Prioridades productivas

Si tenemos una vida ordenada, podremos servir mejor

Por Kevin DeYoung

Una vez escuché a un conferencista contar la historia sobre una mujer, “Juana”, que había acudido a él por un consejo. Juana llegó a su primera reunión cuarenta y cinco minutos tarde, y parecía como que tenía muchas cosas en la cabeza. Luego de prometer que sería la última vez, a la segunda reunión llegó tan tarde como a la primera. Y a la tercera, y la cuarta… y así sucesivamente. Juana no quería llegar tarde, al igual que no quería sentir que su vida era un fracaso indisciplinado. Tenía toda la intención de llegar a tiempo e incluso planeaba cuidadosamente hacerlo. Pero siempre surgía algo. Dejo de orar porque alguien apareció, porque perdí tiempo al detenerme para hacer un mandado o accedí a hacer lo que alguien me pidió. Juana vivía una vida sin prioridades. Lo que sea que estuviese bien y se le pusiera en frente se transformaba rápidamente en su prioridad número uno. El conferencista llamó a esta mujer alguien maravilloso que tú nunca quisieras contratar.

Me tomó un tiempo ser consciente de esto, pero ahora lo soy. Y realmente lo creo: no puedo servir a otros efectivamente sin establecer prioridades. Si respondo a cada e-mail, asisto a toda reunión y tomo un café con cada persona que me pide “un minuto”, no tendré tiempo para preparar mi sermón adecuadamente. Podré ayudar a mucha gente esa semana, pero no podré servir fielmente a las muchas otras personas que asisten cada domingo a mi congregación. Si accedo a cada invitación que recibo de otras iglesias, no podré ver jugar a mis hijos al básquet.

Cuidar mi tiempo no se trata de un egoísmo que busca solo las cosas que me gustan hacer. Sino que se trata de servir a otros eficientemente en los modos en los que mejor estoy capacitado para servir y del modo en el que fui llamado a servir.

Esto significa, además de establecer prioridades, que debo establecer “posterioridades”. Esta es una palabra que uso para aquellas cosas que deben estar al final (posterior) de nuestra lista de deberes. Estas son las cosas que decidimos no hacer en aras a hacer las cosas que sí debemos hacer. Establecer metas no es suficiente. Debemos también establecer qué cosas y asuntos no debemos abordar bajo ningún punto de vista.

Muchos años atrás, mis ancianos crearon una regla que establecía que no podía trabajar más en el ministerio de consejería prematrimonial. No es que temían por mi propio matrimonio. No trataban de “protegerme” de lo que podía resultar de la interacción con las personas. De hecho todavía estoy muy involucrado en el día a día del ministerio pastoral. Ellos simplemente concluyeron que no era el mejor uso de mi tiempo. Con el objetivo de tener tiempo para mis prioridades, pusieron esta actividad como una “posterioridad” en mí.

Una de las razones por la que nunca “dominamos a la bestia”, es porque no tenemos la capacidad para hacerlo. Reorganizamos nuestros horarios y acortamos nuestros descansos, pero nada mejora porque seguimos sin tener tiempo para nada. Y esto es porque no establecimos lo que dejaríamos de hacer. Establecer prioridades es una expresión de amor hacia los demás y hacia Dios. Ser desorganizados con nuestro tiempo tiende a tornarse una gran debilidad, somos propensos a ser manipulados por gente dominante y a rendirnos antes las demandas de las emergencias. Así que a menos que el Señor nos llame a servir solo a los más alto, los más necesitados y a la gente más intimidante, necesitaremos establecer cuáles serán nuestras prioridades…

Por Kevin DeYoung
Tomado de ChristianityToday.com

 

 

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