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Ser Atalayas para prevenir el suicidio

En un tiempo en el que América sufre un incremento en las tasas de muerte por suicidio, con un promedio regional que ronda los 9,6 suicidios por cada 100.000 habitantes. (Naciones Unidas), debemos ser Atalayas para nuestra generación

Una mirada lo cambia todo

Tenía 12 años cuando la pobreza me obligó a salir a la calle a vender golosinas arriba de los trenes. Fueron muchas las personas que me ayudaron a llevar un plato de comida a mi casa. Pero, en el medio, también recuerdo la opinión a la distancia de quienes creían que, en algún lugar escondidos, estarían mis papás, mandándome a vender y esperándome para que volviera con la plata para sus drogas.

Lo cierto es que no. Mis padres estaban hundidos en un pozo depresivo y, cuando no estaban en la cama, estaban internados por depresión o por intentos de suicidio.

Sin dudas, es más fácil imaginar, especular y responsabilizar a otros que involucrarse.

Ya a mis 14 años, la droga había llegado a mi vida y la estaba usando como un método de autodestrucción. Hubo una ocasión en la que estuve dos días consumiendo alcohol, hasta que terminé desplomado en la puerta de un tren. Habré hecho el recorrido dos o tres veces, de extremo a extremo, y, para lo único que la gente me miró, fue para no pisarme. Era poco más que una bolsa de basura.

“Tu ojo es como una lámpara que da luz a tu cuerpo. Cuando tu ojo está sano, todo tu cuerpo está lleno de luz;(Mateo 6:22) NTV 

Nuestra mirada es como un faro encendido que tiene el poder en Jesús para iluminar la oscuridad en la vida de una persona y disipar sus tinieblas. 

Fue en ese mismo tren donde fui perdiendo la mirada del otro y me fui llevando a ver mi propia vida como un objeto sin valor. Ese mismo tren que fue testigo de todo casi lleva mi vida a ser parte de una estadística que crece. Solo Jesús tuvo el poder de detener a la muerte que avanzaba incansablemente contra mi vida.

No son números, son personas: con nombre, apellido, padecimientos, trayectorias y biografías. Personas a quienes el dolor les provocó la muerte y les arrebató la vida.

Jesús está buscando personas que estén dispuestas a hacer lo que haya que hacer para devolverles la mirada a quienes fueron olvidados. El Ministerio de Seguridad de la Nación indicó en su último informe publicado, que hubo 5.209 personas que se quitaron la vida durante 2025.

Esto representa un 22,6 % más que en 2024, cuando se habían registrado 4.249 suicidios.

Los datos muestran una tendencia ascendente en el período analizado. En 2023 hubo 4.205 suicidios; luego, 4.249 en 2024 y ahora ya superamos los 5.209 suicidios en 2025.

La tasa nacional, según este informe, alcanzó los 11,8 suicidios cada 100.000 habitantes.

Vivimos en un mundo en el que muchos eligieron no ver, fieles al dicho popular: “Ojos que no ven, corazón que no siente”.

El problema fue justamente ese: no ver. Pretender resguardar un solo corazón mientras dejábamos morir a muchos otros que todavía sentían.

Por la falta de mirada, por aquellos que decidieron seguir de largo, hoy existen corazones que ya no sienten. Porque hubo un día en el que alguien dejó de mirarlos.

A su vez, hay miradas que lastiman, que con sus ojos golpean al corazón; otras que asustan, que expulsan y juzgan con sus faroles llenos de fuego. Hay miradas que odian, que discriminan y condenan sin antes preguntar.

Hoy son muchos los que han sido olvidados:

Enfermos en los hospitales. Presos en sus condenas. Extranjeros marginados por su nacionalidad. Abuelos ignorados en su vejez. Infancias detrás de las pantallas. Adolescentes buscando aprobación y jóvenes luchando con sus frustraciones.

Se puede vivir fingiendo no ver. Mirando para otro lado. Haciendo de cuenta que nada pasa. Podemos negar la realidad, evadir las consecuencias o simplemente ignorar aquello que sucede a nuestro alrededor.

Pero la pregunta es: ¿hasta cuándo?

¿Cuánto tiempo pasará hasta que aquello que un día decidimos ignorar golpee la puerta de nuestro corazón y nos enfrente con la cruda realidad?

Es hora de despertar, de activar la mirada, volver a calibrarla y recuperar el valor de la vida. Ese amor que te sana, que te anima, que te incluye, que te perdona y que te acepta.

Despertar una mirada activa, sensible y empática frente a nuestra realidad y a la de quienes nos rodean. Abandonar ese sentimiento egoísta de querer salvarnos solos y comenzar a involucrarnos con aquello que sucede dentro y fuera de nuestras comunidades.

Mirar como alguna vez fuimos mirados o, al menos, como nos hubiera gustado que nos miraran. Mirar con respeto, empatía y amor a quienes están a nuestro alrededor, procurando que nuestra mirada llegue a su corazón de la manera correcta.

Llegará el día en que seremos conocidos, no por las multitudes, sino por el Autor de la vida: Aquel que un día nos miró con ojos de amor y decidió darnos la posibilidad de vivir.

El que vio que todo se perdía y no se aferró a lo que tenía. Sino que, movido a misericordia, decidió entregar lo más valioso que tenía para salvarnos.

34 »Entonces el Rey dirá a los que estén a su derecha: “Vengan, ustedes, que son benditos de mi Padre, hereden el reino preparado para ustedes desde la creación del mundo. 35 Pues tuve hambre, y me alimentaron. Tuve sed, y me dieron de beber. Fui extranjero, y me invitaron a su hogar. 36 Estuve desnudo, y me dieron ropa. Estuve enfermo, y me cuidaron. Estuve en prisión, y me visitaron”.

37 »Entonces esas personas justas responderán: “Señor, ¿en qué momento te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos algo de beber, o 38 te vimos como extranjero y te brindamos hospitalidad, o te vimos desnudo y te dimos ropa, 39 o te vimos enfermo o en prisión, y te visitamos?”.

40 »Y el Rey dirá: “Les digo la verdad, cuando hicieron alguna de estas cosas al más insignificante de estos, mis hermanos, ¡me lo hicieron a mí!”.

Mateo 25:34-40

No vamos a tener todas las respuestas. Mucho menos, todas las soluciones. Pero un Atalaya nunca deja de entrenarse, de aprender, de involucrarse y de estar atento para hacer aquello que se nos encomendó.

Porque un Atalaya entiende que mirar no es simplemente observar: es reconocer, acercarse, involucrarse y proteger. Pero, sobre todas las cosas, un Atalaya nunca deja de amar.

A través de esta nota queremos invitarte a un encuentro de Atalayas en el 4.º Congreso Rompiendo el Silencio el Sábado 12 de septiembre de 9:00 a 18:00 hs. que nos reunirá para agudizar la mirada de cara a la prevención del suicidio, las adicciones y la violencia.

Todo sobre El congreso Atalayas

Será una jornada inolvidable que contará con más de 30 expositores especializados en prevención. Con la participación de más de 5 números artísticos, 12 talleres en simultáneo, foro de debate, ponencias centrales y cápsulas comunicacionales para levantar la voz y romper el silencio.

Ya no más tabúes, ya no más mitos, porque la verdad nos hará libres.

Matías Kornetz
Matías Kornetz
Técnico en Drogadependencia, Diplomado en Prevención integral de los consumos problemáticos. Diplomado en Liderazgo generacional y Coaching. Diplomado en Primera infancia y familia. Escritor, conductor, docente, conferencista y especialista en prevención. Director y fundador de la organización Prevenir es Amar.

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