¿Es posible acercarse al corazón del Maestro sin acercarse a la misión del Maestro? ¿Es posible desear conocer todo lo que una persona es y, sin embargo, ignorar los anhelos más profundos de su corazón? Si decimos que sí es posible, entonces, querido amigo, nuestro deseo de acercarnos al Maestro es simplemente egoísta y condicional.
Si tuviera la increíble oportunidad de sentarme durante quince minutos con el Presidente del Gobierno, estoy segura de que trataría de aprovechar ese tiempo al máximo. Él sabría perfectamente cuáles son mis prioridades más importantes. Si mi prioridad número uno fuese la familia, no malgastaría mi tiempo hablando de impuestos o de seguridad nacional. Como sé que es un hombre de autoridad, me aseguraría de que entendiera bien qué es importante para mí.
Nuestras prioridades revelan lo que hay en nuestro corazón
También es fácil saber lo que es importante para nosotros en función de lo que presentamos ante Jesús, el Rey de reyes y el Señor de señores. Sé que la analogía no es perfecta, ya que podemos pasar un tiempo ilimitado presentando nuestras necesidades ante Dios, pero también sé que la mayoría de las personas, si miran honestamente sus listas de oración, podrán ver sin dificultad lo que es verdaderamente importante para ellas.
Déjame preguntarte lo siguiente: ¿cuáles son las tres cosas por las que más has orado durante los últimos meses? Para muchos, es la familia. Para otros, son las finanzas o alguna situación relacionada con el trabajo. Otras oraciones típicas incluyen la sanidad física, ya sea para nosotros mismos o para algún ser querido; la dirección en la vida; y la gracia de Dios en las situaciones que estamos atravesando.
Teniendo en cuenta tu lista, ¿qué es importante para ti? Vuelve a pensar en ello por unos minutos. Y ahora, manteniendo tu lista en mente, ¿de qué manera se alinean tus prioridades con la misión de Jesús?
La misión de Jesús: buscar y salvar lo que se había perdido
La misión de Jesús se encuentra en Lucas 19:10: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido”.
En esta declaración, Jesús resume por qué vino a la Tierra como hombre, cuál fue su misión mientras estuvo aquí y cuál es su más alta prioridad para aquellos que le siguen hoy en día. En resumen, el propósito de la vida y del ministerio de Jesús en la Tierra fue atraer a las personas para que tuvieran amistad con Dios. Esto queda reflejado en el Nuevo Testamento, en Lucas 4:18:
“El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos”.
Seguir a Cristo implica abrazar su misión
Dicho de otra manera, por definición, ser cristiano significa seguir a Jesucristo. De esto se deduce que, para ser discípulos de Cristo, debemos adoptar su principio básico, que es “buscar y salvar lo que se había perdido”. La prioridad número uno en la lista de Dios es salvar a las personas. Esto se hace claramente evidente en la cruz.
¿Por qué murió Jesús en la cruz? No es necesario tener un conocimiento amplio del cristianismo ni estudiar a fondo el Nuevo Testamento para saber que la cruz tuvo que ver completamente con la salvación de las personas. Fue el medio por el cual se construyó un puente entre Dios y el hombre, para que las personas pudieran recibir el perdón de sus pecados.
¿Es la misión de Jesús nuestra prioridad?
Déjame preguntarte: ¿es la misión de Jesús tu prioridad más importante? Si alguien te preguntara: “¿Cuál es el enfoque de tu vida?”, ¿acaso sería tu principio básico el mismo que el de Cristo?
En Mateo 10:38, Jesús dijo: “Y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí”. ¿Estás dispuesto a hacer lo mismo? ¿Estás dispuesto a seguir los pasos de Jesús, a entregar tu vida por su causa? ¿Estás dispuesto a dedicar tu vida, tus energías y tus recursos a la causa de ganar personas para Él? Jesús tenía un propósito esencial para su ministerio en la Tierra: reconciliar a los hombres con Dios. Y hoy en día, aunque está físicamente ausente, Él nos ha dejado a nosotros esa tarea.
Mi esperanza y mi oración es que podamos decir que el principio esencial que gobierna nuestras vidas es el mismo que el de nuestro Señor Jesús: “Buscar y salvar lo que se había perdido”.
Oro para que, desde ahora en adelante, alcanzar a las personas con el mensaje de Dios sea tu más alta prioridad, hasta el final de tus días en la Tierra.





