Invierte en los sueños de Dios

No tomemos atajos

Por Juan Cruz Cellammare

Nunca me voy a olvidar de cuando, en diciembre de 2007 después de terminar en victoria y para la gloria de Dios un gran festival denominado “Arriba jóvenes”, empezamos a preparar otro denominado “Festival de Navidad”. Era el primer evento que organizaba solo. Antes, había organizado otras actividades pero siempre bajo la cobertura de la asociación donde trabajaba como coordinador.

Recuerdo que empezamos a preparar el proyecto. A decir verdad, tenía en mi mente que podíamos juntar más de diez mil personas. De modo que empezamos la aventura.

Al preparar el presupuesto, me asusté al ver la cantidad de dinero que tenía que pagar para realizar el evento. Nunca en mi vida había tenido ese momento. Sin embargo, tenía mi vehículo particular y lo vendí para poder invertir en mi primer evento.

Ese día puse lo mejor en equipos y todo se preparó con excelencia. Cuando llegó la hora del festival y la gente empezó a venir poco a poco, estaba muy ansioso. Lo cierto fue que ese día apenas llegaron mil personas. Fue una gran decepción, no lo puedo negar. Me sentí muy mal esa noche.

Asistieron tan pocas personas que no pudimos juntar el dinero que faltaba. No obstante, dije en mi corazón: “Dios sabe por qué hace las cosas”. Al siguiente día, estuvimos recorriendo los puntos de venta para recoger lo vendido y trajimos casi todas las entradas.

Ese fue mi primer evento, pero algo tenía en la mente: invertir lo mejor para que se glorificara nuestro Dios, y así fue…

Dar lo mejor

Hay un problema claro, del que me di cuenta en este tiempo, y quiero hablarte de corazón. Muchas veces nosotros los cristianos nos enfrentamos con proyectos muy hermosos, pero sin experiencia y sin recursos para llevarlos a cabo, pues todo lo que aprendimos, lo aprendimos en nuestras iglesias.

En nuestra congregación fue donde aprendimos a tocar algún instrumento, allí fue donde aprendimos a danzar y allí fue donde aprendimos a organizar eventos. Y bueno, muchas veces cuando estamos en la iglesia nos sentimos los mejores, y podemos ser los mejores, pero tenemos que despertar a una realidad: cuando emprendemos algún evento, los auspiciantes no quieren apoyarnos. Esto se debe a que casi siempre, lo hacemos a medias y por eso muchas veces no nos respetan.  He aquí algunos ejemplos:

Radio

No digo que esté mal predicar en la radio, pero es triste que hoy en día si vas a una radio y les dices que eres evangélico, ya no quieren atenderte. Tenemos una muy mala imagen frente a los directivos de que no somos profesionales, que nos comemos las “s” cuando hablamos y que, lamentablemente, no tenemos recursos. Eso es lo que muchos piensan de nosotros.

Televisión

Si miramos la televisión, con los dedos contados, podemos encontrar algún programa de nivel profesional. Algunos emprenden proyectos y en menos de tres meses dejan de hacer el programa, pues se levanta por falta de audiencia, por falta de profesionalidad o por falta de recursos.

Eventos

¿Quién se animaba en la iglesia evangélica a realizar eventos? Nadie.

Siempre la televisión o la radio invitaban a grandes artistas y te llenaban estadios o realizaban eventos profesionales, pero con otro fin. Sin embargo, en la iglesia, nosotros que poníamos dos altavoces por cada lado y algún micrófono, creíamos que éramos los mejores organizadores. Encima de eso nos quejábamos de que nadie apoyara nuestros eventos…

Creemos que lo sabemos todo, pero la verdad es que no sabemos nada. Lo triste del caso es que casi nunca encontramos cristianos en las mejores empresas de eventos ni en las mejores productoras de radio y televisión. Decimos que queremos impactar pero la verdad es que no impactamos nada.

Empecemos a salir del pozo en que vivimos. Si vamos a emprender un programa, que sea de lo mejor, que no tenga nada que envidiarles a los programas seculares. Que los auspiciantes se peleen por apoyarnos, y que el empresario pueda ver el resultado, el reembolso de lo que invirtió.

Además, póngase a estudiar. Sé que con Dios todo es posible, pero si queremos dominar los códigos que se manejan en la radio, hay que estudiar. Si vas a emprender un programa de televisión, piensa bien lo que vas a hacer. No te lances a la nada para pasar vergüenza. Si vas a hacer un evento donde esté metido el nombre de Dios en el medio, pon lo mejor.

Invierte en los sueños de Dios en tu vida. Invierte en los sueños que Él te ha dado. No dejemos el nombre de Cristo como algo sin relevancia, sino demostrémosle al mundo que los cristianos no tenemos nada que envidiarle a nadie.

Por Juan Cruz Cellammare
Tomado del libro: Vuelve a soñar
Editorial: Unilit

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