús era el Hijo de Dios, sin embargo, también era un Hombre: “Porque no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que ha sido tentado en todo de la misma manera que nosotros” (Hebreos 4:15). Así como los ángeles vinieron a ministrar a Cristo, también están listos para llenarnos de vigor a ti y a mí, sin importar qué pruebas estemos atravesando.

 

4. Los ángeles traen las respuestas a la oración.

En el momento en el que comienzas a orar, los ángeles están escuchando. Ellos están preparados para asistir a Dios en traer la respuesta en el preciso momento en que se la necesita.

En la historia de Daniel, cuando él derramaba su corazón e intercedía por el pueblo de Israel, un ser angélico se le apareció y le dijo: “Tan pronto como empezaste a orar, Dios contestó tu oración. He venido a decírtelo porque tú eres muy apreciado. Presta, pues, atención a mis palabras, para que entiendas la visión” (Daniel 9:23). En otras palabras, tan pronto como comenzó a orar se concedió la respuesta, entregada por un ángel.

¡A eso llamo comunicación instantánea! En el minuto en que comienzas a orar, el Señor da la señal de “¡Avancen!” en el cielo. No mucho tiempo después, Daniel estaba hablando con Dios, preguntándole la interpretación de una visión, cuando un ángel

apareció ante él y le dijo: “No tengas miedo, Daniel. Tu petición fue escuchada desde el primer día en que te propusiste ganar entendimiento y humillarte ante tu Dios. En respuesta a ella estoy aquí” (Daniel 10:12).

Cuando dejamos de clamar al Señor, limitamos a sus ángeles, porque ellos responden a la oración. Que el Dios Todopoderoso desarrolle en ti un poderoso anhelo de orar, así verás lo sobrenatural obrar en todo aspecto de tu vida.

 5. Los ángeles ayudan a conducir al pueblo a Cristo.

Quizás has vertido tu corazón a Dios noche tras noche, orando para que un querido amigo fuera salvo y sentías que eras el único que se preocupaba. Piensa nuevamente. En ciertas instancias, el Señor enviará a un ángel ¾o ángeles¾ para conducir a ese individuo a un lugar en el que él o ella puedan encontrar a Dios.

Toma por ejemplo el caso de Cornelio, capitán de la guardia romana en Cesarea. Él era un hombre devoto que siempre ayudaba a aquellos en necesidad. Entonces un día, cerca de las quince, mientras este gentil oraba, tuvo una visión asombrosa. “Este vio claramente en una visión, como a la hora novena del día, que un ángel de Dios entraba donde él estaba, y le decía: Cornelio.” (Hechos 10:3 RVR60).

Al principio tuvo temor, pero después tomó valor para preguntarle qué quería. El ángel le explicó cómo sus oraciones y sus obras de beneficencia habían llamado la atención de Dios. Entonces le dio estas instrucciones: “Envía, pues, ahora hombres a Jope, y haz venir a Simón, el que tiene por sobrenombre Pedro. Este posa en casa de cierto Simón curtidor, que tiene su casa junto al mar; él te dirá lo que es necesario que hagas” (vv. 5-6).

Es importante notar que Cornelio desconocía el plan de salvación o que este estuviera disponible para él.

Lo que sucedió después fue un punto de inflexión en la historia. Por primera vez, el mensaje de Cristo se predicaba no solo a los judíos, sino a los gentiles diciéndoles: “que todo el que cree en él recibe, por medio de su nombre, el perdón de los pecados”  (vv.

43).

Cornelio y toda su casa fueron salvos. Y mientras Pedro aún compartía las Buenas Nuevas, “el Espíritu Santo descendió sobre todos los que escuchaban el mensaje” (vv. 44). Aquellos que acompañaron a Pedro estaban asombrados “de que el don del Espíritu Santo se hubiera derramado también sobre los gentiles, pues los oían hablar en lenguas y alabar a Dios” (vv. 45-46).

En respuesta a la oración, el ángel del Señor estuvo involucrado en la salvación de la casa de Cornelio. Esa es la razón por la que nunca debes darte por vencido o cansarte de orar por aquellos que amas.

 

El reino de las tinieblas

Si estás preparado para atar al “hombre fuerte” y derrotarlo de una vez y para siempre, primero necesitas conocer exhaustivamente cómo operan los demonios y los siete métodos desviados que utilizan para lograr el acceso a una vida.

