Dieciocho jugadores del equipo de fútbol americano de Carson-Newman University, una universidad cristiana ubicada en Tennessee, Estados Unidos, fueron bautizados públicamente el pasado 19 de agosto en las aguas de Mossy Creek, el histórico arroyo que atraviesa el campus universitario.
La propia institución confirmó que los jóvenes atletas decidieron dar este paso como una profesión pública de su fe en Jesucristo, en una ceremonia que reunió a compañeros de equipo, estudiantes, profesores, trabajadores y autoridades de la universidad a las orillas del arroyo.
Entre quienes ingresaron al agua estuvo Kris Mandy, estudiante de primer año procedente de Louisville, Kentucky. La ceremonia de bautismo fue dirigida por Marty Blakely, representante de Fellowship of Christian Athletes (FCA), junto al pastor Drew Eudy, de Mossy Creek Fellowship.
“Esta es la mayor victoria que tendremos en todo el año”
Para el entrenador de los Eagles, Tyler Almond, quien atraviesa su primer año al frente del equipo, lo ocurrido tuvo un significado mucho mayor que cualquier resultado deportivo.
“Esta es la mayor victoria que tendremos en todo el año”, expresó Almond ante sus jugadores.
Luego resumió el valor que atribuye a la decisión de los jóvenes con una frase contundente: “Es una victoria eterna”.
Sin embargo, el entrenador también recordó que el bautismo no representa el final del camino espiritual, sino el comienzo de una nueva etapa.
Almond expresó su deseo de que los jugadores continúen caminando con Cristo y confiando en Jesús a lo largo de sus vidas. El bautismo fue una declaración pública de fe, pero el desafío continúa después de salir del agua: vivir cada día de acuerdo con aquello que decidieron confesar delante de otros.
Una universidad cristiana centrada en Jesucristo
Carson-Newman University no es una institución secular que simplemente permitió la realización de una ceremonia religiosa dentro de su campus.
La universidad se define oficialmente como una institución cristiana vinculada a la Tennessee Baptist Convention y declara que su identidad está fundamentada en el señorío de Jesucristo y en las enseñanzas de las Escrituras.
Además, la institución sostiene que su misión incluye brindar una educación centrada en Cristo y formar líderes dispuestos a servir.
En este contexto, los bautismos de los jugadores de fútbol americano forman parte de una historia que lleva varios años desarrollándose dentro de la universidad.
Una tradición de bautismos entre los jugadores
Lo ocurrido el pasado 19 de agosto tampoco fue un hecho aislado.
En agosto de 2025, otros 18 jugadores del mismo equipo de fútbol americano fueron bautizados en Mossy Creek. En aquella oportunidad, el entonces entrenador Ashley Ingram expresó que, además de ver a los jóvenes completar su formación académica y deportiva, deseaba ayudar a formar “hombres jóvenes de fe cristiana”.
La universidad también señaló en aquel momento que los bautismos de estudiantes-atletas venían realizándose desde hacía más de una década.
Un año antes, en agosto de 2024, la jornada había sido aún más numerosa: 31 integrantes del equipo de fútbol americano fueron bautizados en el mismo arroyo, en lo que la institución describió como el grupo más grande desde el inicio de esta tradición.
Tras aquella ceremonia, Ingram afirmó que, aunque el equipo podía ganar partidos y campeonatos, estas decisiones espirituales representaban una conquista mucho más importante.
Más de 50 jugadores bautizados en cuatro años
La historia se remonta incluso más atrás.
En 2021, Carson-Newman University informó que Marty Blakely y otro colaborador habían participado en el bautismo de más de 50 jugadores durante un período de cuatro años.
Blakely, quien también fue jugador de la universidad durante la década de 1980, explicó entonces que compartir el Evangelio de Jesucristo con los atletas ya formaba parte de la identidad del programa deportivo cuando él formaba parte del equipo.
En un ambiente donde el deporte suele estar marcado por estadísticas, contratos, campeonatos, victorias y derrotas, estos 18 jóvenes decidieron hacer pública una declaración que apunta mucho más allá de lo que ocurre dentro de un campo de juego.
El bautismo puede durar apenas unos minutos, pero caminar con Jesús es una decisión que atraviesa toda la vida.
La verdadera prueba para estos jóvenes comienza después de la ceremonia, cuando ya no hay compañeros observando, cámaras registrando ni aplausos alrededor. Allí, en la vida cotidiana, cada uno tendrá la oportunidad de vivir aquello que decidió confesar públicamente.
Como enseña Romanos 6:4, quienes han sido sepultados con Cristo mediante el bautismo son llamados a vivir de una manera diferente, para que, así como Jesús resucitó, también ellos puedan “andar en vida nueva”.





