Vivimos rodeados de palabras. Hablamos, escribimos mensajes, hacemos promesas y opinamos sobre casi todo. Sin embargo, surge una pregunta incómoda: ¿lo que decimos refleja realmente lo que hay en nuestro corazón?
En el capítulo “Nuestras palabras” de El Camino Angosto, Rich Villodas ilustra esto con una escena cotidiana: un hombre en la oficina recibe un mensaje de su esposa preguntándole si ya salió. Para no admitir su retraso, responde que salió hace veinte minutos mientras recoge sus cosas. No parece un delito grave, pero ahí radica el problema: la deshonestidad no siempre se manifiesta en grandes escándalos; suele comenzar en pequeñas justificaciones cotidianas.
Como resume Villodas: “En un mundo que está sumergido en mentiras, decir la verdad es un acto revolucionario”.
Cuando nuestro “sí” realmente significa sí
En el Sermón del Monte, Jesús aborda este asunto con contundencia:
“Cuando ustedes digan ‘sí’, que sea realmente sí; y cuando digan ‘no’, que sea no. Cualquier otra cosa que digan más allá de esto proviene del maligno.”
Jesús no busca eliminar ciertas muletillas de nuestro vocabulario, sino llamar a la integridad. En su época, los juramentos se usaban como «vacíos legales» para aparentar compromiso sin asumirlo plenamente. Hoy hacemos algo similar cuando añadimos expresiones como “te lo juro” o “quedate tranquilo” para compensar la falta de credibilidad. Las fórmulas verbales no pueden sustituir a un carácter confiable.
El miedo a decepcionar y el ritmo de vida
¿Por qué nos cuesta tanto decir la verdad? Villodas señala que, a menudo, mentimos por el miedo a decepcionar. Anhelamos aprobación, evitamos el conflicto y tememos mostrar quiénes somos realmente.
El autor cita el caso de Jerry, un hombre tan involucrado en el servicio de su iglesia que su salud y su matrimonio colapsaron. Su cuerpo pedía un «no», pero su boca decía «sí» por temor a perder los elogios. Cuando la identidad depende de la aprobación ajena, las palabras se convierten en herramientas de manipulación.
Por otro lado, el ritmo acelerado atenúa nuestra veracidad. Vivimos tan apresurados que respondemos de forma automática. Villodas propone desacelerar y evaluar los compromisos antes de aceptarlos: “Crear un margen para aclarar nuestro interior es necesario para la honestidad”. Decir “no” a tiempo es también una forma de recuperar la verdad.
Máscaras culturales y la verdad en el amor
La cultura actual premia la superficialidad. La pregunta cotidiana “¿Cómo estás?” suele recibir la respuesta estándar “¡Bendecido!”, incluso cuando por dentro atravesamos depresión o ansiedad. Cuando una comunidad exige aparentar que todo está bien, obliga a sus miembros a esconder su dolor. Las comunidades que alimentan la deshonestidad no pueden sostenerse.
Ahora bien, hablar con la verdad no es una licencia para la crueldad. Citando a Dietrich Bonhoeffer, Villodas recuerda: “La verdad es la claridad del amor o no es nada”. La verdad sin amor es violencia; el amor sin verdad es una mentira piadosa. La meta es la congruencia: que lo externo refleje con transparencia el interior.
El Dios cuyo “sí” siempre es sí
El peligro más grave de la mentira recurrente es el autoengaño: distorsionar la realidad hasta terminar creyendo nuestras propias falsedades. Frente a nuestra inconstancia, el texto nos redirige hacia el carácter de Dios. En Él no hay indecisión; sus promesas son firmes y su compromiso en Cristo es irrevocable.
El objetivo del camino angosto no es lograr una perfección rígida, sino permitir que Cristo transforme el corazón desde donde brotan las palabras. Al final, lo que decimos revela quién gobierna nuestra vida. Que nuestro sí sea sí y nuestro no sea no: sin máscaras, con amor y sostenidos por la gracia.

Título: El Camino Angosto
Autor: Rich Villodas
Año: 2025
Páginas: 231





