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La complejidad de este siglo puede impedirte ver el regreso de Cristo

¿Vivimos en un mundo más simple o más complejo?

Si observamos ciertas acciones de la vida cotidiana, podríamos decir que, definitivamente, muchas cosas se realizan de una manera mucho más sencilla que hace un par de décadas. Desde hace aproximadamente 20 años, las empresas adoptaron la filosofía de la simplicidad como modelo para escalar sus negocios y hacer posible que operaciones de compra, pagos y conectividad, entre otras, puedan ser ejecutadas por cualquier persona en cuestión de segundos.

Sin embargo, lo que nosotros percibimos como simple es solamente la punta del iceberg de un gigantesco andamiaje diseñado con una infinidad de engranajes tecnológicos, logísticos, financieros y energéticos que mueven la maquinaria de un sistema interconectado a nivel global, convirtiéndolo en algo sumamente complejo.

Y aunque todo este esfuerzo fue orientado a simplificar la vida, lo cierto es que cada vez más personas viven abrumadas, confundidas y paralizadas, sin poder resolver los asuntos más prioritarios de su existencia.

Del mundo VICA al mundo BANI

En realidad, nos encontramos frente a un escenario cada vez más complejo. Miremos por donde lo miremos, en lo social, económico, político y espiritual, el ser humano se ve envuelto en una densa niebla de preocupaciones, incertidumbres y temores. Esto ocurre en todos los niveles: tanto en las grandes esferas de los gobiernos y las empresas como en las luchas diarias de cada hogar, donde se acumulan problemas de diversa índole que resultan difíciles de manejar y superar.

Para describir y resumir mejor el contexto mundial, los expertos acuñaron y difundieron una sigla que exponía esta situación tan particular: VICA. Este acrónimo significaba Volátil, Incierto, Complejo y Ambiguo.

Y hablo en tiempo pasado porque la cosmovisión del mundo sigue mutando y redefiniéndose con el vertiginoso avance de la inteligencia artificial, la transformación de los mercados, las decisiones geopolíticas y los cambios en los comportamientos sociales.

Debido a esta aceleración de los tiempos, ya no se habla únicamente de un mundo VICA. Ahora estamos viviendo en un mundo BANI (por sus siglas en inglés): Frágil, Ansioso, No Lineal e Incomprensible.

La volatilidad se transforma en fragilidad: todo es susceptible de una ruptura abrupta y estrepitosa de la noche a la mañana. Los sistemas pueden fallar repentinamente y provocar un efecto dominó a nivel mundial.

Esto trae como consecuencia una creciente ansiedad, representada por la segunda letra de esta nueva sigla. Impotencia, temor, parálisis y desesperación son algunos de los sentimientos más presentes en la sociedad, alimentados constantemente por los medios de comunicación y las redes sociales.

Además de la fragilidad y la ansiedad, otra característica del escenario actual es el desarrollo no lineal de los acontecimientos. Será cada vez más difícil establecer una relación de causa y efecto entre los distintos eventos y, por lo tanto, resolver los problemas sin conocer con claridad qué los está originando.

Por último, el mundo se está volviendo incomprensible para la mente humana. Cada vez resulta más difícil distinguir los hechos de la ficción, la verdad de la mentira y lo real de lo inventado. Esta confusión y la falta de certezas generan una creciente desconfianza hacia toda la información que circula.

Las señales del fin de los tiempos y la segunda venida de Cristo

Toda esta complejidad, sumada a la saturación de información y contenidos en las redes sociales, está causando un mal mucho mayor que pocos pueden identificar.

Es tanta la bruma de complejidad, confusión y desconfianza que muchas personas no están observando que el cumplimiento de las profecías bíblicas está ocurriendo delante de sus propios ojos.

Dios está hablando y la gente no está escuchando. Dios está mostrando y la gente no está viendo. La bruma de la complejidad y la saturación de información está cegando el entendimiento de las cosas espirituales.

Dios ha fijado un día para el regreso de Cristo a la Tierra. Ese será el acontecimiento más imponente de todos los tiempos.

«He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él.» (Apocalipsis 1:7).

La segunda venida de Cristo está cerca. Está viniendo, está llegando, y las señales del presente siglo lo están anunciando.

Cuando transitamos por una ruta, a medida que nos acercamos a un destino, las señales se incrementan indicando su proximidad. De la misma manera, lo que estamos presenciando en el mundo es un aumento de las señales proféticas que anuncian el inminente regreso de Jesús a la Tierra.

Cuando eso suceda, el período de gracia se cerrará, tal como ocurrió cuando Dios cerró la puerta del arca que mandó construir a Noé antes del juicio y la destrucción.

El día que Cristo regrese ya no habrá tiempo para el arrepentimiento; solo quedará la lamentación.

«Vivo yo —declara el Señor Dios— que no me complazco en la muerte del impío, sino en que el impío se aparte de su camino y viva.»

Saber observar, meditar y, en consecuencia, actuar a tiempo es una muestra de sabiduría.

Dios está llamando a toda la humanidad al arrepentimiento. Las señales que observamos y observaremos en los próximos meses no son el juicio de Dios; son la manifestación física de profecías anunciadas hace miles de años que revelan que la segunda venida de Cristo se acerca.

«Y los reyes de la tierra, y los grandes, los ricos, los capitanes, los poderosos, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes; y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero; porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?» (Apocalipsis 6:15-17).

Hay un día preparado por Dios para juzgar a toda la humanidad, y ese día está cada vez más cerca. Nadie sabe el momento exacto, pero sucederá.

Hoy es el momento de arrepentirse y aceptar a Jesús como el único Salvador personal. Quien cree en Cristo con su corazón y confiesa con su boca que Él murió y resucitó para salvarlo será perdonado y disfrutará de la vida eterna.

La expresión «la ira del Cordero» es una combinación llamativa y, al mismo tiempo, profundamente acertada. Mientras dure el período de gracia, podemos recibir a Cristo como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, confesar nuestros pecados, apartarnos del mal y vivir una vida en santidad, esperando Su regreso.

Pero, una vez que ese día llegue, ya no habrá más tiempo para el arrepentimiento, sino una horrenda expectación de juicio para quienes rechazaron el amor y el sacrificio de Jesús en la cruz.

No permitas que la bruma y la complejidad de este siglo te impidan ver la luz de esta verdad. Es lo más importante y valioso que escucharás en toda tu vida. Créela, acéptala y recíbela, y encontrarás paz, redención y vida eterna.

Víctor Doroschuk
Víctor Doroschuk
Pastor y fundador de Ministerio Vida y Paz (San Rafael, Mendoza)

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