Con el rumbo bien marcado

Caminar de acuerdo a lo que Dios puso en nosotros

Por Craig Groesche

La realidad es que no ponemos mucha atención a las pequeñas decisiones cotidianas: con quién hablamos, cómo pasamos nuestro tiempo libre, qué merece un duro trabajo, qué necesidades se deben dejar. Si esas pequeñas decisiones o “balas” de tu vida se apuntan momento a momento a los blancos indebidos, no nos preocupamos demasiado. Lo cierto es que quizá no estemos apuntando a nada, sino solo pasando el día.

Aun así, haz un alto y piensa. ¿Qué es tu vida? ¿Es toda una montaña de años, días y minutos ocupados con balas de momento a momento apuntadas… hacia alguna parte?

¿Qué sucede cuando un tiempo suficiente se ocupa con pequeñas decisiones mal dirigidas? Antes de darte cuenta, vino una vida y se va, y te quedas sorprendido al descubrir que erraste el blanco por completo.

¿Cómo guías esas pequeñas decisiones de tal modo que al final formen una vida que va con firmeza hacia el blanco? En cualquier caso, ¿cómo sabes lo que dirige tus decisiones cada momento, ya seas consciente de ellos o no?

Cuando Dios te creó, plantó en tu corazón ciertas cosas que valoras de manera profunda. Están integradas en tu corazón. Son los valores que, si tuvieras que seguir el sendero que Dios tiene para ti, se convertirían en las fuerzas impulsoras de tu vida. Son las cosas por las que estarías dispuesto a morir. Explican el modo en que adquieres tus prioridades personales. Llamemos a esas cosas valores centrales.

Algunos valores centrales comunes vienen a la mente: la necesidad de seguridad, amor por la aventura, lealtad al hogar y la familia, una pasión por la justicia y el juego limpio, placer en cuidar a otros.

Sean cuales sean, tus valores centrales son para ti como la perla para el comerciante en la historia de dos oraciones de Jesús: También se parece el reino de los cielos a un comerciante que andaba buscando perlas finas. Cuando encontró una de gran valor, fue y vendió todo lo que tenía y la compró” (Mateo 13: 45-46).

Ese hombre había pasado su vida como comerciante de perlas. Y había visto las más exquisitas. O al menos eso creía.

Un día se ocupaba de su negocio como de costumbre, cuando un buzo de perlas lo llamó aparte y le susurró:

—Tengo la perla más exquisita del mundo.

El comerciante sonrió y pensó: “Eso es lo que dicen todos”.

—Muy bien, hijo, veamos lo que tienes —le dijo al buzo.

Este miró alrededor, y entonces llevó al comerciante un poco más lejos, entre las sombras de un edificio cercano. Con lentitud, sacó un pequeño pañuelo. Abrió doblez tras dobles, hasta que brillando delante del comerciante, por supuesto ¡estaba la perla más exquisita del mundo!

Se quedó sin aliento. De repente, ninguna otra cosa que poseía tenía importancia comparada con esa brillante esfera blanca.

—No se la enseñes a nadie. Volveré en tres días, listo para pagar el precio que pidas.

El comerciante liquidó enseguida todas sus posesiones. Vendió su casa, sus muebles, sus ganados y el resto de sus perlas. Entonces, a un gran costo, regresó y tomó posesión de una sola perla.

Una sola. No obstante, valoraba esa perla por encima de todas lo demás. Y con su compra, obtuvo el mayor deseo de su corazón.

Cuando estés en contacto con los valores centrales que Dios te ha dado, así es como pensarás y vivirás. Tus valores acomodarán y dirigirán tus energías, tu tiempo, tus pensamientos. Si los pasas por alto, tarde o temprano serás desgraciado. Si los identificas y vas tras ellos, liberarás tu potencial y te prepararás para el cumplimiento y el éxito.

¿Qué es lo más importante en tu vida? ¿Dónde te niegas a doblegarte? Tu respuesta es un valor central. Es un deseo o prioridad que te impulsa, quizá diferente al de todas las demás personas que conoces, y que Dios ha puesto dentro de ti para ayudarte a saber hacia dónde apuntar tu vida.

¿Por qué lo hacen?

¿Alguna vez has observado cómo algunas personas hacen cosas que al resto de nosotros nos parecen muy poco comunes? No me refiero a cosas extrañas como agarrar serpientes. Quiero decir personas como las siguientes: el hombre de negocios que sirve desayunos a los pobres todos los sábados a las seis de la mañana y no es capaz de imaginar por qué todas las demás personas no hacen la misma cosa; la naturista aficionada (mamá durante el día) que puede hablarte durante horas y horas sobre las capacidades de adaptación de las salamandras con manchas amarillas; el ocupado adolescente que riega el césped de su vecina viuda cada semana y luego tiene tiempo para tomar el té con ella; el jubilado que recopila y escribe una historia en dos tomos de una población de cuarenta y dos habitantes.

¿Por qué lo hacen? ¿Cómo pueden esas maravillosas personas hacer con tal pasión y alegría algo que tú no podrías pagar a una persona “normal” para que lo hiciera? La respuesta es sencilla: ¡lo valoran!

Jerry y Annette son dos de esas personas. Un día este matrimonio visitó nuestra iglesia. Se enamoraron de lo que Dios hacía y se metieron de lleno en ello. Jerry tenía una exitosa carrera como gerente de distrito para una empresa muy importante. Su familia vivía un estilo de vida muy cómodo en una casa grande y bonita.

Cuando invité a Jerry a fin de que orara en cuanto a unirse a nuestro personal, apenas consideró cuál podría ser su salario. Su familia oró en cuanto a esto. Creían que Dios los llamaba al ministerio a tiempo completo. Y dijeron que sí.

Debido a que su salario como pastor era menor de una tercera parte de su salario en su antiguo empleo, esta familia de cinco miembros vendió su casa, y construimos otra de dos habitaciones, de noventa y tres metros cuadrados como su nuevo hogar.

¿Por qué lo hicieron? Porque uno de sus valores impulsores es servir a otros, capacitados por otro valor: el sacrificio. Con todo, entiende esto: ellos definen el sacrificio como “renunciar a algo que quieres por algo que quieres más aun”. Saben con exactitud para qué viven.

Esas cosas me parecen extrañas. ¿Qué es poco común en ti? ¿Qué es lo que valoras? Lo cual conduce a las preguntas prácticas. ¿Cómo descubres tus valores centrales?

Es posible que quieras comenzar por identificar algunos valores bíblicos que se aplican a todos. Honestidad, compasión, diligencia, paciencia, humildad; esas virtudes morales y muchas otras no son opcionales. Son el camino de Dios y conducen a lo mejor que Él tiene para cada persona.

Por Craig Groesche
Tomado del libro: Chazown
Unilit

Chazown

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