 

1. Los demonios entran a través de la rebeldía.

Un espíritu de rebeldía es el primer paso hacia la destrucción. Debido a la desobediencia del rey Saúl contra la ley de Dios, el profeta Samuel le tuvo que decir: “La rebeldía es tan grave como la adivinación, y la arrogancia, como el pecado de la idolatría. Y como tú has rechazado la palabra del Señor, él te ha rechazado como rey” (1 Samuel 15:23).

A consecuencia de la rebeldía “el Espíritu del Señor se apartó de Saúl, y en su lugar el Señor le envió un espíritu maligno para que lo atormentara” (1 Samuel 16:14). Saúl pasó de la libertad a estar oprimido y agobiado por demonios.

Hoy, muchos niños que se rebelan contra sus progenitores se vuelven drogadictos y pervertidos sexuales. Con la rebeldía viene el odio por la autoridad, contra sí mismo y contra Dios y su Palabra. No le des a Satanás la oportunidad de atravesar esta puerta.

 

2. Los demonios entran por medio del maltrato verbal.

Quedas expuesto a la actividad demoníaca por lo que dices: tu conversación y el lenguaje que utilizas. El poder de la vida y de la muerte está en tu lengua.

Las Escrituras nos dicen “El que refrena su lengua protege su vida, pero el ligero de labios provoca su ruina” (Proverbios 13:3). Cuando tus palabras no son limpias, Satanás encuentra un lugar en el cual habitar. Aun más “en el pecado de sus labios se enreda el malvado” (Proverbios 12:13). Sí, puedes llegar a quedar atrapado por el maltrato de tus palabras. Cuando las personas dicen cosas que dañan a otros, deshonran a Dios e invitan a los demonios a entrar.

Dado que es una calle de doble mano, ten cuidado con lo que permites que las personas te expresen. No recibas ni respondas a las personas que viven lejos del Señor. Las palabras tienen consecuencias.

 

3. Los demonios entran a través de un espíritu de crítica.

Estoy seguro de que conoces a algunas personas que van por la vida demoliendo a otros, que moran en lo negativo y que buscan encontrar los defectos más que las virtudes de los demás. El apóstol Pablo preguntó: “¿Por qué juzgas a tu hermano? O tú, ¿por qué

lo menosprecias? ¡Todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Dios!” (Romanos 14:10).

Una actitud de condenación trae destrucción. Dios dice: “Al que en secreto calumnie a su prójimo, lo haré callar para siempre” (Salmos 101:5). También se nos enseña: “Evita las palabrerías profanas, porque los que se dan a ellas se alejan cada vez más de la vida piadosa, y sus enseñanzas se extienden como gangrena” (2 Timoteo 2:16-17).

No hay nada que le guste más a Satanás que afligirte con el mal de un espíritu de crítica.

 

4. Los demonios entran a través del temor.

Debemos entender que este hombre fuerte es solo una brecha que Satanás utiliza para controlar tu vida. La razón de por qué es usada por el diablo es: “El que teme espera el castigo, así que no ha sido perfeccionado en el amor” (1 Juan 4:18).

Cuando el temor golpea, puede ser devastador, y por lo general, trae como resultado ataques de pánico y un comportamiento incontrolable. Tal vez conozcas a alguien que ha pasado por semejante experiencia. Si no es conquistado, su fuerza comienza a menguar hasta que quedan indefensos. Todo ello sucede por esa arma poderosa usada por el diablo. El temor es demoníaco en su esencia y atacará sin advertencia. Es por ello que tenemos que afirmarnos en La Palabra de Dios y atacar su entrada.

Este no es el momento para tener miedo.

 

5. Los demonios entran a través de la pereza.

Hay una maldición sobre la persona que es apática, sin vida y que no tiene deseos de trabajar. Es por ello que el Señor nos dice que escapemos de tal comportamiento. La Palabra de Dios nos aconseja: “El camino del perezoso está plagado de espinas, pero la

senda del justo es como una calzada” (Proverbios 15:19).

Hay un dicho que dice que las manos ociosas son el taller del diablo. Cuando hay pereza, Satanás toma ventaja. El Señor pregunta: “Perezoso, ¿cuánto tiempo más seguirás acostado? ¿Cuándo despertarás de tu sueño? Un corto sueño, una breve siesta, un pequeño descanso, cruzado de brazos… ¡y te asaltará la pobreza como un bandido (…)!” (Proverbios 6:9-11). Ese merodeador es el diablo mismo, que busca a quién devorar.

Recuerda: “Las manos ociosas conducen a la pobreza; las manos hábiles atraen riquezas” (Proverbios 10:4).

