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¡NECESITO UN CAMBIO!

“No vivan ya según los criterios del tiempo presente; al contrario, cambien su manera de pensar para que así cambie su manera de vivir y lleguen a conocer la voluntad de Dios, es decir, lo que es bueno, lo que le es grato, lo que es perfecto”. Romanos 12:2 (DHH)

Cada vez que tengo la oportunidad de preguntar en algún encuentro, taller o conferencia “¿Quién necesita un cambio?” prácticamente todas las manos se levantan.

A las mujeres en general nos gusta cambiar en algunos aspectos puntuales. Decime si no te gusta cambiar de ropa cada temporada, o de look de vez en cuando. Las que tenemos el cabello enrulado nos lo planchamos, las que lo tenemos lacio nos hacemos la permanente. Las castañas nos teñimos de rubias, las rubias de castañas… Son superficiales, pero son cambios en fin.

Pero tal vez lo que nos cuesta más es el cambio interno, el cambiar de paradigmas, el desestructurarnos, el romper creencias limitantes o superar patrones de pensamiento que nos estancan. Cambiar en el sentido de salir de lo conocido, de animarnos a lo nuevo, de arriesgarnos y movernos de nuestra zona de confort es una de las tareas con las que es preciso amigarnos y enfocarnos si queremos avanzar y crecer en nuestro desarrollo personal e integral, guiadas por el Espíritu Santo.

¿Y a vos qué te pasa frente al cambio?

¿Sabías que en general, nuestra actitud frente a los cambios tiene una conexión especial con el desarrollo de nuestra autoestima? Porque de acuerdo a cómo pensamos, sentimos y actuamos, y de lo que pensamos real y profundamente acerca de Dios y de nosotras mismas, se desprenden luego muchas de nuestras acciones. Por eso: mismos pensamientos, mismas acciones, misma rutina, mismos resultados.

¿Por qué Dios en su Palabra nos propone cambiar? Para que lleguemos a conocer Su voluntad. Si no cambiamos nuestra manera de pensar y nos quedamos ancladas en una mentalidad de limitación, de carencias, estancadas en situaciones dolorosas o conflictos del pasado, si alimentamos el pensamiento de que valemos poco, que no podemos, o si seguimos creyendo lo que nos parece a nosotras y no lo que Dios dice, difícilmente experimentemos la plenitud, la expansión y el avance que implica la vida de fe, más allá de las circunstancias.

Pero si permitimos que Cristo se revele de una manera nueva en nuestra vida tendremos los recursos integrales necesarios para implementar los cambios que nos permitan avanzar.

Si no estamos dispuestas y disponibles para cambiar y ampliar nuestra manera de pensar, el Espíritu Santo no podrá obrar como quiere hacerlo en nuestra vida, ni guiarnos a la voluntad de Dios que es buena, agradable y perfecta. Por eso, el texto de Romanos que leímos enfatiza: “cambien su manera de pensar para que cambie su manera de vivir”. Todo cambio comienza en nuestros pensamientos. Y para avanzar, hay que cambiar, para crecer hay que cambiar, para vivir en avivamiento, superar limitaciones, desatar nuestro potencial, acrecentar nuestra fe y transitar nuevos desafíos ¡es necesario cambiar!

Para tener resultados distintos, necesitamos cambiar. ¿Sabés? Aunque no quieras cambiar, existen muchas situaciones en la vida donde será necesario hacerlo, y de alguna u otra manera te verás obligada al cambio.

La resistencia al cambio, la falta de flexibilidad y el cerrarse a lo nuevo, en general se traduce en estancamiento, frustración, enojo, una sensación de sequía emocional y espiritual e incapacidad para encontrar recursos que nos permitan enfrentar esos desafíos. Por eso, muchas veces es en los tiempos de crisis donde hay que animarse y arriesgarse a llevar adelante los cambios necesarios de una manera positiva, en fe y sabiendo que Dios nunca nos suelta, buscando su dirección y decidiendo acorde a su Palabra.

Necesitamos confrontar nuestro sistema de creencias y de valores con la verdad de Dios. ¡Cuántas veces te diste cuenta que tenés “el chip incorporado”! Que por ahí lo que decís y pensás nunca lo elaboraste realmente, sino que viene por tradición familiar o religiosa, y aún no lo confrontaste con lo que Dios dice y piensa al respecto.

«La verdad de Dios tiene que pasar a ser mi sistema de pensamientos y de creencias para poder accionar y vivir de acuerdo a ella.»

Nadie puede cambiar por mí, pero Dios puede cambiarme a mí.

Su Espíritu Santo comienza a accionar —si encuentra lugar y disposición en mi corazón— y el cambio se gesta de adentro hacia afuera.

Si yo cambio, todo cambia, incluso cuando las circunstancias no cambien, al cambiar mi perspectiva, se abren nuevas posibilidades: veo lo que antes no veía, estoy abierta a lo que antes estaba cerrada.

El cambio que estás necesitando ya sea respecto a tu autoestima, a cómo te ves y definís a vos misma, a cómo enfrentás la vida, a cómo te movés en cada área, a tu familia, a tu trabajo, al ministerio, a tus estudios ¡a lo que sea! comienza siempre por tus pensamientos. Sigue por una decisión y luego por una acción concreta. Estas se conjugan. Cambiar la forma de pensar lleva indefectiblemente a cambiar las acciones.

Hay un tiempo para cada cosa en la vida y “todo tiene su momento oportuno”, escribió el rey Salomón. También hay tiempos de cambio, donde es necesario abrirse y animarse a lo nuevo que Dios tiene preparado, tiempos donde más que nunca necesitamos ejercitar nuestra fe y poner en acción la determinación para llevar adelante esos cambios, aún cuando todo se levante en contra.

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Ficha

  • Título: Mujeres inteligentes espirialmente
  • Autora: Mayra Djimondian
  • Año: 2021
  • Páginas: 256

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Ficha

  • Título: Mujeres inteligentes espirialmente
  • Autora: Mayra Djimondian
  • Año: 2021
  • Páginas: 256
Mayra Djimondian
Mayra Djimondian
Licenciada en Orientación Familiar, Coach Ontológico y escritora. Mediante sus libros, conferencias y talleres, capacita, potencia y activa a mujeres y familias desde un abordaje integral para desarrollar ser su mejor versión y vivir en plenitud. Es mamá de tres hijos y, junto a su esposo, pastorea la iglesia Tierra de Avivamiento, CABA.

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