No pelee batallas innecesarias

Nuestra postura frente al ateísmo

En las conversación sobre la veracidad del Evangelio, muchos de nosotros solemos involucrarnos en pleitos sin salida.

Por Rice Brooks

Yo estaba en el tercer año de universidad cuando mi hermano mayor ateo, Ben, decidió intentar alejarme de la fe cristiana. Probablemente parecía un blanco fácil. No había sido cristiano durante mucho tiempo, y Ben estaba en el tercer año de la facultad de derecho. Él era el mejor de su clase, ya tenía una curso en abogacía y tenía tiempo moldeando su desdén por el cristianismo.

Acordamos encontrarnos un fin de semana en la casa de mis padres en Dallas. Ben se preparó como si fuera a tratar un caso jurídico, al estudiar La Biblia para obtener la artillería que necesitaba para apagar mi nueva fe. Le contó a uno de sus compañeros de clase: “Iré a casa a sacar a mi hermanito de esta cosa del nuevo nacimiento”. Apareció con sus preguntas preparadas y sus desafíos finamente calibrados, anticipando cualquier cosa que yo pudiera decir. Estaba confiado en que podría hacerme abandonar toda noción de la fe en Dios y creencia en Jesucristo.

Me gustaría decirle que tuve brillantes respuestas aprendidas para todo lo que dijo sobre el tema. Pero nunca tuve la oportunidad de responder. Mientras yo simplemente escuchaba y abordaba las dudas de Ben, la verdad de La Palabra de Dios comenzó a suavizar su corazón. Yo podía ver que él dudaba de sus dudas. Finalmente llegó un momento en que le dije: “Ben, no es lo que no sabes de Dios lo que evita que creas; es lo que sí sabes. Tú sabes que Él es real y que Él es santo”. El apóstol Pablo escribió que las personas “detienen con injusticia la verdad” (Romanos 1:18). ¿La razón? No les gustan las reglas de Dios. El problema con esto es que es como intentar sostener una pelota de playa debajo del agua: entre más sumergimos la verdad, esta resurge con más fuerza. Era exactamente lo que mi hermano intentaba: escapar de las punzadas de la consciencia que lo redarguían de su comportamiento.

Al final del día—en que él intentó disuadirme de mi fe—, bauticé a Ben en una alberca. Al poco tiempo de salir del agua, me dijo: “No creo que hayas respondido todas mis preguntas, pero creo que yo hice las preguntas equivocadas”.

Ese fin de semana hace treinta años fue el punto de inflexion para Ben y para mí. Él se convirtió en un creyente en Jesucristo mientras trataba de disuadirme de “esa cosa del nuevo nacimiento”. Y a partir de ese día, yo he dedicado mi vida a disuadir a la gente de “esa cosa del ateísmo”. Trabajo principalmente entre alumnos universitarios alrededor del mundo, y se me han unido miles más que han encontrado que esa fe en Dios es tanto espiritualmente revitalizadora como intelectualmente satisfactoria. Además hemos visto lo contrario: que el ateísmo no satisface ni el corazón ni la mente del hombre.

¿Cuántas pruebas son suficientes para convencerlo de que Dios es real? La mayor parte del tiempo, los ateos no han pensado acerca de lo que en realidad se necesitaría para que crean. Cuando le preguntaron a Dawkins durante un debate público, él dijo: “Es una pregunta muy difícil e interesante, porque, digo, yo solía pensar que si tal vez, ya sabe, el gran gigante de dos metros setenta de altura, Jesús, de pronto rugiera con la voz de Paul Robeson y me dijera: ‘Existo. Heme aquí’, pero aun así, a veces me pregunto si eso lo lograría . . . ”.

De hecho, si alguien más afirmara ver a un Jesús de dos metros setenta de altura, esta persona sería ridiculizada. La verdad es que, si su mente está decidida acerca de lo que no cree, entonces no hay evidencia que lo convenza. Ignorará incluso el más devastador testimonio contra su posición.

En repetidas ocasiones me han desafiado en las universidades: “Usted tendrá que comprobarme que Dios existe y que el cristianismo es verdad”. ¿Mi respuesta? “Si lo compruebo, ¿creerá en Él y seguirá a Cristo?”. Cuando dicen no, yo respondo: “Su problema no es una falta de información. Si todas sus preguntas están respondidas y continua sin creer, entonces su verdadero problema es espiritual, no intelectual”.

Por Rice Brooks
Tomado del libro:Dios no está muerto
Casa Creación

Dios No Esta Muerto

 

 

 

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