 

6. Los demonios entran a través de una actividad sexual anormal.

Satanás se vuelve muy activo en la persona que rechaza la verdad de Dios y se intensifica en aquellos quienes tienen prácticas sexuales que no son normales. Las Escrituras son específicas a este respecto. La ira del Señor se vuelve contra aquellos que “cambiaron la verdad de Dios por la mentira, adorando y sirviendo a los seres creados antes que al Creador” . (…) Dios los entregó a pasiones vergonzosas. En efecto, las mujeres cambiaron las relaciones naturales por las que van contra la naturaleza. Así mismo los hombres dejaron las relaciones naturales con la mujer y se encendieron en pasiones lujuriosas los unos con los otros. Hombres con hombres cometieron actos indecentes, y en sí mismos recibieron el castigo que merecía su perversión” (Romanos 1:25-27).

Al rechazar a Dios Todopoderoso, se llenaron de “maldad y perversidad” (vv. 29). Aléjate de la perversión sexual de Satanás. Nunca des un paso más allá de los límites de Las Escrituras.

 

7. Los demonios entran a través de la combinación de la carne y el espíritu.

En el mundo natural, hay consecuencias para estas combinaciones. Por ejemplo, cuando la simiente de un caballo se combina con la de un asno nace una mula, la cual es estéril y no se puede reproducir. En el mundo espiritual también hay peligros al mezclar la justicia con la maldad. Se nos ha ordenado: “No formen yunta con los incrédulos. ¿Qué tienen en común la justicia y la maldad? ¿O qué comunión puede tener la luz con la oscuridad?” (2 Corintios 6:14).

Amigo mío, no puedes vivir seis días de la semana para el mundo y para Dios el domingo. No funciona así. Es por ello que el Señor dice: “Salgan de en medio de ellos y apártense. No toquen nada impuro, y yo los recibiré” (v. 17). De nuevo pregunto: ¿por qué abrirle la puerta a la actividad demoníaca?

 

Preparado para la batalla

Dios quiere que, como creyente, participes en una batalla para destruir la influencia de Satanás. Sin embargo, un ejército sin conocimiento es un ejército en peligro. Lamentablemente, algunas personas no están preparadas ni armadas para una batalla

espiritual, y van desnudos a la guerra. Cuando lo hacen, firman su propio certificado de muerte.

Nunca los venceremos sin la armadura apropiada, la correcta información y la máxima protección. Resulta en vano hacer un movimiento hasta que nos vistamos para la batalla. Si estamos heridos por las actividades del enemigo, no podremos actuar en el ejército de Dios ni derrotar al diablo.

Jesús lo señaló de manera directa. Él dijo: “Mas si por el dedo de Dios echo yo fuera los demonios, ciertamente el reino de Dios ha llegado a vosotros” (Lucas 11:20, RVR60). Para atar al hombre fuerte necesitas “el dedo de Dios”, el poder del Espíritu Santo. Respecto a la venida de este, Jesús dijo: “Pero cuando venga el Espíritu Santo sobre ustedes, recibirán poder” (Hechos 1:8). “Sobre ustedes” está relacionado con el poder de Dios. Así que para traer libertad a los cautivos, debemos estar revestidos con el poder del Espíritu. Jesús agregó: “Cuando un hombre fuerte y bien armado cuida su hacienda, sus bienes están seguros. Pero si lo ataca otro más fuerte que él y lo vence, le quita las armas en que confiaba y reparte el botín” (Lucas 11:21-22). Por supuesto, el “hombre fuerte” en este pasaje es Satanás, y Jesús nos dice que este hombre está armado.

En este fragmento de Las Escrituras, el Señor nos enseña que es necesario vencer y destruir al enemigo. Comenzamos por vencer al hombre fuerte con poder, y la fuerza más poderosa siempre gana. Es por ello que Jesús dice que debemos enfrentar al diablo

con un poder “más fuerte que él” (v. 23). La Palabra de Dios declara: “Por último, fortalézcanse con el gran poder del Señor” (Efesios 6:10). ¿Cuál es la fuente de tu fortaleza? Jesús nos dice: “Sí, les he dado autoridad a ustedes para (…) vencer todo el poder del enemigo; nada les podrá hacer daño” (Lucas 10:19).

¡No permitas que el diablo te saque ventaja!

 

Por Benny Hinn
Tomado del libro: Ángeles y demonios
Editorial Peniel

Angeles y Demonios

 

1 comentario en El Choque de Dos Reinos Enfrentados

  1. Nada mas acertado,… y no solo por los siete puntos arriba mencionados empieza la actividad demoniaca. Con respecto a los angeles creo que falta conciencia en el pueblo del Señor sobre esta verdad. Muy buena y de mucha bendicion esta publicacion.

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